Resulta complicado hoy en Andalucía exponer los aspectos más polémicos de la trayectoria de Blas Infante, aspectos que por desgracia fueron los predominantes. Blas infante es hoy venerado como el padre de la “patria andaluza” por las principales fuerzas políticas y da nombre a numerosas entidades, calles, colegios, etc., de Andalucía. Su asesinato por parte del bando franquista en la guerra contribuyó a la idealización de su figura.
Infante estuvo toda su vida fascinado por la cultura árabe, según él generadora de la cultura de Andalucía, región que consideraba debía ser una patria distinta y federada a España. Inventó para Andalucía la bandera que procede de almohades y omeyas, por cierto, bandera de guerra, y tomó de los anarquistas, con quienes simpatizaba, parte de la letra del himno andaluz actual, como lo de “pan, tierra y libertad”. Visitó en época de guerra, la tumba de Al Mutamid, en Marruecos, donde algunas fuentes dicen que se convirtió al Islam, aunque la familia lo niega. Fue cómplice de las ideas de los nacionalistas gallegos, vascos y catalanes. Visitó en la cárcel de El Puerto a Companys, el jefe del golpe independentista catalán contra la República de 1934, en una muestra de solidaridad con sus postulados. Propuso “reconstruir un alfabeto en andaluz”. Se hizo construir una casa árabe en Coria a la que denominó Dar al-farah o “Casa de la alegría”, -que merece la pena ser visitada a través de Google-, donde ubicó su notaria. Aunque es verdad que en esta época florecieron los nacionalismos utópicos generadores de conflictos, en muchos casos graves, también lo es que frente a este tipo de soñadores, fueron mayoría los pensadores y políticos sensatos, como Melquíades Álvarez, Clara Campoamor, Besteiro, el Lerroux de los años 30, Ortega, Pérez de Ayala o Gregorio Marañón.
Especialmente en Cádiz resulta delicado exponer los rasgos más controvertidos de la vida política de una figura mitificada en la ciudad, Fermín Salvochea. Como en el caso de Blas Infante en Andalucía, en Cádiz existen calles, nombre de premios, asociaciones, colegios, etc., dedicados al que fue alcalde anarquista de Cádiz, a la que declaró cantón independiente junto a San Fernando, según votación municipal. El que suscribe vivió ese respeto de la ciudad por su figura en época de juventud, cuando en el cementerio civil se le hacía un homenaje casi clandestino por algunas personas, entre las que recuerdo a Chico Coto. Allí se daba un viva Cádiz que yo interpretaba como una reminiscencia del cantón o de la evocación de una ciudad que aspiró a ser hanseática.
Sin embargo, su trayectoria fue en gran modo un disparate político. Algunas de las medidas emprendidas por Salvochea a lo largo de su vida fueron: la eliminación de todo símbolo religioso en las calles, la supresión de la enseñanza religiosa, el derribo del convento de la Candelaria en la plaza actual del mismo nombre y la iniciativa de subastar la Custodia del Corpus, o en su defecto fundirla, para pagar el armamento que pensó en comprar para los voluntarios gaditanos, cosa que no pudo llegar a realizar.
Dirigió el segundo batallón de voluntarios gaditanos contra las fuerzas gubernamentales en los famosos “tres días de fuego” de diciembre de 1868, lucha que produjo más de 50 muertos según diferentes fuentes.
Participó en actos terroristas incluso en un complot contra el rey, del que fue absuelto. En total pasó 18 años en la cárcel por delitos de violencia política.
En ocasiones, la actitud de Salvochea ha sido justificada en nuestros días, como en el caso de Blas Infante, aduciendo a que era el signo de la época. Pero en aquellos tiempos, como en los actuales, el comportamiento violento fue propio de grupos minoritarios, utopistas y mesiánicos. La inmensa mayoría de los servidores públicos o pensadores fueron sensatos y moderados.
Tuvo fama de ser hombre de honor, noble y bueno, y de hecho a su entierro acudió un gentío impresionante, como se puede constatar a través de fotografías y fuentes de la época.