Emulando al maestro Antonio Burgos en su Recuadro, al que estoy dispuesto a pagar royalties en forma de convidá gorda, hoy quiero traer aquí algunos recuerdos desordenados del Cádiz de los años 50, 60 y 70.
Rafael Zaragoza Pelayo
Hasta pronto, Santander
El verano se acaba y mi enésimo reencuentro con La Montaña va quedando atrás. Todo se ultima y la nostalgia agudiza los sentimientos. De nuevo, la llamada del ancestro (y de su clima) me ha llevado por los hayedos, robledales, prados, ríos y casucas norteñas.
El inglés en España
Decía Edurne Uriarte que una de los handicaps de la candidatura madrileña a los Juegos Olímpicos había sido el inglés que había “exhibido” la Delegación española. Aquello recordaba la pertinaz cerrazón idiomática de siempre.
Tabernas gaditanas con solera
Hay que empezar hablando de La Manzanilla, la decana de las tabernas de Cádiz. Atendida de siempre exquisitamente por un tabernero de postín, don Miguel, y hoy por su hijo, La Manzanilla guarda en sus añejas botas de roble los mejores vinos de origen sanluqueño.
Aquellas tabernas de Cádiz
Si una taberna, según el diccionario, es un establecimiento público popular donde se sirven bebidas y comidas, una taberna con solera es la que posee un carácter y/o una historia que le hace formar parte de la cultura y la vida de una ciudad.
Descubrir Huelva
La vida me ha llevado a recorrer la provincia de Huelva. Yo ya conocía bien su maravillosa Sierra, en especial Aracena. Pero ahora me ha tocado empaparme de su costa. A diferencia del sevillano, que siempre tuvo como propias las playas onubenses (sobre todo las extraordinarias Mazagón y Matalascañas) sé de pocos gaditanos que conozcan aquello.
Mi amigo y la acupuntura
Tengo un amigo muy querido que ha ido a la acupuntura. No lo reconozco. ¡Él era tan contrario a eso! Es verdad que por los 60 llevaba el pelo largo, fumaba marihuana, escuchaba a Cream, y se introdujo en el zen. Y que en los 70 fue un izquierdista clandestino de los de ficha policial.
(2013) Los intelectuales y la guerra civil
A pesar de la imagen que la guerra civil nos ha dejado de una intelectualidad dividida en dos bandos, la realidad es que hasta bien entrada la República los intelectuales españoles de diversas ideologías mantuvieron unas relaciones normales entre conciudadanos: piénsese por ejemplo en la amistad entre el comunista Bergamín y el falangista Sánchez Mazas, tan chocante a los ojos de hoy.