(2026) La visión de Indalecio Prieto en la prensa de izquierda española (1976-2018). Rafael Zaragoza

Introducción.-

Indalecio Prieto nació en Oviedo aunque se crió en Bilbao. Fue uno de los pocos líderes de izquierdas que procedía de las capas medias-bajas de la sociedad y que llegó a ser una figura política y sindical gracias a su esfuerzo e inteligencia. En 1931 contaba con 48 años. La corriente histórica progresista lo ha tratado muy bien pues le ha dado una imagen “de hombre de espíritu sentimental, abierto y noble, a veces incontrolable y dado a la intriga, pero esencialmente moderado, un político hábil, experto y muy patriota… Es una imagen que también han compartido políticos derechistas, como Alcalá Zamora, Maura, y los mismos Gil Robles o José Antonio[1].

En ese sentido dice Payne[2] que todas las biografías existentes de Prieto son laudatorias, pues aparece presentado como un personaje moderado. La realidad es que las políticas de Prieto fueron tan ciclotímicas como su personalidad. Es verdad que Prieto fue siempre en general partidario de la conjunción con los republicanos de izquierdas, frente a la postura de Largo Caballero, de utilizar la República como un trampolín para alcanzar el socialismo revolucionario. Sin embargo, Prieto mantuvo una doble actitud en el tiempo, dando bandazos de un lugar para otro. Hagamos un resumen de su trayectoria.

En 1917 fue uno de los líderes de la huelga revolucionaria. En 1919 estuvo en desacuerdo en romper con los republicanos. No fue partidario de colaborar con Primo de Rivera y más tarde fue el principal agitador en contra del sistema monárquico-parlamentario a causa del desastre de Annual, empujando de esa forma a la caída del régimen constitucional de la Restauración. Formó parte del Pacto de San Sebastián para traer la República, pero a título personal, hasta que consiguió que el PSOE lo admitiera. Fue un socialdemócrata moderado y un ministro eficiente de obras públicas en el bienio 1931-33. Ayudó a Largo, nada menos que comprando armas, en la insurrección violenta de 1934 contra la República (se arrepintió muchos años después). Colaboró en la defenestración del verdadero líder socialista moderado, Julián Besteiro. Se significó en la campaña de infundios y exageraciones sobre la “represión de Asturias” que lleno de rencor al país. Además, por un asunto de corrupción menor, intrigó junto a Azaña para liquidar a Lerroux, y con él al Partido Radical, verdadero centro moderador de la República. Debilitó el gobierno del Frente Popular al dejar solos a los republicanos y no formar parte de él, por presiones de Largo Caballero. Incluso durante la jornada del 18 de julio, volvió a dejar solo a los republicanos. Urdió con Azaña la expulsión irregular de Alcalá Zamora de la presidencia republicana, otro paso en la deslegitimación de la República. Denunció el caos y el sectarismo izquierdista de la Primavera Trágica pero no se postuló para atajarlo como primer ministro. Miembros de su escolta asesinaron a Calvo Sotelo y fueron ocultados más tarde por él. Se alió con los comunistas para defenestrar a Largo Caballero y organizó a instancias de los soviéticos el SIM, la temible policía política. Por último, Prieto colaboró en el envío de la Reserva de oro del Banco de España a Rusia. Y ya en el exilio, le birló a Negrín el tesoro que llegó a Méjico en el yate Vita, producto de las incautaciones de Bancos, Monte de Piedad, Museos y de otros bienes del Patrimonio histórico artístico[3]. Teóricamente esos bienes iban a servir para auxiliar al exilio, en la práctica se usaron para controlarlo políticamente.

Como dice Payne, “Prieto estaba lejos de ser el persistente moderado retratado por la literatura hagiográfica”[4]

El País.-

Se aprecian cuatro periodos diferentes en el tratamiento de la imagen de Prieto en El País. Un primer periodo de la Transición. Un segundo con resultado del centenario de su nacimiento en el año 1983. Un tercer periodo en los años 80 y 90. Y por último el periodo del siglo XXI.

La Transición.-

Las primeras noticias sobre Prieto se remontan a los primeros tiempos de la salida de El País durante la Transición. Son noticias que reivindican la memoria de don Indalecio, generalmente vinculadas a su tierra o a su familia. Así, El 25 de septiembre de 1976 El País anuncia que Concha Prieto, hija de Indalecio, acudirá al próximo Congreso del PSOE en Madrid, ese próximo 9 de octubre.  En 1980[5] una noticia asevera que la Editorial El Sitio reedita la obra de Indalecio Prieto “Pasado y futuro de Bilbao”. En la presentación hay quejas porque Prieto no tiene calle aún en Bilbao, cuando es merecedora de ella pues Prieto fue “socialista a fuer de liberal” y transigente con las ideas ajenas. Al año siguiente se publica una carta al director[6] en la que se dice que en Oviedo el Ayuntamiento franquista lo quiso borrar del Registro civil, cosa que no se hizo al final. Pero en la carta también se reclama reconocimiento público.

En 1981 el senador socialista Arbeloa escribe un artículo recordando[7] el discurso de Indalecio Prieto en Cuenca en 1936 en el que pide el cese de la violencia porque en ella encuentra el caldo de cultivo el fascismo. Lo hace para presentar al socialismo como españolista, dice Arbeloa, pues en ese discurso Prieto se declara profundamente español, hasta el punto que José Antonio Primo de Rivera lo alaba. El articulista le da mucho valor por haberlo dicho en “medio de aquella epidemia filosoviética que atravesaba al PSOE”.  Prieto, sólo pone por encima de ese amor a la patria, la Justicia (no aclara qué tipo de justicia, aunque se vislumbra que para Prieto es la justicia socialista). Con eso, Prieto, dice el articulista, defiende al Frente Popular, tantas veces tachado de antiespañol. Más adelante se habla de qué es para el articulista y para Prieto España: no la de los caciques, sino la de los que trabajan, y sobre todo la de los que celebran el Primero de Mayo (traducido puede ser algo así como que España son “los que trabajan y están sindicados en la izquierda”). Prieto se muestra comprensivo con “ciertos espasmos de violencia del Frente Popular”, dice Arbeloa, incluso justifica la revolución de Asturias, pero sí aclara que se arrepintió de haberla organizado, más tarde. Prieto condena el desorden público porque éste no lleva a la Revolución, sino que potencia el fascismo. El problema, según Prieto, no es que la violencia sea totalitaria y por tanto mala por sí, sino que asusta a las clases medias que se van con el fascismo. El articulista le da la razón a Prieto. Al final lo que hace Arbeloa es relacionar ese artículo con el reciente 23 F, y la violencia con el fascismo. Sin embargo, las palabras de Prieto sobre  los desmanes se produjeron en la Primavera Trágica, concretamente el 1 de mayo en Cuenca[8], cuando la violencia estaba sobre todo a cargo de las organizaciones de izquierda, que habían convertido a España en un desorden callejero continuo y en el caos[9]. Estas fueron las palabras de Prieto:

<<Nosotros en octubre de 1934 hicimos una revolución. Sabíamos –¡cómo no habíamos de saberlo!– que rompíamos los cordones que circundan la legalidad, y sabíamos que jurídicamente éramos, en el grado de nuestras respectivas culpas, rebeldes sobre quienes la acción de los Tribunales podían descargar incluso implacablemente su rigor si nos acompañaba el fracaso, que ese es el riego de todas las revoluciones, porque quienes vayan a ellas solamente imbuidos por la ceguera del éxito seguro, ¡ah!, esos no son revolucionarios profundos, sino, a lo sumo, unos inconscientes. […]
Yo no justifico los desmanes que están ocurriendo en España, no los aplaudo, no los aliento. Esto no quiere decir que yo pretenda debilitar la tensión revolucionaria de las masas populares, y singularmente de la clase obrera. Cuando desaparezca esa tensión revolucionaria estaremos definitivamente vencidos, nos pisotearán, y nos humillarán. […] Si mi voz se oye fuera de aquí, diré para vosotros y para quienes fuera de aquí reciban el eco palpitante de mis palabras: ¡Basta ya, basta, basta! ¿Sabéis por qué? Porque en esos desmanes […] no veo signo alguno de fortaleza revolucionaria. Si lo viera, quizá lo exaltase. No; un país –conste que mido bien mis palabras– puede soportar la convulsión de una revolución verdadera. Tras ella, si el fracaso surge, el régimen contra el cual se ha combatido, que, al fin y al cabo, es un sistema, defectuoso o no, se fortalece, si quienes están al frente del Gobierno, despojándose del hábito ancestral de la crueldad, saben reprimirlo dentro de los estrictos límites jurídicos y con humanitaria benevolencia. Si la revolución se corona con el éxito, acaso un régimen mejor, más justo, más igualitario, más humano, se implante en seguida, anulando la lentitud del esfuerzo evolutivo que a veces camina demasiado despacio. La convulsión de una revolución, con un resultado u otro, la puede soportar un país; lo que no puede soportar un país es la sangría constante del desorden público sin una finalidad revolucionaria inmediata; lo que no soporta una nación es el desgaste de su poder público y de su propia vitalidad económica, manteniendo el desasosiego, la zozobra y la intranquilidad […]. Si el desmán y el desorden se convierten en sistema perenne, por ahí no se va al socialismo, por ahí no se va tampoco a la consolidación de una República democrática, que yo creo nos interesa conservar. Ni se va a la consolidación de la democracia, ni se va al socialismo, ni se va al comunismo; se va a una anarquía desesperada, que ni siquiera está dentro del ideal libertario; se va a un desorden económico, que puede acabar con el país.
Lo que procede hacer es ir inteligentemente en la destrucción de los privilegios […]; pero eso no se hace a virtud de excesos aislados, esporádicos, que dejan por toda huella del esfuerzo popular unas imágenes chamuscadas, unos altares quemados o unas puertas de templos ennegrecidas por las llamas. Yo os digo que eso no es revolución. (Muy bien). Y agrego que si una organización verdaderamente revolucionaria, no capta esas energías malgastadas, dominándolas, encauzándolas fecundamente, oídme bien esta afirmación: eso es colaborar con el fascismo>>.

Stanley Payne afirma que los problemas de la República vinieron sobre todo de parte del acoso y la insurrección de los grupos de izquierda. Payne dice que la República “era una democracia que en la práctica era poco democrática. Había alguna resistencia conservadora, pero el problema no era ese. Las tres insurrecciones anarquistas, la gran insurrección socialista, en 1934, y las constantes manipulaciones, en los años 1934 y 1935 del Presidente de la República no permitieron que funcionara normalmente un gobierno parlamentario”[10]. La violencia vino sobre todo de los grupos de izquierda militarizados y al final de la reacción de la extrema derecha.

En el mismo año de 1981  un suelto del periódico[11] habla de proponer una calle a Prieto en Oviedo y se refiere de nuevo al episodio del intento de borrar a Prieto del Registro Civil.

Previo a las elecciones de octubre de 1982, el ensayista Juan Marichal escribe una Tribuna[12] donde explica su opinión sobre el ser “socialista a fuer de liberal”, la famosa frase que dijo Prieto. Hay dos formas de ser liberal, el conservador o partidario del libre comercio y el moral. “El socialismo es la perfectibilidad liberal”, en palabras del propio Prieto. Así, son los socialistas los verdaderos herederos del liberalismo doceañista de Cádiz, y el PSOE el que le da continuidad.

Tiene razón Marichal pero sólo en que el socialismo se equipara a la radicalidad del liberalismo exaltado o jacobino en las formas pero no en el contenido de su doctrina, pues lo propio del socialismo es el colectivismo, y del liberalismo, la individualidad.

Es muy común escribir utilizando el pasado para extraer una conclusión de lo que se debe hacer en ese momento. Es lo que pasa en este caso, el argumentario de Marichal lleva a la conclusión que se debe votar PSOE, que no sólo representa al socialismo sino la perfectibilidad del liberalismo.

El centenario del nacimiento de Prieto.-

El centenario es el momento cumbre de la propaganda a favor de Prieto. Abre el turno Ian Gibson[13], en Oviedo, que llama a Prieto socialdemócrata, pues dice que siempre fue moderado, salvo excepciones. Fue un pragmático, su instinto de conciliación con los demás le llevó a enfrentarse a su propio partido, dice Gibson. Desaprobó la ruptura con los republicanos en 1919, estuvo en desacuerdo con la colaboración con Primo de Rivera, acude al Pacto de San Sebastián solo, sin su partido, critica no haber ido con los republicanos en 1933, no pudo ser presidente como solicitaron los republicanos de Azaña en 1936 porque se lo impidió su propio grupo parlamentario controlado por Largo, y por fin pidió que no se cometiesen desmanes en la retaguardia durante la Guerra.  Dice Gibson, que en ese momento (1983), con los socialistas en el poder, Prieto merece un homenaje. Tiene razón Gibson en todo lo que dice, pero no lo dice todo. Ya hemos comentado en la Introducción como otros historiadores, como en este caso Pío Moa o Stanley Payne resaltan la doble actitud que mantiene Prieto en el tiempo, pues en ocasiones se puso de parte de la línea revolucionaria. Algunos ejemplos: En 1917 lideró la Huelga General Revolucionaria que iba contra una Monarquía constitucional parecida a las de entonces en Europa; colaboró en la organización y compra de armas de la insurrección de 1934 contra la República; fue cómplice de la violencia revolucionaria desatada en el bando republicano durante la Guerra y organizó, a instancias de los soviéticos, la temible policía política del SIM[14].  

También el 1 de mayo, una Tribuna de Miguel A. Marín[15] evoca la vida de Prieto. Todo en ella está hecho en clave de alabanza del biografiado, gran español, gran socialista, con gran mérito político y periodístico -dirigió El Liberal de Bilbao-, si se tiene en cuenta que no tenía estudios. También se cuenta los pormenores de sus últimos días. Dice que el día que se escriba una biografía de Prieto habrá que contar sus gestiones para que el presidente de Méjico acogiera al exilio republicano. Y que intentó, previa propuesta de devolución de los recursos dinerarios que Prieto tenía procedentes de España, que el régimen de Franco acogiera al exilio, unas 500.000 personas, todo ello sin éxito.

En fin, todo eso es verdad, pero El País no acoge a numerosos autores que hacen responsable a Prieto, junto a otros líderes, de contribuir a la traída de la guerra, por ejemplo, en el caso del asesinato de Calvo Sotelo, que como se sabe fue el detonante que hizo que muchos militares se sumaran a la rebelión, entre ellos Franco. Entre los asesinos de Calvo Sotelo había algunos policías e integrantes de “la motorizada”, grupo de guardaespaldas próximos a Prieto. Prieto exculpa en algunos de sus testimonios a uno de los participantes del secuestro, el capitán de la Guardia Civil Condés, próximo a él, condenado a cadena perpetua por los sucesos de Asturias, a quien en una entrevista posterior al crimen (según dice Prieto quiere suicidarse) le aconseja que mejor se apreste a jugarse la vida en la inminente guerra civil. Se puede decir que Prieto encubrió a los integrantes del grupo que asesinó a Calvo Sotelo[16].

En el mismo año de 1983[17] el escritor José Fernández Castro, también con motivo del centenario, escribe un artículo pleno de alabanzas y ajeno a cualquier profundización del papel histórico del socialista: patriota, respetado por todos, (¡ncluso admirado por Franco!), sencillo, buen orador, buen gestor, severo (en realidad algo más que severo, pues el propio autor pone unas palabras en boca de Prieto, según las cuales dispararía a sus difamadores), tolerante con la religión y el que más intentó evitar el conflicto. En lo que respecta a la religión, los hermanos Salas Larrazábal recogen un testimonio suyo refiriéndose ya desde el principio a que “el único peligro que se cernía sobre la República era el que se adueñaran de ella los aborrecidos clericales”[18]. Por otra parte es cierto que hubo algunas actuaciones de Prieto tendentes a la conciliación. En marzo de 1936 Prieto dimitió de la presidencia de la Comisión de Actas que otorgó la mayoría absoluta, de manera irregular, al Frente Popular por “entender que la mayoría frentepopulista estaba yendo demasiado lejos”[19], aunque en ningún momento puso en cuestión los resultados de tan fraudulenta actuación. El famoso e importante discurso, ya comentado, que pronunció en Cuenca en mayo del mismo año también fue un llamamiento a  no utilizar la violencia, en este caso dedicado a las izquierdas, en un momento en que la situación se agravaba por momentos[20]. Pero antes de ese discurso, Prieto tuvo actuaciones que favorecieron el conflicto, por ejemplo colaborando en la extensión del odio hacia la derecha con la campaña de “la represión de Asturias” o siendo responsable en parte de la progresiva deslegitimación del sistema, al maniobrar para destituir de forma irregular al presidente Alcalá Zamora[21], un hito que también acercó al país a la tragedia.

En diciembre[22], El País publica la noticia de que con motivo del centenario de Prieto hay una exposición de la gestión urbanística del mismo, especialmente los dedicados a la política hidráulica y a la configuración de ciudades como Madrid, Barcelona y Bilbao. El 27 del mismo mes, otra noticia refleja que Tierno, con motivo del centenario, ofreció al MOPU una placa de homenaje a la gestión de Indalecio Prieto. Él construyó los Nuevos Ministerios, la prolongación de la Castellana y los enlaces ferroviarios de Madrid.

Por fin el 28, una editorial hace un balance de los 100 años del nacimiento de Prieto. “Fue un gran socialista” dice el periódico, y a continuación, “si la II República fue un asombroso retablo de políticos vivos y humanos, sobresaliendo por encima de disciplinas de votos y obediencias de partido, revelados por una situación real de libertad y de sinceridad de pensamiento en todos los sectores, el primitivo partido socialista ofrecía una amplísima galería de personajes, todos ellos de una sorprendente riqueza de doctrinas, anécdotas, características… Del Largo Caballero, enjuto y puritano revolucionario, al instintivo, orondo y vital Indalecio Prieto, su rival eterno, se podía pasar por nombres tan brillantes intelectual y políticamente como los de Fernando de los Ríos, Araquistáin, Besteiro, Anguiano, Saborit… “.

Todo esto está muy bien, es en parte cierto. Pero El País nunca nos brinda la oportunidad de conocer otras versiones. Por ejemplo la que expone Pío Moa al estudiar las memorias de los líderes republicanos[23], los cuales tienen muy mala opinión unos de otros, salvo excepciones. Pongamos algunos ejemplos:

<<Alcalá-Zamora da cuenta, aprobándola, de la pésima impresión de Besteiro sobre el conjunto de diputados, flor y nata de la República, que elaboró y aprobó la nueva Constitución; y en algún momento describe al personal republicano como «un manicomio no ya suelto, sino judicial, porque entre su ceguera y la carencia de escrúpulos sobre los medios para mandar, están en la zona mixta de la locura y la delincuencia»>>[24].

O este otro del mismo artículo de Moa:

<<No menos radical se muestra Azaña en sus diarios, donde una y otra vez trata a aquellos políticos de «obtusos», «loquinarios», «botarates», «gente impresionable, ligera, sentimental y de poca chaveta», insufrible por su «inepcia, injusticia, mezquindad o tontería». «No saben qué decir, no saben argumentar. No se ha visto más notable encarnación de la necedad. Me entristezco casi hasta las lágrimas por mi país, por el corto entendimiento de sus directores y por la corrupción de los caracteres». «Zafiedad», «politiquería», «ruines intenciones», «gentes que conciben el presente y el porvenir de España según se los dictan el interés personal». «Política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta». Sus descripciones de personajes como Companys o Prieto, o de cómo se preparaba la reforma agraria, etcétera, difieren por completo de las que solemos leer en las historias actuales>>. En realidad, una de las características de la República es que sus líderes tuvieron poca visión de estado e intentaron destruirse mutuamente (salvo Prieto y Azaña).

Continua el editorial diciendo que Prieto fue un socialista de clase media que sabía que el país no podría soportar “unas alianzas obreras” y que se le acusó de pesimista, incluso de cobarde. Aquí, el editorialista omite que, por no romper el partido, o por otras razones, estuvo vinculado a muchas de las decisiones de Largo Caballero y del sector más radical del socialismo. Según sus críticos, continua la Tribuna, si Azaña y Prieto hubiesen tenido más decisión no hubiese ocurrido lo que ocurrió y que “la lección de Prieto podría estudiarse ahora”. No fue marxista, porque dice el editorialista que la vida abarca mucho más, fue un hombre que aprendió de la vida. En efecto, tenemos testimonios del propio Prieto confesando no ser marxista, pero lo que cuenta es su comportamiento, pues, aunque El País parece interesado en situar su imagen en el centro, no pocas veces Prieto se dejó arrastrar por posiciones insurrecciónales y proclives a la guerra civil.  La conclusión del editorial es que, tras 100 años, Prieto es un hombre que “ofrece mucho para reflexionar en la España de hoy”. En fin, es una afirmación arriesgada, sobre todo si tenemos en cuenta que en aquellos años sí hubo políticos que pueden homologarse con más fundamento a nuestro tiempo que Prieto -como Besteiro, Chapaprieta o Melquíades Alvárez-. Un hombre que organizó revoluciones antidemocráticas, que iba armado y que en ocasiones sacó la pistola, no parece un modelo muy de nuestro tiempo.

Los años 80 y 90.- Más alabanzas y homenajes.-

Durante estas dos décadas. El País continúa alabando la figura política de Prieto, además de destacar su figura como gestor. Se dan cuenta también de diversos homenajes y restituciones de su memoria.

En enero de 1984 un artículo[25] describe uno por uno todos los proyectos que emprendió en la capital aclarando que muchos de ellos tuvieron continuidad en el franquismo, por lo que antes de su muerte en 1962 pudo ver realizado todos sus proyectos. El artículo hace justicia a la capacidad de gestión de Prieto, que la tenía y mucho, según el común de los historiadores. El 5 de mayo del mismo año, durante la Feria de Sevilla, Luis Yáñez escribe un artículo titulado “Prieto también iba a los toros” para decirnos que, si bien en los años 30 los socialistas iban a los toros camuflados porque la doctrina partidaria se oponía a ello, hoy el socialismo nacido de un grupo de sevillanos, no sólo no se oculta, sino que lo promociona. Hay que recuperar la tradición de intelectuales toreros de los años 30, dice. Es verdad que en ese momento el socialismo no es beligerante con los toros. Hoy, la cuestión ha cambiado. Ciertos sectores del animalismo de izquierdas critican la Fiesta. También algunos socialistas.

Durante el mismo 1984, Juan Pablo Fusi presenta una autobiografía de Prieto escrita por Saiz Valdivieso[26]. Fusi afirma que Prieto es un símbolo por querer para España una democracia estable que él relaciona con la República, aunque no de manera doctrinaria. Sus raíces, se dice, están más en Costa que en Marx. La biografía hace resaltar el bilbainismo de Prieto. Por fin, el 19 de diciembre de 1984 se da cuenta de la inauguración de una estatua de Prieto en los Nuevos Ministerios, con asistencia de autoridades socialistas.

Ya en 1985 Unzueta publica la noticia[27] de que el edificio donde se editó primero el diario El Liberal, que dirigía Prieto, y después de la Guerra el periódico Hierro, ha sido devuelto a la hija menor del dirigente socialista. Allí se establecerá la Fundación Indalecio Prieto. Y el 16 de agosto de ese año de nuevo se niega que la orden de borrar del Registro civil de Oviedo a Prieto se hubiese realizado.

En 1986[28] Félix Bayón dice que los diputados de UCD en 1981 usaron una cita de Prieto de 1949 aprobando el ingreso de España en la OTAN. Bayón afirma que Felipe González les respondió con otra cita del mismo Prieto de 1960 rectificando su posición (es decir, posicionándose en contra de la OTAN) por causa de los acuerdos de EEUU y Franco.

Ese mismo año Antonio Elorza critica al PSOE[29] porque utiliza el apoyo de los trabajadores para limitar la participación salarial en el PIB, algo que no podría haber hecho un partido conservador. Felipe González, dice, se confiesa socialista a fuer de liberal, basándose en Prieto. Para Elorza, “Prieto sirve de coartada a Milton Friedman”. Es una crítica hecha desde posición política más allá de la socialdemocracia, no en vano Elorza fue uno de sus fundadores de IU en este año.

Ante la posibilidad de su expulsión del PSOE, Germán Ojeda[30], para demostrar que no siempre el aparato del partido tiene razón arguye que Prieto estuvo a punto de ser expulsado en 1930 por conspirar junto a los “burgueses” Ortega y Sánchez Guerra para traer la República, política que adoptó el partido meses después. El 19 de junio de 1995 una noticia aclara que el sueño de Prieto de unir las estaciones de Príncipe Pío y Atocha para viajeros se hace realidad.

El siglo XXI.- La Memoria histórica.-

El siglo XXI comienza bajo la influencia de la nueva reivindicación de la “memoria histórica”. Y algunas noticias sobre Prieto empiezan a estar relacionadas con esta novedad. Por lo demás, continúan las alabanzas de su figura histórica, los homenajes y el recuerdo positivo de su trayectoria y pensamiento.

Tras la retirada de la última estatua del General Franco, a escasos metros de la de Prieto, en marzo de 2005, el 19 de julio de 2005 salta la noticia de que la estatua de Prieto en Nuevos Ministerios aparece pintada de azul.  Ese año[31] Octavio Cabezas escribe sobre una biografía que ha escrito de Prieto, a propósito de su posición tras la Revolución de Asturias. Dice que Largo Caballero extrae la enseñanza de que se puede hacer la Revolución contra el aparato de Estado, y por tanto hay que bolchevizarse, al contrario de lo que aprende Prieto, que no, que es preferible una coalición amplia de izquierda con los republicanos para “reconquistar la República” (las comillas son nuestras). Pero al mismo tiempo, Prieto explota el hecho de que son sus agrupaciones de Asturias y Bilbao las que han ido a la Revolución, cosa que no ha conseguido Largo en Madrid, lo que le fortalece dentro del partido. Es decir, a pesar de que sabe que es un error, Prieto usa Asturias para ganar crédito en el juego político, algo que contribuirá de forma determinante a azuzar unos odios que antes de Asturias no existían. Azaña se une a la propuesta de Prieto de hacer una coalición sobre la base de la “amnistía” y “el cese de las torturas”.  Sin embargo, la represión de Asturias fue débil según numerosos historiadores a los que El País no les da la palabra. Stanley Payne así lo manifiesta[32]: “La represión que se produjo con la República en 1934-45  no tiene precedentes en cuanto a su moderación en la moderna historia de Europa occidental; fue la más moderada impuesta por cualquier estado liberal o semiliberal que se haya visto amenazado por una gran subversión revolucionaria y violenta en la Europa de los siglos XIX y XX….en 1935 se dio a los revolucionarios una muy destacada y generosa oportunidad de volver al poder por métodos electorales”.

La coalición formada por el Frente Popular prometió investigar tal represión si ganaban las elecciones, algo que olvidaron cuando alcanzaron el poder. Cabe recordar cómo los republicanos de Azaña no sólo no condenaron la insurrección de Asturias, sino que incluso piden la amnistía para los implicados, la única demanda que en un principio une a los aliados del Frente Popular[33]. En 2009 la ministra Magdalena Álvarez afirma que defenderá el AVE vasco, frente a una plataforma contra él, con la misma determinación que Prieto modernizó las grandes capitales españolas, a pesar de la incomprensión y de la burla de muchos de sus adversarios[34].

En 2012 hay un artículo de Iturriaga[35], militante del PSE-EE, dedicado a Prieto en el 50 aniversario de su muerte. Afirma que la acción política de Prieto se caracteriza por su antinacionalismo (vasco y de todo tipo) y por buscar la consolidación de la democracia en si mismo, y no como trampolín para una “sociedad ideal”. No sabemos de donde saca el articulista esto. La democracia es un medio para llegar al socialismo para todos los socialistas de los años 30. Incluso para el más moderado, Besteiro, aunque para cada uno, en función de su radicalismo, las prisas y las formas de dar el paso son distintas. Dice que Prieto interpreta el socialismo como “una extensión de los principios de libertad, igualdad y solidaridad”, como dijo en ese momento Rubalcaba (muy oportuno a la hora de halagar al líder socialista del momento). En resumen, lo de “socialista a fuer….” Pero hay que contrastar los hechos, y no centrarse en las palabras. Prieto respaldó varias andanadas desestabilizadoras, y algo más, contra la República, como hemos visto.

En el mismo año de 2012[36] El País entrevista al catedrático de Historia José Luís de la Granja a propósito de unas jornadas sobre Indalecio. Afirma que es el político vasco, junto a Aguirre, más importante del XX. Dice que concebía la democracia como un fin en sí mismo, que a partir del 34 se acercó a Aguirre hasta el punto de ser ambos autores la autonomía vasca, que era demócrata y apenas había leído a Marx. En fin, al parecer, para De la Granja era casi de derechas. El catedrático asevera que Prieto se sorprendería del grado de autonomía vasca actual. En eso lleva razón. El Estatuto republicano fue de mínimos y Prieto fue capaz de llegar a un acuerdo con el nacionalismo vasco.  

El 11 de febrero de 2013 un titular de El País destaca que “Indalecio Prieto regresa al Ayuntamiento” para reflejar que la entrega de un busto suyo cierra la conmemoración del 50 aniversario. Se reproducen los elogios acostumbrados. En el mismo año de 2013 un artículo[37] notifica que un libro recoge los proyectos de Indalecio Prieto para la expansión de Madrid y sus vías de comunicación. Se explican esos proyectos. El artículo hace justicia a la labor de Prieto. Ese mismo año, Jorge M. Reverte, periodista de la casa, escribe un artículo titulado “Políticos”[38]. No es un historiador. Y se nota. Hay varias consideraciones muy discutibles.  Dice que el golpe de Primo acabó con la derecha civilizada y pactista de la Restauración. Para él Gil Robles o Calvo Sotelo no eran derecha civilizada. En cambio la izquierda no se aclara bien si lo era o no: se dice que no estaban entrenados, todo lo  más Largo Caballero (?). A Azaña y Melquíades Álvarez se les califica de centro aunque poco pragmáticos. Después ya habla de políticos posteriores a esta época.  En fin, en este artículo no se tiene en cuenta que Gil Robles, a pesar de no ser republicano, respetó escrupulosamente la legalidad, cosa que, salvo Besteiro, no hizo nadie en la izquierda, incluidos Azaña (el cual intentó anular las elecciones de 1933 y contribuyó a la revolución de octubre con sus manifestaciones deslegitimando a CEDA)  y Prieto (recordemos su participación en la insurrección de 1934), y por supuesto Largo. Azaña no era el centro, sino un republicano de izquierdas con un programa de “demoliciones” para España que prefirió la alianza con los revolucionarios a los verdaderos republicanos de centro, que eran los de Lerroux. Hubo también personalidades centristas, como Melquíades Álvarez o Chapaprieta. El 15 de abril una carta al director[39] agradece a Prieto las obras públicas madrileñas “combatida por los intereses que la derecha representa”. Califica a Indalecio de socialdemócrata y empeñado en yugular la especulación del suelo (¿?). Y por fin el 21 de mayo un artículo se refiere al libro que explica el proyecto de Prieto, terminado 30 años más tarde, de enlazar con un túnel (el “túnel de la risa” le llamaron sus críticos) de Chamartín a Atocha.

En 2014 encontramos dos noticias. El 24 de octubre, una carta al director se queja de lo poco atinado que han estado al retirar el rótulo de Sánchez Mazas interpretando mal una ley necesaria (la de Memoria) pues Mazas pidió por muchos republicanos, entre ellos por su amigo Prieto. Y el 11 de diciembre, se da cuenta de un libro que recoge la correspondencia entre Unamuno y Prieto (1916-1934). En 2015, sólo una. El 8 de abril se cuenta la odisea de la familia Zugazagoitia, fusilado por los alemanes por ser fiel a Negrín, a Prieto o a Azaña, dice el articulista.

El 2016[40] se estrena con otra noticia relacionada con la Memoria. El cineasta Agustín Díaz Yanes se queja de que le quiten calle a Manolete, el cual fue recibido por Prieto y otros exiliados en Méjico. Manolete le regaló una foto firmada que Prieto conservó en su despacho. Si los perseguidos por Franco lo recibieron, el autor no entiende que quieran ensuciar el nombre del torero. El 6 de julio de ese año, un artículo firmado desde Méjico explica que en 1939 los “republicanos” españoles enviaron a Méjico un barco cargado de joyas, el Vita, “para aliviar la situación de los exiliados”. El artículo dice que hay testimonios que afirman que parte de ese tesoro acabó en el lago Nevado, a 100 Kms de la capital.  El texto habla de “joyas incautadas a simpatizantes de Franco”. En realidad, el tesoro fue incautado por Negrín desde el principio de la Guerra en zona frentepopulista a entidades del Patrimonio, Bancos e incluso Monte de Piedad, donde tenían sus ahorros y sus empeños, las clases más humildes. Lo importante de este sórdido asunto es silenciado. Negrín controlaba el cargamento, pero Prieto, amigo de Cárdenas, fue más hábil y le birló la carga al llegar a Méjico. El tesoro sirvió para ayudar al exilio, pero sobre todo para controlarlo políticamente. Ni Alcalá Zamora ni Cipriano Mera aceptaron una sola moneda procedente de ese expolio[41]

En octubre de 2016 Santos Juliá[42], ante la división en ese momento del PSOE, y para ilustrar desuniones anteriores, publica un texto en el que se recuerda la división socialista del año 35 y 36. Esa escisión produjo que Prieto no obtuviera los votos de su grupo parlamentario (bloqueado por Largo) para aceptar ser presidente del Gobierno del Frente Popular tras las irregulares elecciones de 1936, y tampoco el 17 de julio se pudo conformar un gobierno de amplio espectro, también por el bloqueo de Largo, para atajar el golpe de estado de los militares africanistas. En efecto, la razón por la que un gobierno con Prieto y Azaña quizás hubiese estabilizado la República es porque hubiese atemperado la acción violenta de las JJSS y de los socialistas radicales de Largo en la calle. Esto lo omite este artículo, y los demás, siempre ocultando el embate de la izquierda contra la República.

En 2017[43] un artículo recuerda las graves desavenencias entre los líderes socialistas de la República y la Guerra, Largo, Prieto, Besteiro y Negrín. El artículo recuerda, como en el exilio, Negrín y Prieto se enzarzan en reproches durísimos en una serie de cartas; fue en privado, pero esas cartas muestran la grave división socialista, lo que añadimos nosotros, da cuenta una vez más de que en absoluto los líderes republicanos fueron un dechado de idealismo y buen hacer, todo lo contrario. El 28 de septiembre, un artículo muestra como la izquierda socialista de los años 30 criticó la deslealtad de los nacionalistas catalanes y vascos para con la República. Prieto en concreto se refirió a ERC como desleal desde el comienzo de la República. En realidad, nacionalistas e izquierdas, como hoy, terminan siendo aliados contra el “fascismo”, en realidad unos contra el sistema que representa a España y al capitalismo.

El 4 de julio de 2018 un artículo habla de tres ensayos que ahondan en la acción política de Prieto y su huella en la Historia de España. En el primero, se explica que Prieto es partidario de la conjunción con los republicanos, al contrario de Largo. El segundo muestra la capacidad de Prieto en la gestión pública y en la gestión militar. El tercero habla de la relación de Prieto con Aguirre, ambos padres del autonomismo vasco.

La imagen de Prieto en eldiario.es

En el periódico Público no hemos encontrado referencias a Indalecio Prieto y en Eldiario.es, sólo cinco.  La primera de ellas del máximo interés porque por primera vez a lo largo de la investigación que hemos realizado nos encontramos un texto claramente beligerante con la propaganda de la historiografía y de la prensa progresista acerca del llamado oro de Moscú. El 23 de junio de 2009 un artículo de Antonio Cavanillas, de Canarias, explica la barbaridad que supuso el traslado de las reservas de oro de España a Rusia. Es un caso insólito en la prensa de izquierdas de estos años. En él se pone de manifiesto cómo los propios líderes de la izquierda española criticaron con severidad el asunto, o guardaron mala conciencia al respecto, entre ellos Indalecio Prieto, sobre el que el artículo de eldiario.es dice:  <<Escuchemos a Indalecio Prieto, su líder máximo ( Convulsiones de España, tomo 2º, página 124): «El PSOE nunca podrá vanagloriarse de la irreparable desdicha nacional. Un ministro socialista pidió autorización para proceder libremente, el Gobierno que integrábamos seis socialistas incluido el presidente se la concedió y socialistas eran también los banqueros». Por añadidura, la escolta que custodiaba el envío del oro a Cartagena la integraban milicianos socialistas. Tras la guerra, tratando de enmendar su metedura de pata y desdecirse, Prieto declaró que estimó prudente sacar el oro de Madrid, pero no de España. Tampoco tenía la conciencia tranquila, terminado el conflicto y en su exilio dorado, Largo Caballero, el marxista. Oigámosle: «Las órdenes nos llegaban de Indalecio Prieto, pero las cartas para las extracciones teníamos que firmarlas Negrín y yo. Yo firmé dos o tres. Después las firmaba solamente Juan Negrín. Siempre me pregunté: ¿Cuánto se habrá gastado de aquel oro? ¿Quedaría algo tras la guerra?» (Obra citada, páginas 203 y 204)>>. Más adelante, el propio Prieto especificará las cantidades que el PCF extrajo de las Reservas españolas.

En 2014[44] se publica noticia de que el PSOE homenajea a Prieto en Madrid con una placa en Carranza 20, donde fue su domicilio y la sede del PSOE.

El 27 de febrero de 2015 se habla de un libro que trata la correspondencia entre Prieto y Unamuno entre 1916 y 1934. El libro ofrece nuevos detalles sobre la aportación de ambos en el advenimiento de la República.

En 2018[45] un historiador afirma que Azaña y Prieto quisieron mantener con vida a José Antonio, mientras que el anarquista Joan García Oliver quería acelerar su ejecución. El motivo de mantenerlo vivo era porque podía haber sido canjeado por algún preso republicano y porque podría haber causado divisiones en el bando franquista.

El 9 de mayo de 2018 la FSA homenajea a Indalecio Prieto para reivindicar “el carácter europeísta del socialismo asturiano”. Prieto participó en el Congreso de La Haya en 1948 que dio lugar al Consejo de Europa.

Conclusiones.-

En general, las noticias, reportajes, tribunas, columnas y otros que se publican reflejan una imagen de Prieto entre positiva y muy positiva.

Las primeras noticias del periodo de la Transición en El País reivindican que se recuerde la figura de Prieto a través de la rotulación de calles, la reedición de sus libros, o recordando las injurias recibidas del régimen franquista. Son los primeros años de la democracia española. En esta época, y tras el golpe del 23 F, un senador socialista escribe sobre la españolidad de Prieto. Por primera vez se va a hablar de su moderación, un argumento apologético que se repetirá una y otra vez, aunque esa moderación fue quebrada a lo largo del tiempo en ocasiones muy señaladas para la Historia de España. Unas palabras de Prieto dirigidas contra la violencia y el caos de la izquierda en la España del 36 se les dan la vuelta para homologar violencia sólo a fascismo, a propósito del 23 F. Juan Marichal cierra este primer ciclo de la Transición presentando a Prieto como el verdadero heredero del liberalismo gaditano, pues fue él quien dijo que era “socialista a fuer de liberal”. Marichal emplea su argumentarlo sobre el carácter liberal de Prieto para aconsejar ante las próximas elecciones de octubre de 1982: hay que votar PSOE, el verdadero partido democrático, pues “el socialismo es la perfectibilidad liberal”, como dijo don Indalecio.

El centenario de su nacimiento en 1983 marca el cénit de la apología de la figura de Prieto. Plumas de fuste intervienen para resaltar sus méritos, no sin razón en algunos momentos, pero sin que en ningún caso aparezca la parte negativa del personaje, una parte que contribuyó a la liquidación del Régimen de la Restauración y al derrumbe de la Segunda República. Empieza el turno de alabanzas Gibson: moderado, socialdemócrata, con instinto de conciliación, pragmático, compasivo y justo al pedir que no se cometieran desmanes en la retaguardia en la Guerra. Gibson pide un homenaje para él. Después continúa Sainz, bibliotecario de las Cortes: gran español, gran socialista, con mucho mérito político y de gestión, fue el amigo de Cárdenas que consiguió la gran acogida de Méjico a los exiliados además de intentar la vuelta de éstos a España, a cambio de devolver las riquezas incautadas por Negrín en España. El tercer apologista es el escritor Fernández Castro: patriota, respetado por todos, (¡incluso admirado por Franco!), sencillo, buen orador, buen gestor, severo (mucho más que severo, pues el propio articulista habla de sus amenazas violentas), tolerante con la religión (¿?), y el que más intentó evitar el conflicto (¿?). En diciembre, con motivo del centenario, es el propio periódico, a través de su editorial, el que le dedica una alabanza de consideración. Empieza diciendo que Prieto fue un gran socialista, para a continuación idealizar a la República -y a los líderes en general, y a los socialistas en particular- de esa época. Sin embargo, ya hemos aclarado las aberraciones que los propios líderes políticos republicanos opinan unos de otros en las memorias de cada uno, todo lo contrario a la tesis que defiende El País. Por último, la Tribuna dice que Prieto no era marxista, que prefirió las alianzas burguesas porque provenía de la clase media y que ofrece muchas razones para la reflexión en ese momento de 1983. En fin, una vez más, nada se dice de su participación en la huelga revolucionaria de 1917, de su protagonismo en la revolución de 1934, del encubrimiento a los asesinos de Calvo Sotelo, de sus complicidades con el terrorismo político contra su propio bando en la Guerra y de las checas.

En los años 80 y 90 continúan las alabanzas a Prieto y la omisión de los pasajes más sórdidos del socialismo de los años 30, en los que participó don Indalecio. Algunas de esas alabanzas, especialmente las que se refieren a su gestión en Obras Públicas e Hidraúlicas tienen base real. Prieto contribuyó a la modernización de ciudades como Madrid, Barcelona y Bilbao, y algunos de sus proyectos fueron desarrollados, vaya ironías de la Historia, por el régimen de Franco. Durante este periodo, algunos articulistas utilizan a Prieto para reforzar sus posiciones políticas de ese momento. Por ejemplo, para apoyar la fiesta de los toros, para posicionarse en contra de la OTAN, para demostrar que no siempre el aparato del partido tiene razón, o para criticar a Felipe González por limitar la participación laboral.

El siglo XXI es el siglo de la Memoria Histórica, como se ha dicho, y eso se va a notar en los textos que publica El País. En 2005 la estatua de Prieto es pintarrajeada el 18 de julio, después de haber sido retirada la estatua de Franco en marzo, a escasos metros. En 2013 un busto de Prieto es entregado al Ayuntamiento como forma de restituir su memoria. Y en 2014 se critica la retirada de la calle Sánchez Mazas porque ayudó a Prieto y a más republicanos (aunque la Ley de Memoria se aprecia necesaria). Se vuelve a utilizar a Prieto para la defensa de opciones políticas de ese momento, como por ejemplo para avanzar en la obra del AVE vasco. Siguen las alabanzas habituales con los argumentos de siempre: Prieto aprendió de Asturias que debía aliarse a los republicanos y no a los revolucionarios; concebía la democracia como un fin en sí mismo y no como un trampolín hacia el socialismo (¿?); era demócrata “y apenas había leído a Marx”; fue un gran gestor público y militar, pactó siempre con los republicanos antes que con los revolucionarios, criticó como desleales a los independentistas catalanes de ERC y fue junto a Aguirre el padre de la primera Autonomía vasca de 1936. A veces el tipo de alabanza le hace parecer una figura política casi de derechas.

Las referencias de Eldiario.es a Prieto son todas laudatorias, excepto una, que de forma insólita, en un medio de izquierdas, explica detalladamente por qué fue una barbaridad la entrega de las Reservas del oro del Banco de España a Rusia, y la mala conciencia que Prieto tenía por ello. Por lo demás las noticias se refieren a hechos positivos, parecidos a los que El País también ha señalado durante todos estos años: un homenaje a su figura, un libro de cartas con Unamuno, la tesis de un historiador según la cual Prieto no quiso que José Antonio fuese ejecutado y el homenaje de la FSA al carácter europeísta del socialismo asturiano, gracias a Prieto.

En resumen, salvo excepciones que confirman la regla, la prensa llamada progresista sólo resalta méritos –reales, exagerados o directamente dudosos- de Indalecio Prieto y ocultan a lo largo de todos estos años la parte más totalitaria de su actuación política, parte que por cierto define al socialismo de esa época y también al líder socialista. Esta prensa, que se pretende socialdemócrata, mantiene para sus lectores sólo una versión de lo que ocurrió en aquella España, la de la historiografía más afecta al Frente Popular, ocultando las razones y los hechos que sí resalta la historiografía no marxista o de izquierdas. 


[1] Moa, P., Los mitos de la Guerra Civil, Madrid, 2003, p. 76

[2] Payne, S., “El Problema de Negrín”, Revista de Libros, Nº 151-152, julio-agosto de 2009

[3] Véase el capítulo dedicado al respecto en Jiménez Losantos, F., “Juan Negrín, el mayor ladrón de la historia de España y Negrinete y Prietadillo en la República de Monipodio”,en Memoria del Comunismo, Madrid, 2018

[4] Payne, S., “El problema…Op. cit.

[5] “Reedición de `Pasado y futuro de Bilbao´”, El País, 30 de diciembre de 1980

[6] “Prieto y Asturias”, El País, 4 de enero de 1981

[7] “Sentir España, sentir y conquistar a España”, El País, 6 de agosto de 1981

[8] ABC, edición de mañana, 3 de mayo de 1936

[9] Como señala Tusell, en la República se produjeron numerosos muertos por insurrecciones y atentados políticos. “Las sublevaciones anarquistas del primer bienio produjeron 200 muertos y a ellos se deben unir los 1500 de 1934; en 1935 “sólo” hubo 49 muertos. Pero volvamos a 1936. Se ha calculado que en 1936 hubo entre 270 y 350 muertos…” También hubo incendios, asalto a propiedades, quemas de iglesias, etc. Tusell, J., Historia de España en el siglo XX, Madrid, pp. 230-231

[10] Payne, S.,“Antes del asesinato de Calvo Sotelo había muy pocos militares dispuestos a rebelarse”, ABC, 17 de abril de 2016

[11] “Indalecio Prieto”, El País, 5 de noviembre de 1981

[12] Marichal, J. “Socialista a fuer de liberal” El País, 19 de octubre de 1982

[13]Gibson, I., “Socialista pragmático”, El País, 1 de mayo de 1983

[14] Moa, P., “El caso de Indalecio Prieto y el espíritu chekista de Podemos”, La Gaceta, 6 de marzo de 2016

[15] “Una biografía incompleta” El País, 1 de mayor de 1983

[16] Todos estos testimonios de Prieto sobre este suceso los recoge Sala González, L. M., en su tesis disponible en Internet, Indalecio Prieto y la política española 1930-1936, pp. 291-293, https://addi.ehu.es/bitstream/handle/10810/23387/TESIS_SALA_GONZALEZ_LUIS%20MARIA.pdf?sequence=1

[17] “En el centenario de Indalecio Prieto”, El País, 27 de noviembre de 1983

[18] Salas Larrazabal, R. y J., Historia General de la Guerra de España, Madrid, 1986, p. 12

[19] Payne, S., El colapso de la República, Madrid, 2005, p. 328

[20] “Indalecio Prieto pronuncia en Cuenca un importante discurso”, El Liberal de Bilbao, 3 de mayo de 1936.

[21] Alcalá Zamora se creyó víctima de una conspiración ejecutada por Prieto pero dirigida por Azaña. Alcalá Zamora, Memorias, p. 361

[22] “La gestión urbanística de Indalecio Prieto centra la exposición del centenario político”, El País, 20 de diciembre de 1983

[23] Moa, P., Los personajes de la República vistos por ellos mismos, Madrid, 2006

[24] Id., “El personal republicano”, Libertad Digital, 19 de enero de 2006

[25] “Indalecio Prieto, un ministro que utilizó el aparato del Estado para extender Madrid”, El País,23 de enero de 1984

[26] “Juan Pablo Fusi presenta en Bilbao una biografía de Indalecio Prieto”, El País, 8 de mayo de 1984

[27] “El edificio que albergó el diario `Hierro´ devuelto a los herederos de Prieto”, El País, 28 de mayo de 1985

[28] “Las posiciones intermitentes del PSOE”, El País, 26 de febrero de 1986

[29] “El vacío”, El País, 14 de mayo de 1987

[30] “Defensa de un afiliado”, El País, 12 de agosto de 1993

[31] “Prieto, tras la revolución de Asturias”, El País, 16 de octubre de 2005

[32] Payne, S., El colapso de la República, Madrid,  2005, p. 167

[33] “Las banderas comunes de toda la izquierda fueron el clamor por la amnistía para liberar a los miles de presos que seguían encerrados tras la Revolución de Octubre…”. De la Cierva, R., Historia actualizada de la Segunda República y la Guerra de España (1931-1939), Madrid, 2003, p. 94

[34] “Alvarez: la `Y´ se hará con coraje y determinación”, El País, 8 de enero de 2009

[35] “Prieto en el 50 aniversario de su muerte”, El País, 13 de febrero de 2012

[36] “A Indalecio Prieto le sorprendería hoy el nivel vasco de autonomía”, El País, 21 de febrero de 2012

[37] “Apuesta por una gran ciudad”, El país, 3 de marzo de 2013

[38] El País, 31 de marzo de 2013

[39] “Conmemorar el urbanismo”, El País, 15 de abril de 2013

[40] “Manolote y el callejero madrileño”, El País, 21 de febrero de 2016

[41] Para una explicación completa pueden consultar en Internet el artículo de Moa, Pío, El “Vita” como paradigma, Libertad Digital, 19 de septiembre de 2006.

[42] “Crisis, caída y escisión del PSOE”, El País, 1 de octubre de 2016

[43] “Ahora toca la tarea de liquidar las discordias”, El País, 23 de mayo de 2017

[44] Eldiario.es, 11 de febrero de 2014

[45] Ibid., 18 de febrero de 2018

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