Volvemos a las andadas

Como dice un amigo, si nos fijamos, las repúblicas europeas han sido países más convulsos y guerracivilistas históricamente: Francia, Alemania, Italia, Grecia y los países excomunistas. En cambio las monarquías de los Países Nórdicos, Inglaterra y Holanda han tenido una evolución más estable. El origen de esta diferencia estriba en el modelo de transición elegido por cada una de esas dos Europas para llegar a la democracia liberal. La republicana se ha mirado en la Revolución Francesa: antirreligiosa, rupturista, de agitación callejera, de dominio despótico de la mayoría y escaso respeto por la ley y la división de poderes. En fin, un auténtico modelo de “shock de mordernidad”. La Europa monárquica por el contrario ha sido más de reformismo legal, respetuosa con la religión, amiga de los derechos individuales y partidaria de la división de poderes. España misma ha sido mucho más estable, próspera y libre cuando excepcionalmente ha adoptado el modelo anglosajón, como ocurrió durante la Restauración, o en este último periodo de Juancarlismo, el de mayor democracia y crecimiento de nuestra Historia. Y contrariamente, hemos acabado en disparate o en tragedia cuando hemos emprendido el camino del modelo revolucionario francés, o lo que es peor, el marxista. Ejemplo, las guerras civiles y la I República del XIX, y la infumable II República del XX. En los últimos tiempos sin embargo, volvemos a las andadas. Primero, con el avance del separatismo. Después, con el voto escorado a la extrema izquierda de una nueva España bienpensante y poco formada políticamente. Y por último con la incierta posición del segundo partido constitucional, el PSOE, que se abstiene de votar a favor de aforar al Rey Juan Carlos, y que nos hace entrever el futuro que nos espera si hacemos caso a las declaraciones de los aspirantes a la secretaría del partido a favor de romper el Concordato, de hacer un referéndum sobre la Monarquía, o de realizar una consulta sobre el separatismo catalán. Sólo nos va quedando un centro derecha constitucional, aunque puesto de perfil, algunos grupos -esperemos de futuro- como Ciudadanos y UPyD, y la esperanza de que el electorado recupere la sensatez. Felipe, vuelve.

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