Aniversario de Hinojosa, el poeta surrealista malagueño asesinado por milicianos / Se puede ser viejo / Aquel silencio del Carranza cuando el Mago cogía la pelota / Rumbitas en el bus al centro.

***Tal dia como hoy, un 17 de octubre de 1904, nació en Málaga uno de los poetas más innovadores pero menos reconocidos de la generación del 27: José María Hinojosa Lasarte. Varios rasgos le caracterizan: Trae el surrealismo a España desde París, donde había vivido un año; codirige la revista Litoral (fundada por sus paisanos malagueños Altolaguirre y Prados) en su segunda etapa de 1928; y escribe una obra de gra originalidad, en especial su libro La flor de California, de 1928, que rompe con la lógica convencional de la literatura de entonces y lo consagra como un gran surrealista. Fue amigo de Aleixandre, Lorca, Alberti, Cernuda, Altolaguirre, Buñuel, Picasso, Moreno Villa, Prados y Dalí, a quien invita junto con Gala a que vayan a Málaga. Dado su origen aristocrático y de costumbres conservadoras (la mayoría de los del 27 eran «señoritos»), las extravagancias de Dalí y Gala le producen verguenza ante sus paisanos por lo que Hinojosa se los lleva a Torremolinos, donde los establece un tiempo.

Tras viajar a la URSS con Bergamín (futuro comisario comunista en la guerra, junto a Alberti) viene desencantado de la experiencia soviética, ideología de moda entre muchos de su generación. Esa decepción marcará su distancia del grupo y su aislamiento posterior. Su vocación política conservadora le producirá una «cancelación» de décadas, sobre todo en relación a las demás figuras del 27: como dice Trapiello, la izquierda cultural perdió la guerra, pero ganó los manuales de literatura y la prensa. José María Hinojosa fue asesinado por milicianos anarquistas y socialistas el 22 de agosto de 1936. Que se sepa no hay ninguna película dedicada a su figura en estos 90 últimos años.

***Como dice un amgo, se puede ser viejo. Y se puede ser pobre. Lo que no se puede de ninguna manera es ser viejo y pobre.

***Todo el mundo habla del silencio de la Maestranza, y yo lo he vivido. Estremecedor. Cuando Curro cogía los trastos e iba con ganas hacia el toro, no se oía una mosca en la plaza. Ahora pasa con Morante. Salvando todas las distancias, ese silencio lo he vivido yo en Cádiz en el estadio Carranza (me importa un pito como se llame ahora). Cada vez que el Mago cogía la pelota y encaraba al contrario, el estadio sabía que iba a pasar algo y callaba. Era un silencio tan atronador como el de la Maestranza. Al final, como en el coso sevillano, salían a relucir los pañuelos blancos de homenaje a Mágico por el jugadón que acababa de hacer.

***El otro día en Sevilla, un conductor de autobús no nos abrió la puerta a tres personas porque la gente se había concentrado en la parte delantera, mientras que la parte de atrás permanecía vacía. Nos quedamos en tierra, con gran coraje. En fin, algo muy común. Pero no iba a eso sino a que una vez más se cumplió lo de no hay mal que por bien no venga. Resulta que en la parte de atrás del bus que llegó diez minutos después, dos gitanitos del extrarradio estuvieron cantando todo el trayecto por rumbitas flamencas, con un quejío, una voz de bronce y un paladar dificil de encontrar entre profesionales. Y encima con letras graciosas propias: «talento, hay que tener talento, para ganarse la vida, con mi guitarra en el centro». «Olí, Olá, cada día te quiero más, porrito viene, porrito va». Me alegraron el viaje. Desde ese día pongo con frecuencia esas rumbas en mi spotify.

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