***Las peores corrupciones de este gobierno han sido:
Cambiar gobernabilidad por impunidad (amnistía). Indultar a políticos delincuentes de su partido. Sacar etarras de la cárcel para tener contento a su aliado Otegui. Continuar y ampliar la política de memoria que revive el enfrentamiento de los españoles. Colonizar el estado, incluido el TC. Supeditarse a Marruecos. Abrir Gibraltar sin contraprestaciones. Someter la política nacional a los enemigos separatistas de España. Elevar la deuda española a la cota más alta de la Historia. Conseguir que España sea un estado fallido (trenes, aviones, vivienda, enseñanza, sanidad, incendios, inundaciones…). Provocar el efecto llamada de la inmigración desordenada.
Y luego, importante, pero menos, está lo de las joyas de Zapatero, Ábalos, Cerdán, los puteros, la mujer y el hermano del presidente, etc.
***No se usan siempre los mismos criterios a la hora de “cancelar” a grandes personalidades del arte, la cultura o la política que supuestamente han cometido graves errores en sus vidas.
Desde que se publicó el libro del historiador y periodista Paul Johnson, “Intelectuales”, (en España tarde, 2009) sabemos de los decepcionantes comportamientos personales de importantes ídolos de la izquierda que predicaron elevados ideales de vida. Sartre justificó los crímenes comunistas rusos y manipuló a sus parejas y amantes. Hemingway, mentiroso, alcohólico y egocéntrico, fue cruel e infiel en su trato con las mujeres. Tolstoi hizo sufrir a su esposa y familia con sus exigencias morales y sus cambios de comportamiento. Pero ninguno ha sido cancelado. Paul Johnson, que escribió un libro fundamentado y serio, fue conocido sólo en círculos intelectuales minoritarios y no se le hizo demasiado caso por su condición de liberal-conservador, apartado del mainstream cultural. El tradicional control de los recursos, medios e instituciones culturales por parte de la izquierda ha proporcionado a sus santones una posición moral por encima del bien y del mal.
El actual feminismo de ajuste de cuentas, sí ha conseguido que algunos gurús izquierdistas hayan sufrido merma en su prestigio, como Picasso y Neruda (que abandonó a su mujer y su hija hidrocefálica en plena guerra civil). La enorme influencia sociopolítica de estos grupos misándricos ha logrado que incluso personajes absueltos por la justicia (Woòdy Allen) sean silenciados, lo que da idea de la peligrosidad inquisitorial de estas proscripciones, que a veces dejan en pañales las condenas eclesiásticas de otros tiempos.
Pero gran parte del feminismo de hoy sigue siendo más rojo que feminista, y mira para otro lado cuando las figuras a criticar son referentes “progresistas”. Marx explotó a las mujeres que le rodeaban y metió en el hospicio al hijo que tuvo con su criada y que no reconoció, y Rousseau escribió de educación (el Emilio) y bondad mientras metía a sus hijos en la inclusa. Ninguno ha sido cancelado, por ahora.
Hace poco, el cantante español de fama mundial, Julio Iglesias, considerado referente de la derecha sociológica, ha podido zafarse por los pelos de las falsas acusaciones de abuso de dos extrabajadoras domésticas, tras descubrirse grabaciones posteriores en las que se manifestaba las buenas relaciones de éstas con el cantante. Las ONGs que incitaron este caso perseguían claramente un escándalo internacional que distrajera a los españoles de las graves corrupciones de su gobierno, además de manchar a un prototipo de personaje conservador.
De todo lo anterior se deduce que las cancelaciones son selectivas, son susceptibles de utilización política y acoso mediático, y tienen éxito si el “cancelador” está situado del lado de la corrección política, salvo raras excepciones.