Tenemos fiebre. «El pacifismo es la ideología de los que prefieren que los tiranos permanezcan en sus palacios para masacrar a su pueblo, hambriento y desesperado…No es un debate energético. No es un debate ambiental. No es un debate sobre el bienestar de mujeres y hombres. Es un ataque deliberado a nuestro modo de vida.» Salvador Sostres

El «no a la guerra» nunca se ha agitado en favor de los soldados que dan la vida en las más dramáticas fronteras para que podamos continuar viviendo en paz

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Tenemos fiebre
(Ilustración: Gabriel Sanz)
Salvador Sostres

Salvador Sostres

11/03/2026 Actualizado a las 21:01h.

Von der Leyen ha dicho que abandonar la energía nuclear fue un error estratégico. Evidentemente lo fue. Pero el gran error fue ceder a la propaganda ambientalista, feminista e indigenista que el marxismo –sobre todo desde Cuba– puso en ondulación cuando cayó el Muro, para mantener su hegemonía cultural y política. La enfermedad de nuestra sociedad viene de aquella devastadora infección. La extrema derecha no existe pero tenemos fiebre.

Nada ha sido casualidad, nada ha sido inocente. Ha habido una maldad al cargo de nuestra destrucción. Los que hoy invocan al derecho internacional para oponerse a la liberación de Irán o Venezuela son los que decían que en los médicos de La Habana era mejores que los de Europa o que en Rusia hasta el más humilde obrero era culto y se sabía de memoria a Tolstoi o a Gorki.

Discutir la necesidad de la energía nuclear -entre otras tantas, las necesitamos todas- no es un debate energético, tal como la ideología feminista nada tiene que ver con los derechos de las mujeres. Nos quieren arrebatar el gusto de vivir. Nos quieren desligar de nuestra trascendencia. Quieren destruir el vínculo familiar y la esencia misma del hombre libre.

Su obsesión es sustituir a Dios por el Estado. Sustituir el alma por las masas. Su fanatismo es un delirio, una locura que, debidamente disfrazada de causas aparentemente solidarias, ha podido sobrevivir a lo largo de los siglos sin que nadie se atreva a señalarla como la atrocidad que en realidad es. La gran tara de nuestra era, lo que nos mantiene atados como Nicole Kidman en ‘Dogville’ a la rueda, es que continuamos aceptando el mayor crimen jamás cometido contra el Hombre como un pensamiento político homologado y una posible solución a nuestros problemas.

Los derechos de los animales los defienden los abortistas. El pacifismo es la ideología de los que prefieren que los tiranos permanezcan en sus palacios para masacrar a su pueblo, hambriento y desesperado. El chavismo e Irán alimentaron a Podemos. Delcy compraba a Sánchez antes de que Trump la comprara a ella. El ‘No a la guerra’ nunca se ha agitado en favor de los soldados que dan la vida en las más dramáticas fronteras para que podamos continuar viviendo en paz en nuestras democracias avanzadas y duraderas.

No es un debate energético. No es un debate ambiental. No es un debate sobre el bienestar de mujeres y hombres. Es un ataque deliberado a nuestro modo de vida. Es un resentimiento heredado. Es un odio irracional contra lo que nos identifica como humanos y nos distingue de las bestias. Es la misma guerra que llevamos librando desde el belén. Y siempre al límite, en el abismo, porque el mal es el precio que Dios paga para que podamos ser libres y buenos.

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