Que el propósito sea el bien no nos libra del mal
Tian (25/10/2023)
Nuestro legado (21/10/2023)

28/10/2023
Actualizado a las 20:03h.
El Defensor del Pueblo ha presentado un informe sobre los supuestos abusos de la Iglesia y ha pedido un fondo estatal para compensarlos. Con gran escándalo los medios de la izquierda han cifrado en más de 400.000 los españoles abusados basándose en una encuesta. Son ganas de comerciar con el dolor ajeno dar credibilidad a una encuesta a tan sólo 8.000 personas. El propio Ángel Gabilondo consideró al respecto que «no hay que extrapolar».
Querría saber si este fondo estatal para compensar los abusos sexuales cometidos por sacerdotes hay que extenderlo a las víctimas de padres de familia, abogados, periodistas, obreros, y políticos, o simplemente las víctimas de miembros de la Iglesia -que son una minoría- merecen ser compensados. ¿Se han contado a los pederastas socialistas y comunistas, o sólo les importa el dolor y la verdad para usarlos como otra arma arrojadiza de su ideología?
Querría saber, igualmente, si el Defensor del Pueblo, además de investigar los errores y los crímenes de la Iglesia, se ha tomado la molestia de interesarse en las injusticias que la Iglesia repara, en el dolor que calma, en la ayuda que ofrece a los desahuciados. Hablando de fondos estatales, no sé si don Ángel, en la realización de su informe, ha invertido algún tiempo en calcular la cantidad de dinero y otros recursos materiales que la Iglesia dedica a la caridad, que como todo el mundo sabe o tendría que saber, significa amor.
Vivimos vidas de imperfección. Es inevitable que la Iglesia, como cualquier comunidad tan amplia y universal, tenga entre sus servidores a ladrones, asesinos, pederastas, drogadictos y en fin, la representación completa de la debilidad y perversión humanas. Que el propósito sea el bien no nos libra del mal, ni a las personas ni a las organizaciones. Me gustaría tener mejores noticias pero así es nuestra condición, frágil e incompleta. La piedad no es una casualidad y la necesitamos tanto.
El horror tiene que ser denunciado y reparado. Pero los españoles no somos más víctimas de los sacerdotes que de los profesores de instituto, padres de familias desestructuradas o monitores de campamento. Y aunque cada víctima es importante, crucial en sí misma, y su infierno concreto nos incumbe a todos, puestos a hacer encuestas, hay otras mucho más extensas y elocuentes que, de hacerse, revelarían que España sería inviable sin la contribución económica y espiritual de la Iglesia. De hecho, no hace falta ninguna encuesta para darse cuenta y comprobar que sin la inmensa, preciosa, heroica entrega de curas y monjas, el Estado colapsaría de hambre, desesperanza y miedo.
Es goloso criminalizar a la Iglesia, sobre todo para una generación que siempre ha querido tener una razón que la realidad le ha negado. Hay un resentimiento contra Dios y no es contra la Cruz sino contra su reflejo en almas demasiado débiles para entender que nunca nos cansaremos de esperar algo mejor de vosotros