Sánchez y otras pudendas. Arcadi Espada

Actualizado Domingo, 9 julio 2023 – 10:

Sánchez y otras pudendas

(Derogando) He usado dos veces la palabra sanchismo y siempre aludiendo a la intención derogatoria del Partido Popular. Tal escasez se debe al peligro cancerígeno que desprenden las palabras requemadas. Y también a la falta de calidad del sujeto implicado: encima regalarle un ismo. Transigiendo, el sanchismo es una ley de un solo artículo: la obtención del poder y su mantenimiento a cualquier precio. El proyecto político que pueda tener para España es subsidiario de esta condición, y por lo tanto de escaso interés ísmico. Como los aliados que pueden darle su mayoría parlamentaria son partidos que trabajan por la derogación de la forma vigente del Estado su proyecto tiene riesgos en absoluto imaginarios. Pero siempre serán riesgos nacidos del curso contingente de las cosas. El presidente del Gobierno no tiene un plan para destruir España, yo lo aseguro con rigor y solemnidad. La prueba irrevocable es que no tiene plan alguno.

El proceso de negociación con los independentistas catalanes es un ejemplo perfecto. En ese proceso el presidente tomó la decisión más irracional y peligrosa, a mi juicio, de todo su mandato. Ni siquiera fue, aunque humillara a cualquier demócrata, el indulto a unos delincuentes que lo aceptaron diciendo: «Lo volveremos a hacer». Fue la derogación del delito de sedición. Sigue sin entenderse bien por qué el presidente llegó a ese punto. No es cualquier punto. Si mañana entrara Carles Puigdemont en Cataluña y levitado por las masas, siempre pacíficas, proclamara la independencia, no habría artículo del Código Penal que lo metiera en la cárcel. A favor del presidente está la evidencia de que en Cataluña ya no hay, ni habrá en mucho tiempo, masas que leviten insurreccionales. Pero el agujero en el sistema penal es evidente. La única explicación que se me ocurre es la que exhibe el juez Llarena cuando ya no reclama la entrega de Puigdemont por un delito extinguido; y cuando en consecuencia concede que con el actual Código Penal en la mano la acción de Puigdemont en 2017 no tiene más castigo que los de la desobediencia y la malversación. ¿Quitó el presidente la sedición del Código para que Puigdemont pudiera volver a Cataluña sin cárcel, aun episódica? Puede ser, pero mucho plan me parece. Más probable es que necesitara algo ineludible de los independentistas, estos le pidieran la sedición a cambio y el presidente se la concediera.

Sanchismo en estado puro.

La inexistencia de un cuerpo doctrinal y político, oh, là, là, al que llamar sanchismo lo prueba paradójicamente el Partido Popular. El Pp ha votado la ley del sí es sí, mantendrá la reforma laboral, no introducirá ningún cambio importante en la política educativa ni en la lingüística y, por lo que sorprendentemente va sabiéndose, tampoco variará sustancialmente la política de apaciguamiento con el gobierno de Cataluña. Este acuerdo general, al que huelga añadir el absoluto acuerdo de fondo con la política europea, convive paradójicamente con el lema que una y otra vez vocean sus portavoces y Feijóo el primero: «Vamos a derogar el sanchismo». Puede que Feijóo piense lo mismo que yo y no vea en el sanchismo más que un oprobioso método de conseguir y mantener el poder a cualquier precio. En este caso, y para demostrar que la derogación va en serio, sería interesante que explicara a los ciudadanos el precio que nunca pagará por sus inexorables pactos con Vox. Pero, sobre todo, sería obligatorio que se distinguiera de las prácticas de su adversario.

Este viernes España amaneció con la respuesta del presidente del Pp en El Periódico a la concreta pregunta de si hay que mantener la mesa de diálogo entre Gobierno y Generalidad. Dijo: «No tengo interés en ir contra ninguna mesa si está constituida [¡] y tiene como objetivo fundamental [los secundarios, pásense] tratar asuntos que no afecten a los demás, sin darle cuenta a los demás. Yo en una mesa no puedo tratar asuntos que afecten a los demás sin darle cuenta a los demás[esto de los demás debe de ser la forma galaica de nombrar a los españoles, en especial a los españoles de Cataluña]». Tal vez tenga Feijóo quien le haga fiskings. Lo cierto es que pocas horas después de que amaneciera, eso que llaman Génova hizo saber a la nación periodística: «La Mesa bilateral que Sánchez constituyó con el independentismo quedará desactivada si Feijóo logra la confianza mayoritaria de los españoles [que ya no son los demás]».

Sanchismo en estado puro.

(A pelo) La Generalidad tiene unas interesantes disposiciones sobre el uso de las piscinas en las comunidades de vecinos: están autorizados el topless y el burkini. Las disposiciones arrancan de los problemas que una comunidad de vecinos les puso a un par de muchachas que tomaban el sol en tetas (©Álex Grijelmo) en la piscina de un pueblo de la costa. Las muchachas se pusieron todas ellas firmes, la Policía Municipal levantó acta y la Generalidad dictó: nadie puede obligar a las mujeres a taparse ni a destaparse. Yo, socialdemócrata irredento, solo puedo ver con simpatía esta incursión del brazo largo de la ley en las disposiciones reaccionarias de semejante comunidad de vecinos. En cualquier piscina una mujer debe tener el derecho a tomar el sol con los pechos desnudos. Pero hay que avanzar. Puede que esa misma mujer quiera tomar el sol enteramente desnuda. Hay mucha gente partidaria. ¡Incluso es un ismo! Pero la reacción comunitaria se lo impediría. La cuestión importante es que en este caso se lo impediría también la Generalidad, con la consejera Tània Verge al frente, que ha detallado las condiciones para acceder a una piscina con público: «Llevar un traje de baño que cubra los genitales y querer refrescarse».

Dejemos el refresco a la sombra, que siempre quieren pasar por más bobas de lo que son. Los genitales deben cubrirse. La consejera no especifica la razón, pero no es difícil de imaginar: los genitales son las partes pudendas, o sea, pasado al latín vulgar «lo que debe cubrirse». Lo que por razones morales debe cubrirse. En catalán pudor quiere decir a la vez vergüenza y mal olor, una polisemia que el castellano ha arrinconado erróneamente. La consejera no incluye los pechos en ese apartado, a diferencia del presidente vecino. La consejera, como todas las de su clase, lleva desde hace tiempo una cruzada por la desexualización de los pechos femeninos. Insiste en que solo alimentan. Yo estoy de acuerdo. La cuestión es el tipo de alimento. La postura del presidente vecino demuestra la obviedad de que los pechos alimentan la mirada erótica de muchos individuos. ¡Hay malicia, Verge! Estas facticidades permiten llegar a la conclusión de que ni la mujer ni el hombre pueden hacer lo que les parezca con su cuerpo. Ni según el presidente ni según la consejera. Siempre y cuando se trate de… destaparlo. Porque nuestra Verge pechos fuera no pone objeción ninguna a que las mujeres se cubran en las piscinas con el llamado burkini, una especie de traje de buzo que las mujeres musulmanas usan para ahuyentar a los tiburones.

La razón más extendida del rechazo que causa el desnudismo, se formule o no, es el asco, que solo deja de operar, episódicamente, cuando la belleza y la juventud se imponen. En la intimidad aparece otra digna superación a tener en cuenta, que es la cariñosa piedad, el amor que todo lo nubla. Sobre ese rechazo primordial las autoridades, sean la consejera o el presidente vecino, tejen luego sus más o menos sofisticadas instrucciones morales. Ahora bien: si el asco es la fuente primigenia, de la que la consejera y el presidente participan, ¿qué hacer con los que, como yo, lo sienten por el burkini, un asco multiplicado ya que a la circunstancia puramente fisiológica se añade el asco que da la tiranía, qué hacer cuando se impone tajantemente la superioridad ética y estética del cuerpo más derrotado sobre el de cualquiera de esas bolas negras que ruedan ajenas a la luz del mundo?

No hay otra que hacerse liberal.

(Ganado el 8 de julio a las 14:14, constatando que de las llamadas fiestas de San Fermín todo me da escalofrío, empezando por las palabra mozo y moza, mucho más en nuestro tiempo cuando ya no se estila lo único que redimía semejante garrafón, y era ver a los que plantaban cara al toro de la vida solo con un periódico entre las manos)

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