Bipolaridad socialista

El apuntalamiento de la Monarquía y el desafío separatista son las dos encrucijadas de gran calado político que tiene planteada España, sin despreciar los problemas de corrupción y crisis económica que padecemos. ¿Estará el principal partido de la oposición a la altura del reto que se presenta? La pregunta tiene sentido si se tiene en cuenta la bipolar trayectoria histórica socialista, a favor y en contra del sistema al mismo tiempo. El PSOE anterior a González fue siempre desestabilizador si nos atenemos a su programa y a sus hechos: desde la amenaza de atentado a Maura por parte de su fundador Pablo Iglesias al rearme de las Juventudes Socialistas en plena República. La excepción fue la colaboración de los socialistas con la dictadura de Primo (aunque, vaya coherencia). A pesar de esa posición revolucionaria predominante, el PSOE siempre albergó una corriente moderada que abogó por la estabilidad. Ahí está la resistencia del aislado Besteiro, que no de Prieto, a la revolución que los socialistas organizaron, junto a los separatistas catalanes, contra la República en 1934. Esa división socialista, producto de su doble alma sistema-antisistema, fue uno de los factores que llevó a España a la guerra. Es Felipe González el que por fin inaugura un periodo estabilizador de aceptación del consenso constitucional, de socialdemocracia, y de abandono del marxismo. Nunca le estaremos suficientemente agradecidos por ello. Aún hoy, sigue siendo el líder más clarividente y sabio de su partido. Con Zapatero, el PSOE vuelve a las veleidades antisistema: el consenso de la Transición es cuestionado y se promete al nacionalismo catalán un estatuto a su medida. Ahora, tras la derrota electoral y la consiguiente falta de autoridad de Rubalcaba, último felipista, el radicalismo socialista latente reaparece. Que si federalismo, que si pactos con Bildu, que si referéndum por la República, etc. Han hecho muy bien Juan Carlos, Rajoy y Rubalcaba en acordar la abdicación real antes que se vaya el actual líder del PSOE, dada la incertidumbre política que presentan los nuevos líderes de corte zapateresco. Mientras tanto en Cádiz, lo importante es que Marta Meléndez y Francisco González no se hablan.

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