Este artículo sobre el PC estudiantil de la clandestinidad lo escribí en 2014. Hoy lo recupero, pero le añado un comentario explicativo de lo que pasó tras esa etapa.

Tras «la salida a la luz» y su posterior legalización, el PC que conocíamos, el de la universidad de Cádiz y Sevilla, tuvo acceso a otros PC comprovincianos de pueblos de gran tradición comunista, como Trebujena o Sanlúcar, etc., en su mayor parte formado por una militancia que lejos de ser partidaria del eurocomunismo albergaba los tics menos democráticos del pasado del partido. Lógicamente ellos eran la columna vertebral de la organización y copaban los puestos de dirección. Para la clase media -y alta- universitaria que nos seguía en Cáddiz, conocer esas «esencias» fue una decepción grande. Entre eso, las lecturas de Semprún y Claudín, los viajes al Este, la amplliación de los conocimientos históricos y el llamado centralismo democrático que nos imponían, que no era más que el ordeno y mando de siempre, pero peor, algunos empezamos a despegarnos. A pesar de eso, la dirigencia reconcentrada comunista, en las primeras elecciones del 77, como consecuencia de mi prestigio entre los trabajadores del campo (ja), me incluyó sin consultarme en un mitin del partido ¡en Paterna!, pueblo dignísimo al que no he tenido la suerte de ir en mi vida. Tampoco entonces, pues me pareció un engaño y me negué a ir a tal mitin. Ahí está la octavilla que lo anuncia.

A pesar de que la mayoría de mi entorno nos fuimos marchando (recuerdo a Pepe Vera y Ubaldo Cuadrado, ambos tristemente fallecidos, como los que más tiempo aguantaron: años), tengo que reconocer que no abandoné la izquierda del todo hasta los primeros años de los noventa. Ya nunca militando, pero si votando, leyendo y comprando el periódico que todos los días se independiza de la mañana. Paradojicamete fueron tres autores liberales que escribian en el Pais (sí, sí, créanlo) los que me sacaronde la izquierda: Pedro Schwartz, Carlos Rodríguez Braun, -ambos prologuistas de sendos libros míos-, y Mario Vargas Llosa, a quien conocí en Sevilla.

El PC estudiantil en la clandestinidad

25 de febrero de 2014

Está por hacerse la pequeña Historia de la clandestinidad antifranquista en Cádiz, y concretamente de aquel PC universitario de principios de los 70, que aglutinó a los estudiantes de mayor inquietud intelectual. De vez en cuando aparecen listas de militantes de entonces en las que siempre se nombra a los mismos (algunos militantes de base mezclados con ciertos dirigentes de influencia), y en las que rara vez son incluidos los que posteriormente han sido críticos con la izquierda. La mejor aproximación a aquel tiempo la hizo el malogrado profesor Chivite, a pesar de que no fue un estudio en profundidad, sino un capítulo para una Historia de Cádiz; pero al menos se hizo con rigor, sin seleccionar a los militantes clandestinos de oídas, o en función de simpatías o antipatías personales y políticas posteriores. Ocurre que hay muchos que dicen haber estado en aquel PC sin que se les viera ni por asomo. Se puede dar nombres. Siempre recuerdo a mi amigo Frau Atero cuando algunos de los progres carrozas actuales dicen que no estuvieron en aquella lucha porque eran muy jóvenes. Creo que él nació en 1956 y perteneció al Comité de Facultad. Otros de los que presumen de aquella militancia llegaron bastante después de la muerte de Franco, cuando muchos de los que estuvimos en la clandestinidad ya formábamos parte del llamado “desencanto”, título de la película de culto de los Panero que dio nombre a esa época posfranquista (“contra Franco vivíamos mejor”). Aquel PC que incorporó a la intelligentsia española, en nada se parece a la casposa izquierda posterior, de retórica pancartera. Respondía más bien al concepto de “intelectual colectivo” de Gramsci y Togliatti. Recuerdo que algunos de los que formábamos parte del Comité Universitario veníamos de un “seminario”entre amigos que se propuso estudiar la Historia de la Filosofía, y que terminó estudiando el marxismo a fondo. Era el partido antifranquista de mayor presencia, por lo que reclutó a un gran número de estudiantes, en realidad ávidos de democracia. Pero aquel eurocomunismo – tímido camino emprendido entonces por el PC hacia la única opción de izquierdas aceptable en democracia, la socialdemocracia-, duró poco.

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