BREVE CRÓNICA PERSONAL DE UNA ÉPOCA POLÍTICA (1970-2023) V Empieza la decadencia: el No a la guerra y el 11 M

V Empieza la decadencia: el No a la guerra y el 11 M

A lo largo del segundo mandato de Aznar surgió la izquierda rampante del “Prestige-No a la guerra-jornada del 11 M” que cristalizó luego en Zapatero. Independientemente de la legitimidad o no de la guerra de Irak, tema sobre el que se puede debatir, los defensores de aquellas intervenciones militares han argumentado algo objetivo: que llevar la guerra a la zona asiática de protección del terrorismo ha impedido que se vuelvan a producir atentados traumáticos como los que sufrieron los EEUU. El lema “No a la Guerra” en general, es decir, el no a defender militarmente los intereses y las libertades occidentales inculcó en España una pedagogía falsa y envenenada, que por fortuna no duró mucho tiempo: ahora por ejemplo todo el mundo defiende la defensa militar de Ucrania, salvo los auténticos promotores de aquella consigna, la extrema izquierda.

El slogan tuvo un éxito arrollador de tal forma que nadie osaba manifestar cualquier objeción; un poco como pasa en estos días con el pico consentido del patán Rubiales. La consigna de no a cualquier guerra causó furor porque España había permanecido aislada de los avatares internacionales durante demasiado tiempo. En el mismo Ateneo gaditano se celebró una asamblea en la que todo el mundo estuvo de acuerdo (¡sobre todo la derecha!) en mostrar una pancarta en el balcón con el “No a la guerra”. Mi incomodidad manifiesta me hizo salir de la reunión con mi amigo U. para evitar la división de una entidad que se autodenominaba apolítica, y que siempre lo fue, salvo en ese momento decisivo

Visto desde hoy aquella guerra fue un horror inútil. La democracia no se puede implantar a bombazos, como luego se demostró en otras regiones como Afganistán, Siria o Libia; por cierto, esta última guerra, -especialmente cruel si pensamos como murió el líder Gadafi-, fue apoyada por aquellos supuestos pacifistas, que matizaron que ahora “sí a la guerra”, porque estaba amparada por la ONU. El resultado del conflicto de Libia auspiciado por nuestra izquierda ha sido pasar de un estado pro occidental a un estado fallido.

En realidad, en aquellos días, el no a la guerra fue otra banderita “progresista” más para sacar rédito político. Yo sabia que esas consignas pacifistas tenían un origen comunista, en concreto de cuando Lenin las utilizó con éxito para convertir una guerra exterior impopular contra Alemania (¿qué guerra no lo es?) en una revolución interior, como de alguna manera pasó en España en las jornadas posteriores al 11M.

En efecto, aquella falsa y tóxica pedagogía del rechazo a toda guerra -en realidad a toda guerra liderada por EEUU o Israel y nunca por las guerras propiciadas por comunistas o islámicos- inducida por unos medios adoctrinados desde las facultades de periodismo-leninismo y asumida por los españoles, cristalizó en las malhadadas jornadas preelectorales posteriores al horrible atentado del 11 M del 2004.  Sin entrar en los errores y artimañas de la gestión del atentado por parte del gobierno del PP, mucho peor fue la agitación y manipulación desde la oposición política y mediática que llevó a conculcar la jornada de reflexión electoral y a culpabilizar del atentado, en vez de a los propios terroristas como era obvio, al gobierno democrático del PP por haberse posicionado a favor de la guerra de Irak, hasta el punto de que fueron asaltadas sedes del Partido en toda España, y acosados físicamente los líderes populares, incluso mientras votaban.

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