No conozco a ningún dictador izquierdista cuya obra haya significado un progreso moral y económico

17/10/2026 Actualizado a las 21:08h.
Isabel Allende ha ganado el premio Planeta con la segunda parte de ‘La casa de los espíritus’ y ha dicho: «Las democracias están amenazadas, vuelvo a sentir el mismo temor que me obligó a salir de Chile». Me alegro por Planeta y por Pepe Creuheras porque van a vender muchos libros.
A Chile le fue muy bien que se marchara y que llegara el general Pinochet. Nunca una sola sustitución creó tanta riqueza, porque a la señora Allende también le fue muy bien marchándose, y se convirtió en un éxito de ventas gracias a la primera parte del libro que el jueves premió Planeta. Es lo que tiene el capitalismo, que da oportunidades a todos.
Pinochet suspendió durante diecisiete años la democracia en Chile y durante este tiempo el país se convirtió en la principal potencia de Sudamérica y por supuesto en el único interlocutor serio de aquella zona. Mientras la señora Allende pudo explotar el relato de la represión, los chilenos pudieron vivir en orden y mucho mejor. Todavía hoy Chile es lo que es gracias a las profundas reformas del general, inspirado en las lecciones de Milton Friedman. Y todavía hoy, también, si alguien lee al espantapájaros en que esta pobre señora se ha convertido, es por la épica que Pinochet propició.
Si Salvador Allende hubiera podido desarrollar su tiranía comunista al modo de Fidel Castro en Cuba, y gozosamente la señora Allende se hubiera quedado en Chile, no habría podido escribir sus libros, ni se habría convertido en el símbolo de nada, ni Planeta habría tenido ningún interés en jugarse su dinero y su prestigio en una escritora tan mala.
Si la señora Allende fuera más agradecida le habría dedicado el premio al general Pinochet, el principal aliado que ha tenido en su aventura literaria. La única vez que la libertad estuvo amenazada en Chile fue cuando Allende tomó el poder. Aclarado el malentendido, empezó la prosperidad y fue para quedarse.
No conozco a ningún dictador izquierdista cuya obra haya significado un progreso moral y económico. Tampoco a ninguno que una vez estabilizado su país, convoque un referendo, lo pierda, y se vaya. No sé de ninguna dictadura sudamericana –ni de ninguna democracia– que le haya ido mejor que a Chile con Pinochet.
Que continúe habiendo espíritus en la casa de Isabel me parece muy bien. Pero muchos países tendrán que decidir en los próximos meses cómo desean vivir los próximos años o décadas y es oportuno recordar que el tándem Allende-Pinochet fue mucho más interesante tal como se produjo que si hubiera sido al revés. En España, tanto de los años pasados como de los más recientes, hemos aprendido también que el tándem Franco-Lluís Llach se dio en las condiciones exactas para hacernos felices a todos.