La ficción socialista jamás se impondrá a la verdad: todo el dinero se repartió a dedo y el fin no justifica los medios


08/07/2024 a las 20:28h.
Como el PSOE sigue erre que erre con su novela sobre los ERE, aquí seguimos también con el martillo pilón para intentar impedir que la ficción socialista suplante a la verdad probada, palmaria y axiomática. La nueva filfa de la narrativa victimista nos dice que el dinero de los parados que se defraudó en Andalucía no ascendió a 680 millones, como cifran la Audiencia y el Supremo, porque las ayudas se destinaron a prejubilados que las siguen cobrando. Por lo tanto, lo único que aceptan que se detrajo del erario fue lo que se desvió a personas que no trabajaban en las empresas agraciadas o a subvenciones con fines distintos a los estipulados. Vamos a desmontar esta trola de manera muy sencilla partiendo de una afirmación irrebatible: la totalidad de lo malversado es exactamente 680 millones, de los que 90 fueron además destinados a familiares, afines y obscenidades. El PSOE intenta reducir el tongo a la parte más escandalosa, pero todo el dinero se repartió a capricho por meras razones de cercanía. Repetimos: todo el dinero.
El sistema funcionaba así. Primero se incluía una partida en los presupuestos que se transfería anualmente a la Agencia IDEA (en los primeros años se llamaba IFA) de la Consejería de Empleo para ayudar al pago de prejubilaciones a empresas que habían presentado expedientes de regulación de empleo ante la autoridad laboral. Pero no a todas. He aquí el lío. El famoso Plan de Ayudas Sociolaborales no se anunció en ningún sitio. Es decir, la Junta desvió las cantidades a la citada agencia y desde allí distribuyó el dinero a su antojo. Si había varias empresas en una comarca que necesitaban una reducción de plantilla para seguir siendo viables, sólo tenían acceso a las ayudas públicas aquellas a las que avisaban desde la Junta. Esas convocatorias jamás se publicaron en boletines oficiales, se tramitaron en mesas camilla —no de contratación— sin concursos que garantizaran la igualdad de todas para acceder a las subvenciones. Por lo tanto, las compañías próximas al partido recibieron dinero de todos los andaluces para hacer sus ajustes mientras las demás tenían que empeñar hasta los muebles de la abuela para seguir vivas. Obviamente, los trabajadores que se acogieron al sistema no tienen responsabilidad, pero sus empresarios usaron pólvora del rey para quitarse el marrón de encima frente a sus competidores directos. Ya hay varias sentencias de piezas separadas que así lo atestiguan y que obligan a los dueños a devolver el dinero. ¿Por qué? Porque lo obtuvieron por cauces ilegales. Acordaron prejubilaciones con sus trabajadores que no pagaban ellos, sino todos nosotros. Y esto permitió al PSOE mantener la ‘paz social’ en las comarcas más devastadas por el paro. Una cacicada de libro.
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Las ayudas se daban en la barra de un bar. Literalmente. Por tanto, aunque el dinero llegase también a trabajadores honrados, los políticos y empresas que lo repartían se saltaron el procedimiento. Y a su vera echaron el cerrojo empresarios que nunca tuvieron la suerte de conocer a nadie del partido. Estos son los hechos. Todo lo demás, ciencia ficción.