El cadáver de la verdad. Luis Sánchez-Moliní

Frente a los argumentos israelíes, los palestinos solo han podido esgrimir consignas y llamadas a la movilización

Manifestación antijudía.
Manifestación antijudía. / EFE

19 Octubre, 2023 – 00:01h

EL máster en Guerra Informativa y Oriente Próximo lo hice antes de empezar la licenciatura, en los años ochenta, en la ya desaparecida biblioteca pública de la calle Alfonso XII de Sevilla. Éramos muchos los estudiantes de BUP que acudíamos allí para hacer el paripé de que estudiábamos. Mi excusa predilecta para aplazar el encuentro con los apuntes era leer los boletines que las embajadas de Irán e Irak en España editaban para mostrar sus versiones (el relato, diríamos hoy) sobre la guerra que enfrentó a ambos países entre 1980 y 1988. Aquel fue un conflicto extremadamente sangriento y destructor que entonces mirábamos como algo lejano y distante. Los jóvenes de entonces no sabíamos que en aquellos duros combates en el desierto, en aquellas fotos de cadáveres polvorientos víctimas del armamento químico, se estaban fraguando algunas de las claves fundamentales del mundo que nos iba a tocar vivir como adultos. La guerra entre Irán e Irak, según algunas fuentes, llegó a provocar un millón de muertos.

Como era previsible, las versiones que ambas embajadas daban de las distintas operaciones militares eran completamente contradictorias. Parecía como si hablasen de guerras diferentes. Se le atribuye a Esquilo (otros lo hacen al senador estadounidense Hiram Johnson) la famosísima frase de que “la primera víctima cuando llega la guerra es la verdad”. Para ser sinceros, la verdad es la víctima siempre que hay un interés de por medio, también en tiempos de paz. Pero es cierto que la manipulación de la información es un campo de batalla más. Y desde luego no menor. Lo hemos visto estos días con la espantosa carnicería provocada por un cohete en un hospital cristiano de Gaza. Por un reflejo elemental, todos culpamos en un principio a Israel de la matanza, pero a medida que pasaban las horas un velo de dudas cubrió los hechos. Según los judíos todo se debía a un error (o quién sabe si algo peor) del grupo Yihad Islámica, que tiene una base artillera en un cementerio cercano al hospital (en la guerra ni la paz de los muertos se respeta). Lo cierto es que el ejército israelí ha reaccionado con agilidad y ha dado pruebas de sobra que le exculpan de la masacre, desde grabaciones telefónicas de palestinos hasta análisis de fotos que demuestran su inocencia. Claro que todo puede ser un inteligente montaje, pero sorprende que, frente a estos argumentos, los palestinos (y sus simpatizantes europeos) solo han podido esgrimir consignas y llamadas a la movilización para calentar aún más la situación. Al igual que aquellos viejos boletines de embajada de la Biblioteca de Alfonso XII, la guerra de Gaza dejará una ristra de mentiras y medias verdades. Nada nuevo bajo el sol.

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