Hoy toca analizar la oferta electoral andaluza. Por el centro izquierda se presenta un PSOE que lleva gobernando Andalucía 33 años con el resultado conocido: el paro más alto de Europa, los más importantes casos de corrupción en España, una sanidad colapsada, el mayor fracaso escolar, y la ocupación del espacio social andaluz por parte de los afines al Partido. Su inmensa fuerza estriba en la influencia clientelar que tiene en los grandes pueblos rurales de Andalucía, y en la propaganda de sus potentes medios y organizaciones afectas. Su oferta, retórica, es más de lo mismo: aumentar toda clase de “derechos” para el votante con cargo a unos impuestos casi confiscatorios que asfixian a familias y empresas. No me voy a parar mucho en las opciones populistas de IU y Podemos, pues presentan unos remedios ruinosos y tiránicos archiconocidos y sufridos ya por muchos países. Unos remedios mucho peores que la enfermedad que denuncian. Hoy se tiene amplia información disponible al respecto. Hay tres grupos que presentan un programa novedoso y parecido, en el sentido de defender claramente la unidad de España, la Constitución, y de mezclar equilibradamente propuestas socialdemócratas y liberales. Me refiero a Ciudadanos, UPyD, y Vox. Si se hubiesen presentado unidos habrían sido una alternativa seria para los dos partidos mayoritarios, dada su moderación y alejamiento de la corrupción imperante. España, y sobre todo Andalucía, necesitan un nuevo imaginario político que sustituya el populismo de ofrecer al votante toda clase de “beneficios” -caros y obligatorios-, por una sociedad más libre, competitiva, y dependiente de sí. De los tres grupos, especialmente Ciudadanos ofrece un tránsito realista de un modelo de sociedad a otro, incentivando a empleadores y ahorradores. El PP tiene a su favor el haber colocado a España en el lugar de la recuperación sólo con políticas austeras y reformas bien encaminadas, aunque no decididamente liberales. También ha manejado con habilidad los embates del independentismo, un movimiento que parece decaer ante la táctica legalista y templada de Rajoy. Tiene en su contra la corrupción, aparecer como culpable de los recortes andaluces, un líder desconocido y no contar en Andalucía con una corriente modernizadora, como el Esperancismo.