«Los socios te sostendrán. Jamás dispondrán de un rehén tan suplicante como tú, de un presidente tan barato como tú, de un narciso tan delirante como tú»
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Actualizado Jueves, 21 noviembre 2024 –
No te vayas todavía, Pedro Sánchez. Ahora más que nunca cabeza fría, nervios de acero, conciencia estrangulada y manual de resistencia. No tienes derecho a desamparar a todos los horteras que medraron a tu sombra, del penúltimo productor audiovisual a la primera tuitera enamorada. Pero sobre todo no tienes derecho a robarnos la fantasía de verte salir esposado del palacio de La Moncloa. Eso no va a pasar, solo ocurre en las películas, sería la quinta estación de tu docudrama monclovita, pero la imaginación vuela hoy más alto que nunca, tan alto como apunta el testimonio de Víctor de Aldama. ¿No eres el presidente de las primeras veces? ¿Por qué no inaugurar también la orla de los presidentes procesados en democracia?
No niegues tres veces al pobre Víctor. Podría enfadarse aún más. Tú lo quisiste conocer, acababas de llegar y necesitabas referentes, todavía no terminabas de creerte el éxito de la moción por mucho que el síndrome de La Moncloa lo contrajeras ya en la infancia, por los mismos años que la varicela. Tú le agradeciste esos solícitos servicios latinoamericanos -con credenciales de papel timbrado por el ministerio, en viajes oficiales al principio, en discretas escapadas después- de los que te informaban puntualmente. Tú le pasabas el brazo por la espalda en la maldita foto que no te deja mentir. Ordena ahora a los servicios jurídicos del Estado un alud de querellas contra esa persona de la que usted me habla. Pero no olvides que al PP no le salió bien esa estrategia.
Ni se te ocurra dudar. Es el momento del último acelerón, la prórroga del final de la escapada perseguido por la sombra de tus otros yoes, por tus fotos más poligoneras, por los negocios de tu pulcra y honesta esposa. Los socios te sostendrán. No porque odien a la derecha sino porque odian el diseño sutil de la democracia liberal -con sus enojosos contrapoderes- tanto como tú. Y ellos jamás dispondrán de un rehén tan suplicante como tú, de un presidente tan barato como tú, de un narciso tan delirante como tú.
No te detengas ahora. Alinea a tus palmeros en formación de tortuga, agita ante sus famélicos ojos los fajos de la publicidad pendiente, prende simultáneamente tres o cuatro hogueras y escapa de nuevo en mitad del humo. Es hora de disciplinar definitivamente al poder judicial, quizá aún estés a tiempo, sofoca esos anacrónicos escrúpulos susurrados desde Bruselas, pregunta a Orban cómo lo hizo ahora que sois aliados. Mira que los jueces que ahora ejercen –Pedraz, Moreno, Peinado, Marchena– no te tienen miedo. El pueblo tampoco te quiere. Y si ni te temen ni te aman es imposible gobernar.
No toleres el más mínimo asomo de autocrítica en tu entorno. Acomete una purga aparatosa en el congreso federal. No dejes vivo a nadie que haya leído demasiado. Rodéate de escudos humanos, mártires de una causa nunca ideológica, siempre personal. Refuerza las paredes del búnker, acolchadas por dentro para las reacciones coléricas según vayan entrando las citaciones judiciales, blindadas por fuera para que no penetre el tufo del derrotismo ambiental. Respira únicamente el olor de tu propio equipo.
Resiste, resiste, resiste. Hasta el final. Hasta el último día. Hasta que no quede nada en pie. Ni siquiera la monstruosa mentira que has interpretado desde que aprendiste a hablar.