1934: No hay superioridad moral

La superioridad moral que la izquierda cree poseer hoy en España se basa en su supuesta defensa histórica de la democracia, frente al pasado franquista de los conservadores. El exponente máximo de tal defensa sería la II República. Pero este esquema cojea. El grueso de la izquierda no ha sido democrática hasta la Transición, con Felipe González. Podría poner múltiples ejemplos, pero hoy me referiré a la Revolución de octubre de 1934, de la que estos días conmemoramos el aniversario. De entrada hay que recordar que todos los grupos de izquierda, todos, se levantaron contra la República antes de que Franco lo hiciera. Pero el levantamiento más importante fue el de octubre de 1934, pues fue protagonizado no por un grupúsculo, sino nada menos que por el principal partido de la oposición, el PSOE, junto a comunistas, sectores anarquistas, y separatistas catalanes. Y además fue el preludio de la guerra civil, que llegaría meses después. Tras la victoria de la derecha (la CEDA) en las elecciones más limpias de la República, los líderes socialistas -excepto Besteiro- planificaron una rebelión armada para que tuviese “todos los caracteres de una guerra civil” (sic). Los sucesos más graves se produjeron en Asturias, Cataluña, País Vasco y Madrid. Stanley Payne estima un total de unos 1750 muertos. Hubo decenas de asesinatos de curas. El principal pretexto de los revolucionarios fue el riesgo de “fascismo”. Pero no, según una documentación concluyente, la insurrección socialista buscaba instaurar un régimen revolucionario. Basta leer las instrucciones secretas del comité, la prensa, la propaganda del PSOE, y los escritos de Besteiro. La CEDA, una vez sofocada la rebelión, se comportó, como durante todo el periodo republicano, de forma legal. Las izquierdas, lejos de arrepentirse, se lanzaron a una campaña de odio sobre las derechas, que llegó hasta las elecciones de 1936. No hay pues superioridad moral en el pasado histórico de unos u otros. La generación política de la Transición lo comprendió muy bien, concediéndose el perdón mutuo y sellando una reconciliación que ya existía en la sociedad civil. Hoy, cierta izquierda, y el separatismo, parecen recurrir de nuevo al revanchismo y a los delirios del pasado.

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