Un Papa para todos los públicos. Federico Jiménez Losantos

León XIII fue el mayor enemigo del socialismo, al que vio como una ideología del odio

Fieles ante el retrato de León XIV en Chiclayo (Perú).
Fieles ante el retrato de León XIV en Chiclayo (Perú).ERNESTO BENAVIDESAFP

Federico Jiménez Losantos

Federico Jiménez Losantos

Actualizado Domingo, 11 mayo 2025 – 22:51

Es un misterio que un mundo que fue católico y ahora deambula sin fe con la que consolarse ni moral a la que agarrarse se haya quedado pegado al televisor durante semanas viendo la liturgia vaticana. Tal vez, por la novedad, ya que hacía mucho que no moría un Papa, y todo lo que no es inmediato se pierde en este actualismo dopaminado de la imagen. Tal vez, por el esfuerzo de los medios de comunicación en explicar lo que también para ellos es inédito. Y no creo que las bonitas postales de tanto periodista sin cultura ni criterio hagan que crezca la fe ni aumenten las vocaciones.

Porque si Bergoglio ha muerto, quedan sus prejuicios. A cuenta de León XIII, modelo de Prevost, leemos: «Al igual que Francisco, su largo pontificado de 25 años significó un acercamiento de la Iglesia Católica a las realidades de entonces del mundo moderno. Con las consecuencias de la Revolución Industrial aplastando a la clase obrera, en 1891 publicó la encíclica Rerum novarum…». Es leer «trabajadores» y el periodista traduce: «Seguro que era de izquierdas, como Francisco». Pero León XIII fue el mayor enemigo del socialismo, al que vio como una ideología del odio, contraria a la naturaleza humana, a la libertad individual, a la familia, a la propiedad privada y a la libre iniciativa, que el socialismo entrega al Estado. Defendió a los sindicatos, pero a los católicos, blancos o libres, no de clase o rojos.

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En lo doctrinal, León XIII promovió la vuelta a Santo Tomás, como en España la Escuela de Salamanca o Balmes. Ahí nace la revista Ordo y el llamado «ordoliberalismo» de Eucken y Röpke, maestros del ministro de Economía de Adenauer, Ludwig Erhard, cuya oposición al racionamiento y al dirigismo estatal trajo el «milagro económico alemán». Lo que defendía Ordo frente al liberalismo manchesteriano es lo mismo que la Escuela de Salamanca: la ley por encima del poder, la inflación como delito contra los más pobres y el mercado como mejor forma de asignación de recursos. La llamada «doctrina social de la Iglesia» empieza así; luego se impregna de socialismo y, tras el Vaticano II, de estatalismo comunista. Por eso Wojtyla, gran defensor del sindicato Solidaridad, y Ratzinger lucharon contra ese leninismo con sotana llamado Teología de la Liberación.

Prevost querrá ser un Papa para todos los públicos. Bergoglio lo fue para pocos. Y malos.

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