Propósitos para Cádiz

Tenemos que poner sobre la mesa algunas ideas que gobiernan nuestras vidas y que son perjudiciales para conseguir una actitud que haga posible la remontada a la durísima situación que vive Cádiz. La provincia, y en especial su capital, es una zona intervenida administrativamente, como Asturias, Extremadura y otras regiones, que precisamente alcanzan los mayores datos de retroceso. No sólo no hemos avanzado bajo ese modelo de empresa pública y funcionarización, sino que llevamos 40 años en los puestos más bajos de desarrollo. Hemos perdido mucho tiempo con actitudes que esperan de la administración lo que debe estimularse entre la población civil. Hay que incentivar el espíritu empresarial. Es necesario que vayan desapareciendo de nuestros medios y nuestros libros de texto tantas referencias, tantos tics perversos acerca del empresariado. Se debe hablar claro: la riqueza viene de la empresa, propia o ajena, y no del sindicalismo ni de la subvención, que serán complementos, pero no esencia. La verdadera protección del trabajador en estos momentos es no arruinar del todo a los pocos empresarios que tenemos, no dejarlos sin recursos, para que se mantengan o para que en un tiempo puedan desarrollar nuevas ideas que les de a ellos beneficios legítimos y a los demás trabajo no ficticio. ¿Quién si no creara riqueza? El estado sólo la incauta, a cambio de unos servicios obligatorios que nadie quiere cuando se les da a elegir. Hay que explicar que las cosas no suelen durar para siempre. Nada tenemos asegurado. No se venderá todo en todo momento. Los gustos cambian. Aparecen nuevas máquinas más útiles que las anteriores que son abandonadas, nuevas tecnologías que hacen caducas a algunas empresas. Vienen las crisis cíclicas. Esa es la libertad económica, y en ella se basa la prosperidad como concepto. Debemos estar advertidos de todo esto. Y estar preparados para afrontar la competencia y el reto. Es necesario cambiar el modelo de enseñanza que ha predominado estos últimos 35 años. No podemos seguir rebajando el nivel educativo de manera que se pase de curso con asignaturas, ni seguir considerando fascista el exigir disciplina, esfuerzo y mérito. Sólo con esas actitudes remontaremos.

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