Sanlúcar

El pasado fin de semana decidimos escapar de un Cádiz tomado por la tropa de los puños en alto. ¿Es que aquí nadie aprende del pasado? Elegimos solera, belleza y la mejor oferta de comida y bebida: Sanlúcar. Para pernoctar escogemos la casa de la familia de Mendicutti -hoy convertida en hotel- , escritor sureño que como Lorca, Juan Ramón, Alberti, y así todos los de izquierda, es de familia distinguida. Se trata de una casa palacio del XVIII, con patios, recovecos y terrazas, en las que se conservan tal cual puertas, ventanas, muebles, y decoración. Sacrificamos algo la comodidad en aras de la estética y la Historia. Por la mañana visitamos dos tabernas imprescindibles: La Herrería, y Los Ases del Arte. En la primera, disfrutamos de su decoración rústica y de su manzanilla. En Los Ases del Arte aún no hay cante, es demasiado temprano. Aunque más pequeña, tiene un aire al Manteca, con las paredes cubiertas de fotos, en este caso no sólo de flamencos, sino de grandes artistas en general, incluido ¡Frank Zappa! El espléndido paisaje del Bajo Guía nos abre el apetito. Esto es Sanlúcar, así que seguimos con la manzanilla y nos comemos los langostinos más ricos que hemos probado nunca, esta vez en Joselito Huerta. El primer licor nos lo bebemos mirando al Bajo Guía en el F5, el bar de Carlos Herrera. El segundo, en la impresionante terraza del Hotel Guadalquivir. Por la noche, Rafael ha desatendido ya la barra de Los Ases y está cantando por soleá. Alguien se arranca con unas deliciosas colombianas. De Barbiananos vamos cuando vemos un atisbo de cierre, porque como Silvio el rockero, no podemos soportar que nos echen de los bares. El desayuno, cómo no, en los jardines del Palacio Ducal, una vez visitado por dentro y disfrutado su terraza. Tras una vuelta por el barrio alto, hay que seguir culturizándose, así que nos dirigimos a Argüeso. Oh, está de reforma, pero no importa, el Cádiz ha ganado. Por fin nos encerramos en el Guerrita, templo del vino. Primero un amontillado. Y luego manzanilla a discreción. De comer, carne al toro (es ternera). A propósito, un amigo dice que la única forma digna de comer carne es la de toro (pensemos en las granjas de pollos o en la matanza del cerdo). Al atardecer regresamos a Cádiz. Ya ha pasado todo.

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