Juan Carlos, con todas sus virtudes y todas sus faltas, me parece uno de los mandatarios más interesantes que ha tenido España
Las guerras se ganan
Un puente sobre los muertos

26/11/2025
Actualizado a las 19:50h.45
El Rey Juan Carlos ha dicho que no se arrepiente de lo que hizo y yo digo que tampoco me arrepiento de que fuera mi Rey. Ni lo juzgo ni siento por él nada que no sea un profundo agradecimiento. Me gusta Juan Carlos, me siento privilegiado de ser su súbdito y pienso que a las personas hay que tomarlas enteras, y no por partes. Y el Rey entero, con todas sus virtudes y todas sus faltas, me parece uno de los mandatarios más interesantes que ha tenido España. Me gusta, claro que me gusta Juan Carlos. Y ni reniego de él, ni me siento nadie para establecer juicios sobre sus aspectos más mundanos. Un rey no es un ciudadano. Un rey es Historia tensada con la eternidad y aborrezco esta moda tan espantosa de pedir a la Historia que se disculpe por los siglos.
Nuestro drama es que ya nunca agradecemos nada. A todo le encontramos defectos y las virtudes no las resaltamos. ¿Cuál fue la última vez que en nuestras oraciones, en una sobremesa con los amigos o en una carta al director de ABC, dimos las gracias al Rey por la libertad que nos ha procurado? Somos unos ingratos y nos va mal porque todo lo trituramos. Todo lo sometemos al microscopio de una pulcritud que luego somos los primeros que no podemos acreditar. Nos atrevemos a dar lecciones de cualquier cosa desde el sofá barato de nuestra gran tranquilidad. ¿Qué hicimos nosotros mientras el Rey se jugaba el tipo contra toda clase de dificultades? ¿Has pensado alguna vez cómo sería tu vida sin él? No sé si los que hoy con tanta arrogancia se atreven a despreciarle habrían tenido entonces la valentía que él tuvo, la temeridad, la fe en que el pueblo español merecía ser inequívocamente libre. Dios también la tiene, aceptando el terrible precio de sangrar cada vez que nos equivocamos.
Soy monárquico porque soy católico y porque pienso que Rousseau es el hombre más equivocado del mundo. Soy monárquico porque en última instancia la genética es más fiable que la democracia. De todos los que insultan al Rey, no he conocido a nadie mejor que él. Sin aceptar los defectos de los demás no podemos entender nuestras virtudes. Hay una aproximación republicana, inculta, pagana a la monarquía. Decir que los primeros años del Rey fueron muy buenos pero que luego fue un desastre es relativismo, indigenismo, tam-tam selvático. Los brujos danzan enloquecidos y hay alguien que hierve en la olla y eres tú. Los reyes, como Dios, son una totalidad. Su altura es de un alcance no plenamente humano. La Corona es trascendente o es de plástico. Civilización significa que la muerte no es lo contrario de la vida. Es vulgar hablar del Rey en relación a sus impuestos, a sus cacerías o a sus amantes. Es no entender el sentido último de lo que significa España.