Israel cuando mancha. Salvador Sostres

Somos cada soldado del ejército, porque rechazamos la violencia y, sabemos que suele ser necesario usar la fuerza para detenerla

Ridículo de Laporta, apoteosis del Barça

Nuestro cuello

Salvador Sostres

Salvador Sostres

17/09/2025
Actualizado a las 22:44h.

AIsrael, como a la libertad, hay que defenderla cuando es difícil, cuando muy pocos o casi nadie la entiende. Cuando mancha. A Israel hay que amarla cuando duele, cuando sangra, como amamos lo que es difícil y como nosotros hemos sido amados en nuestra miseria y nuestra vergüenza, y redimidos, y salvados.

Las hordas, la persecución, la propaganda. Hay que ser judío, sobre todo los que no lo somos, cuando los judíos vuelven a ser señalados, marcados, escupidos, expulsados. Hay que vestir el parche amarillo con orgullo. Hay que tatuarse el número en el brazo.

En esta hora en que la gran causa de la humanidad vuelve a ser pisoteada, hay que volver a dar sentido a nuestro amor y a nuestra esencia de hombres libres, sufriendo con el hijo profundo. Hay que resistir en el dolor y en la incomprensión de ver cómo odian a nuestras familias más de lo que aman a las suyas, y hasta su muerte les parece un precio aceptable con tal de exterminarnos. ¿Qué es genocidio? Y tú me lo preguntas.

Contra el miedo y contra la misma maquinaria de exterminio que se ha vuelto a poner en marcha, somos la libertad y la angustia que cuesta defenderla, los que hemos aprendido que la paz es ganar las guerras y que, cuando los pueblos libres capitulan o eluden el conflicto, no es la paz sino la muerte. Somos cada soldado del ejército y cada disparo, porque rechazamos la violencia y, tristemente, sabemos que suele ser necesario usar la fuerza para detenerla. Somos la tecnología armamentística más sofisticada y precisa para salvar cuantas vidas inocentes podamos de la retorcida perversión de Hamás, que las usa de escudos humanos.

No somos una facción, un partido o un bando. No somos una opinión o una pedrada en la calle. Somos Israel porque somos España y Europa. Somos judíos porque somos católicos. Somos David porque somos Jesús. Somos el centro del mundo porque somos cultos, educados y civilizados, y trascendentes. El derecho de defenderse es en realidad un deber.

Somos los perseguidos por todas las tiranías de todos los tiempos, el enemigo propicio de todos los sátrapas que han negado al Hombre; el pueblo elegido, pero elegido también por todas las categorías del mal, que saben nuestro nombre y dónde vivimos y nunca nos han ahorrado ningún horror.

Mientras los socialistas usen a sus cómplices como cortinas de humo contra el hombre libre, como adorno para las extorsiones y la mugre habitual, el Estado obtendrá beneficios de la desgracia privada; y el problema, después de cualquier revolución, es qué hacer con tus pistoleros. Somos los que golpeamos las portaladas de lo oscuro, somos esperanza. «Casandra, tus ojos son como los de los tigres, ninguna luz los atraviesa».

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