BREVE CRÓNICA PERSONAL DE UNA ÉPOCA POLÍTICA (1970-2023) IV Los años 90 y el liberalismo. RZP

IV Los años 90 y el liberalismo

En los años 90, en el periódico de referencia para la generación de la Transición y para todos nosotros, El País, aún era posible leer a algunos liberales muy importantes, como Pedro Schwartz, Carlos Rodríguez Braun o Mario Vargas Llosa, éste último como se sabe, continúa. Las lecturas de esos escasos liberales -“neoliberales” en el lenguaje descalificador de izquierda- me llevaron a otros muchos autores, de manera que así llegué al liberalismo, del que no me he movido ya nunca, salvo para situarme lejos del doctrinarismo o del libertarismo, auque éste último me cae en gracia. La diferencia entre liberales y libertarios consiste en que los primeros quieren un estado mínimo, aunque fuerte y compasivo, mientras que los segundos abominan del estado.

Defender con argumentos la economía de mercado, la propiedad, el respeto a los contratos y la libertad individual frente a las reivindicaciones colectivistas y de identidad, sin el apoyo de ninguna institución o partido (nunca quise volver a militar) no era precisamente ir a favor de corriente. Por esa época me llamó por teléfono una periodista para escribir una reseña de una conferencia mía en la facultad de Historia, a la que no asistió: al otro día aparecí en su periódico motejado por primera vez de “neoliberal”, que era el mantra descalificador woke.

Por entonces me abrió sus puertas la Junta de gobierno del Ateneo de I. M., una institución cultural abierta y plural, alejada de los habituales centros de poder. Desde ahí tuve la libertad de traer a la ciudad a los más cualificados liberales del país (Schwartz, Braun, C. Vidal, Pérez-Llorca, etc), y aún estuve a un milímetro de traer a Esperanza Aguirre, entonces presidenta del Senado (algún día contaré qué pasó y quien intervino para que no la trajera el Ateneo). El respaldo mediático sin embargo fue mínimo, como era de esperar.

En los 90, alertado por la (falsa) alarma mediática de que Cádiz se hundía, investigué el asunto y saqué a la luz los datos publicados por el INE y otras entidades donde se demostraba que Cádiz era una ciudad, desde siempre, con unos indicadores de desarrollo por encima del sur español, como los de renta per capita, telefonos, licenciados, coches, kgs de basura, etc…..por habitante. Defender que Cádiz no era la capital del paro, ni tan pobre como Ruanda, que era algo que se publicaba por entonces en todas partes, iba en contra del dogma general, por cierto parido en la propia ciudad. Hoy ya se reconoce que la ciudad goza de rentas por encima de su entorno andaluz y lo único que se le atribuye negativo es la considerable pérdida de población anual pero con el matiz de que esa población se queda en la Bahía buscando lo que en la capital no hay, el chalet o el piso barato. Aún así, Cádiz sigue teniendo una densidad muy alta.

En aquellos años escribía en un periódico de la Bahía que no leía nadie; un redactor o jefe de redacción, que no le gustaba los datos que exponía sobre Cádiz, empezó a cambiar letras y palabras en mis artículos, simulando error, de tal forma que finalmente no se entendía lo que se decía. Por otra parte, al ser poco leído este medio, algunos profesionales de periódicos influyentes me copiaban ideas y propuestas como si fuesen propias, sin riesgos de ser descubiertos. Una vez me enfadé y dí a conocer una de estas fechorías, con mi amigo U., en todas las cartas al director de periódicos provinciales y locales, que por sopresa fueron publicadas con amplia diifusión.

Las ideas liberales me llevaron a apoyar, aunque no siempre, al gobierno del PP. Los liberales son, somos, muy reacios a los políticos, en general dominados por las ideas estatalistas (socialistas) y de interés propio, como seres humanos que son. Naturalmente los liberales procuran defender a los que más se acercan a la filosofía de la libertad individual: mínimos impuestos, buena administración y control del gobierno… Curiosamente, pocas veces se ponen de acuerdo en concretar la defensa de uno u otro grupo político. Al respecto Daniel Lacalle hizo una reflexión que viene a colación. «¿Hay liberales en el PP? Si. ¿El PP es liberal? No. ¿Hay liberales en C´s? Si. ¿Es C´s liberal? No. ¿hay liberales en Vox? Si. ¿Es Vox liberal? No. ¿hay liberales en el PSOE? No. ¿Es liberal el PSOE? No. Sin embargo en aquel momento parecía que hubo un cierto consenso en apoyar el gobierno del PP aunque de forma crítica.

Hoy muchos analistas consideran el gobierno de Aznar como el mejor de toda la democracia (sin desmerecer la contribución de González y Rajoy): se ilegalizó a Batasuna, se acabó policialmente con ETA, España adquirió un protagonismo internacional insólito hasta entonces y se volvió por el camino del crecimiento económico, el empleo y el control del déficit. También hubo sombras, como las cesiones a los nacionalistas catalanes y la corrupción, menor que la del PSOE, no obstante.

El hecho de no pertenecer a ninguna de las redes clientelares de Cádiz, y en este caso de las universitarias, hizo que me ocurriera lo siguiente. Me presenté a una plaza de profesor asociado a la Universidad y era el que sin duda tenía más puntos posibles según baremo público: cursos, publicaciones, seminarios, congresos, diploma estudios avanzados (antigua tesina), etc. Sin embargo me pusieron un cero, porque en el proceso de baremación y sin previo aviso, cambiaron el requisito de titulación: de siempre había sido el de lcdo en Historia (todos los del departamento lo eran) y desde ese momento fue Economista. Menos mal que el deseo de enseñar en la facultad lo sacié al jubilarme, dando clases en la universidad de mayores, ante más de 100 supermotivados alumnos…

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