***He leído páginas deliciosas de Trapiello acerca de las generaciones del 98 y del 27, sobre las vanguardias artísticas y en especial sobre Ramón Gaya. Como siempre, nos da una visión personal e independiente de los criterios dominantes todos estos años, y destaca figuras que han estado en el ostracismo cultural, como Ramón Gaya (ya lo hizo antes con Chaves Nogales, etc.).
Dice Trapiello que El 27 fue vanagloriado desde el principio de la Transición porque fue reconocido como la generación de la glorificada República (en realidad lo fue de antes, de la Monarquía). Tanto el gobierno del PSOE, las fuerzas de izquierda de pueblos y ciudades, y las élites culturales como editoriales, universidades, etc., destinaron grandes sumas de dinero en propaganda y en organizar todo tipo de eventos sobre ellos, nombrar centros docentes, calles, etc.
Al 98 poe el contrario se les miraba como a unos zapatos viejos. Trapiello sin embargo defendió desde joven a los del 98 a los que consideraba literariamente “a seis mil pies de altura de los veintesietemesinos”. Por eso cuenta que cuando conoció a Ramón Gaya fue un regalo para él, porque aunque pertenecía al 27 se le consideraba noventayochista, se había opuesto y combatido a las vanguardias, era un solitario, adoraba a JRJ y fue uno de los pocos exiliados que no se victimó y no trató de sacar ventaja de su situación, además de haber preservado su vida de los centros de poder cultural.
Ramón Gaya, muy joven, tras volver de París y a pesar de haberse codeado con Picasso, Gris, etc volvió con la creencia de que las vanguardias estaban muertas.´
Cuenta Trapiello que en el exilio mejicano sobrevivió al “linchamiento” que le organizó Diego Rivera, Volvió varias veces a España pero no se instaló en ella hasta la muerte de Franco. Su pintura figurativa y lírica le había mantenido al margen de las modas mayoritariamente abstractas. Habló poco de los años 30 y del 27; de Alberti dijo que era mejor no hablar de sus poemas políticos y sociales. Alberti se extrañó de que siendo ambos vecinos de Roma durante 20 años, no fuese a visitarlo nunca.
Ser abstractos durante el franquismo convirtió a los pintores que se quedaron en España en una izquierda de salón tolerada que tomaron un gran auge y se enriquecieron, al contrario paradójicamente que los pintores exiliados, y que los literatos del interior. El testimonio de los pintores figurativos de Madrid, que vivieron un exilio interior, así lo confirma. Si se quiere conocer un poco la escritura de Ramón Gaya, sobre todo referida a la pintura, se puede pinchar en este enlace del Instituto Cervantes:
https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/antologia–10/html/001975d8do -82b2-11df-ac002185ce6064_3.html#I_14_
***Es sorprendente oir hablar de terraplanismo a un socialista. El socialismo es terraplanista y lo es porque la Escuela Austríaca, entre otros, demostró que es imposible el cálculo de asignación de recursos en el socialismo. Fue Mises quien probó que sin la propiedad privada de los medios de producción no hay mercado, y por tanto no hay precios que permitan calcular cuales son los proyectos más eficientes.
Hayek amplió las tesis de Von Mises: El conocimiento para coordinar la economía está disperso entre millones de personas. Los precios son las señales que transmiten esa información, algo que no se puede sustituir por la planificación estatal central.
El español Huerta de Soto por su parte desarrolló estas teorías destacando el papel del empresario en este proceso de descubrimiento del conocimiento.
Israel Kizner hizo hincapié en el papel decisivo de la competencia empresarial. Otros autores a consultar son Murray Rothbard y Don Lavoie.
Se puede oir en relación a estas ideas el podcast de la entrevista de Juan Ramón Rallo al profesor Vicente Moreno, en la que se habla también de los precios como incentiros, y del papel de la IA al respecto.
***El filósofo Quintana Paz nos ha recordado en estos días la importancia de la gran Escuela de Salamanca, mencionada por el Papa León XIV como una de las grandes herencias de España. Precisamente este año celebramos su quinto aniversario (el PSOE se ha negado a su conmemoración).
Además de reflexionar sobre los fundamentos de la política, la Escuela de Salamanca, tras las diversas preguntas que planteaba la conquista americana, dio lugar a respuestas brillantes que son consideradas nada menos que el origen del Derecho Internacional o “Derecho de gentes”, con el dominico Francisco de Vitoria a la cabeza, cuyo busto adorna los jardines de la ONU en Nueva York. Y también, mucho antes que Adam Smith, De Covarrubias, De Molina y Martín de Azpilicueta conformaron las bases de la Economía moderna, la teoría de la subjetividad de los precios, la inmoralidad de la inflación, la teoría monetaria y el análisis económico científico.
Con ser todo ello tan importante para la historia del pensamiento, uno de los principales logros de los salmantinos fue establecer que el “valor irreductible” de la persona (hoy hablaríamos de dignidad, de derechos individuales, y la Iglesia de “dignidad infinita”) está por encima del poder, incluso cuando éste lo ejercen las mayorías. Las diatribas teológicas de Domingo Báñez, Luis de Molina, Domingo Soto y Melchor Cano, establecieron que el irrenunciable valor sagrado de cada ser humano, (como ya se dijo en el Génesis, hecho “a semejanza divina”), pone límites al poder. Se trata de logros filosóficos considerados de carácter universal.
Sin embargo, la filosofía política que se impuso en gran parte en los siglos venideros olvidó estos principios, ni Rousseau, con su infalibilidad de la “voluntad general”, y aún menos los revolucionarios y totalitarios de los siglos XIX y XX, aceptaron que el valor intrínseco de la persona tenía que poner límite al poder. De ahí lo pertinente del recuerdo de la filosofía salmentina por parte de León XIV ante las mayorías políticas parlamentarias en España.