Memoria personal de Salvochea

Una mañana de principios de los 70 Cádiz amaneció llena de pintadas con el nombre de “Fermin Salvochea”. De repente, tras décadas de oscurantismo, la ciudad comenzó a preguntarse quién era aquel hombre. Comenzaba la Transición gaditana. Aquellas pintadas las hicieron dos amigos legendarios, Alfonso Perales y Juan José Gelos. Precisamente contra la detención de Alfonso, sus compañeros universitarios nos encerramos en el Obispado en mayo de 1975. El decano Juan López recogió con valor en Comisaría los carnets de los que no fuimos detenidos porque no había furgones suficientes. Por cierto, gracias a algunos compañeros, y en especial a María José Vaquero, aquella promoción del 74 de Letras, – de la que Paco Blanco y yo mismo fuimos delegados-, nos hemos reunido hace unos días, con gran emoción. Pero vuelvo a Salvochea. Durante años, fui al homenaje que se le hacía en el cementerio civil de la ciudad. Allí el inolvidable Chico Coto gritaba un viva Cádiz quizás en recuerdo del Cantón. Siendo yo director de la Fundación de Cultura organizamos diversos actos en homenaje a Fermín, con los que contribuimos a hacerle justicia histórica. Gracias a esto conocí a su primer biógrafo Fernando Puelles, y su valiosa biblioteca libertaria. Participaron, entre otros, Ignacio Moreno, Alberto Ramos, y Juan José Gelos. Esta es mi memoria de Salvochea en aquellos años. Con posterioridad, mis lecturas y experiencia me han hecho valorar al personaje de muy distinta manera. No pongo en cuestión su bonhomía y honradez (también las tenía José Antonio por ejemplo, pero no es suficiente), sino su insensatez política y su ideario violento. Y no es que esto se debiera a que era un hombre de su tiempo, como se dice. También son de esa época políticos de la talla de Valverde, Cánovas o Maura, y eran moderados. Solo diré una cosa de Salvochea que lo retrata: intentó fundir la Custodia para armar al “pueblo”. No diré más porque cuestionar a Fermín en esta ciudad ¿liberal? supone perder amigos hasta en la derecha. Lean a Pedro de Tena. Poner en el despacho del alcalde a Salvochea, y quitar a Juan Carlos I -el verdadero artífice de la reconciliación y la democracia españolas- es un disparate que dice mucho del trasnochado extremismo del nuevo regidor.

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