***Vuelve en estos días en la prensa de Cádiz el discurso de lo bueno que sería para la juventud gaditana dedicar el tiempo al estudio en vez de a sus tradciones de Carnaval y Semana Santa. Es una reflexión errónea, no son actividades incompatibles. La idea es antigua, empezó a usarla Quiñones para el Carnaval, y hoy se dice sólo para la Semana Santa (porque parte del anticristianismo militante y anacrónico). La realidad revela que no es contradictorio ser un buen estudioso con ser cargador de paso, o con salir en un coro. Si hablamos de Carnaval, sólo en el coro de Julio Pardo Carrillo hay varios médicos, ingenieros, abogados… Sin ir más lejos el propio Julio Pardo Carrillo es ingeniero de telecomunicaciones. El Canijo es ingeniero informático, Antonio Rivas es abogado, creo recordar que Morera, el de los cuartetos, es informático, etc. etc. Conozco menos gente de Semana Santa pero entrevisté a un gran cirujano cardíaco, Aníbal Bermúdez, que era cargador de pasos e imaginero.
Si se trata de mencionar algo perjudicial para el crecimiento de la juventud gaditana hablaría de apartarla de las creencias del victimismo identitario, ésas que hablan todo el tiempo de «derechos» de grupos particulares, y nunca de deberes, esfuerzo y mérito.
***La madurez política también consiste en aceptar el uso de la fuerza ante una amenaza superior, como es la de un régimen despiadado que mata a su gente (30.000 manifestantes mató el régimen de los ayatolás) y amenaza a los países circundantes, especialmente a Israel. Como se dice en The Objective, no intervenir también produce muertos. Los que llevan décadas mirando para otro lado en Venezuela, Cuba o Irán y ahora se escandalizan ante la intervención americano-israelí trabajan para el enemigo (quiero creer que por ignorancia) y en contra de quienes defienden y protegen la forma de vida occidental.
Un ejemplo claro que todo el mundo vió sobre la grave inmoralidad de no intervenir se produjo en la Yugoslavia de los 90. Ante la pasividad de Europa, la OTAN bombardeó a los genocidas con el objetivo de parar la masacre, sin autorización de ONU.
***Que no digan que es ahora, con Trump, cuando no hay reglas internacionales. En los últimos cincuenta años ha habido innnumerables guerras ilegales sin que la izquierda haya dicho nada, salvo si participaban EEUU e Isrrael, los dos países más comprometidos en la defensa del modo de vida occidental. En las últimas décadas, varios mandatarios europeos como Mitterrand, Blair, Hollande, Schroders, Sarkozy, Chirac, Berlusconi o Aznar, -la mitad son de izquierda-, han incumpllido la legalidad internacional en el sentido de no haber pedido autorización formal para intervenciones bélicas al Consejo de Seguridad de la ONU.
***Dicho todo lo anterior sobre la justa procedencia moral de la guerra de Irán, se debe añadir que además de justa, la guerra necesita estar calculada de forma que el daño sea proporcional, el sacrificio merezca la pena y sea el menor posible, no haya consecuencias graves a nivel internacional y la victoria sea eficiente. Aquí es donde las dudas comienzan a aparecer. Irán utiliza el recurso de impedir que los barcos petroleros pasen por el estrecho de Ormuz, lo que producirá una crisis energética y económica internacional que irá a su favor y en contra de los intervinientes, especialmente contra Trump, según pase el tiempo. Por otra parte si no hay cambio de régimen, la amenaza regional de Irán seguirá y será una derrota política para Trump que no puede enviar tropas americanas sobre el terreno porque prometió no hacer guerras como las de Afganistán o Irak, y porque la opinión americana está en contra. Parece que esta vez Marco Rubio no midió bien esta operación, a menos que haya datos que desconcemos.
***Fue bonito verle la cara descompuesta de Guardiola el otro día que el Madrid, sin las grandes figuras, le dio un baño al City en Champions. Una pena lo del penalty de Vinicius, muy mal tirado. Hay que aguardar a la vuelta y ser prudentes, porque todo puede pasar.