***Por favor, que la nueva reforma de la catedral no la hagan los mismos que dejaron la cúpula de color caca-anaranjda -sin que nadie haya protestado salvo José María Esteban-, y no amarilla, como se la conoce de toda la vida.
***Creo recordar que por los años 80, el político hispalense Borbolla (socialista de los buenos, no como los de ahora) dio con una antigua documentación en relación al futbol de la Hispania de la época romana. Contaré lo que recuerdo de aquel descubrimiento y le añadiré aportaciones de mi cosecha.
En Hispania había una Primera División conformada por los equipos de las tierras más romanizadas, es decir, más civilizadas: El Onuba (el decano), el Gades (que ganó varias veces la Liga en consonancia con la importancia de la ciudad), el Hispalis (actual Sevilla: los palangani), el Betis (los verderoni), el Corduba, el Malaca, el Cartagonova, el Emérita, el Tarraco y el Lucus (actual Lugo). Estos cuatro últimos siempre ascensores entre Segunda y Primera, pues los equipos punteros eran los de la actual Andalucía.
En Segunda estaba el Valentia (son los actuales che, no confundir con el pijo comunista argentino), el Barcino (actuales polacos, compradores de árbitros) que ya entonces jugaban en el campus novus o el novus campus, que nunca se sabe qué va antes, el Iruña (actual Osasuna de Pamplona), el Gegia (actual Sporting de Gijón), el Caesaraugusta (el Zaragoza), que ya apuntaba a tercera división, y otros menos conocidos.
El Asta Regia -precedente no sé si del Jerez Deportivo o Industrial, o del Xerez, porque yo me pierdo con tanta variedad de nombres- ya por entonces estaba en categorías muy bajas, casi desaparecido.
Bilbao no se había fundado aún, pero sí se jugaba por aquellas tierras un juego varonil, consistente en partir troncos. En los campos de la actual Oviedo, otra ruda villa del norte cántabro que tampoco existía, se jugaba un deporte menos sutil, dar garrotazos a los moros (Covadonga), y cuando no había moros, entre ellos mismos. En Santander (la provincia), había una fuerte emigración a Gades y su bahía para trabajar en tiendas de comestibles. Eran los llamados chicucus, muy devotos todos, como hoy en día, del Gades club de futbol.
Los equipos actuales de Madrid no se habían constituido por la sencilla razón de que la capital no se había creado, pero ya en la Edad Media, un grupo de pastores que vestían como los del Portal de Belén, con pieles blancas, los merengui, redactaron una carta fundacional de un equipo futuro que luego sería el Real Madrid, y en dicho texto se decía: “Fagamos tal equipo que las generaciones futuras nos tomen por locos”. Y así fue: pusieron la primera piedra del mejor equipo de la Historia. Igual la estoy confundiendo con la documentación que originó la catedral de Sevilla, pero no me digan que no le pega al Madrid.
Más adelante, en aquellas futuras tierras matritenses, se reunieron a orillas del Manzanares, un grupo de tatarabuelos de los militares que organizaron el Atlético de Aviación, con la intención de fundar un equipo de balompié victimista, llorón, aunque se comprende, porque siempre habrían de estar por detrás del Real Madrid. Fue el precedente del actual Atlleti.
El Gades jugaba en un estadio que se denominó desde siempre con el nombre de un patricio que gestionó muy bien la res pública gaditanae y que impulsó su construcción, Carrancis, pero unos bárbaros, que detentaron el poder un breve tiempo en la ciudad, cancelaron su nombre. Un familiar de Pilatos, Bruno, prefecto apocado pero con ambición, que devolvió a Gades a la civilización, se lavó las manos y no tocó estos cambios nominales bárbaros y otras decisiones anti romanas, que ahora no vienen al caso.
En aquellas fechas, el Gades estuvo una época dirigido por un palangani hispalense que ganó mucho dinero y cuya gestión produjo preocupación porque ya antes la afición había sufrido circunstancias parecidas. Ahí es cuando apareció ya el grito en el Carrancis: «Non te volemus, vete para Hispalis».