La lengua como arma política. Que os den a vosotros, golpistas. Alejo Vidal-Quadras

Manifestación en defensa del castellano EFE

Publicado: 02/07/2023 04:45

No ha sido una sorpresa para nadie que conozca el panorama sociolingüístico de Cataluña el resultado del último informe PIRLS sobre rendimiento escolar de alumnos de cuarto curso de primaria, es decir, discentes de entre nueve y diez años de edad. Este estudio internacional que abarca más de cincuenta países evalúa la comprensión lectora de los niños en esta etapa educativa temprana y es sin duda un indicador muy significativo de la calidad de un sistema de enseñanza. Los inmisericordes datos demuestran que la inmersión lingüística en catalán impuesta por la Generalitat nacionalista de forma creciente y continua a lo largo de cuatro décadas ha sido un estrepitoso fracaso. El nivel alcanzado por los niños catalanes se encuentra a la cola en el conjunto de España y vergonzosamente por debajo de la media internacional. La conclusión de los expertos y de cualquier persona sensata es que la escolarización en una lengua distinta a la materna, como es el caso de más de la mitad de las familias del Principado, se traduce en un inevitable deterioro de la capacidad de los alumnos de leer un texto, entenderlo y poder responder a preguntas relacionadas con su contenido. A esta afirmación se objetará que los matriculados desde el jardín de infancia en centros extranjeros que operan con gran éxito y considerable demanda en nuestro país, Liceo Francés, Escuela Británica, Instituto Italiano, acaban sus estudios de bachillerato siendo perfectamente bilingües. En efecto, pero con tres diferencias notables respecto a la inmersión lingüística separatista: se trata de una elección voluntaria, no forzada, este modelo se concentra en sectores socio-económicos y culturales altos y en estas instancias docentes se extrema el esfuerzo para que sus pupilos aprendan también español hasta su completo dominio. En cambio, las sufridas víctimas de la obsesión identitaria no tienen otra opción que tragar con la inmersión, pertenecen mayoritariamente a clases sociales modestas de riqueza léxica descriptible entre las que abunda, para empeorar aún más la situación, la población inmigrante y se encuentran con el hecho insólito de que en las aulas a las que acuden sus hijos la lengua oficial del Estado es objeto de especial hostilidad y manifiesto desprecio por un cuerpo docente cuidadosamente seleccionado en función de su adscripción a la causa secesionista.

Priva a millones de ciudadanos de Cataluña del manejo eficaz de un instrumento de comunicación universal que emplean en el mundo quinientos millones de hablantes nativos más otros muchos que la poseen como idioma aprendido

El particular ensañamiento de los nacionalistas con el español obedece a un motivo evidente. Los catalanes no se diferencian del resto de españoles ni en el color de la piel ni en los rasgos faciales ni en las creencias religiosas ni en gustos gastronómicos ni en su historia compartida ni en el contexto geográfico, por tanto, el único elemento al que pueden acudir los golpistas para inventar su nacioncilla es la lengua, latina, por otra parte, y prima hermana del castellano. Esta exacerbación de una pequeña diferencia exhibe cotas llamativas de irracionalidad. Priva a millones de ciudadanos de Cataluña del manejo eficaz de un instrumento de comunicación universal que emplean en el mundo quinientos millones de hablantes nativos más otros muchos que la poseen como idioma aprendido y dotado de una de las literaturas más formidables del planeta, dificulta la movilidad de empresas y profesionales de todo tipo del territorio nacional y más allá hacia Cataluña, empobreciéndola material, social y culturalmente y genera un sentimiento de frialdad y extrañamiento en muchos de sus compatriotas españoles con efectos económicos y comerciales negativos.

Llegados a este punto, muchos lectores pensarán: sí, es un asunto lamentable, pero al fin y al cabo es lo que los catalanes han votado y si una cuadrilla de fanáticos iluminados tienen la mayoría en el Parlament habrá que aguantarse si creemos en la democracia. Sin embargo, a esta objeción hay que oponerle un hecho ilustrativo y es que en 1980 los separatistas eran en Cataluña apenas un 10% y hoy se han cuadruplicado. Este fenómeno tiene una explicación obvia: si a los nacionalistas se les han entregado para que los usen a placer la educación, poderosos medios de comunicación públicos y los fondos necesarios para domesticar a los privado, amén de un enorme presupuesto con el que regar de subvenciones a una sociedad clientelizada, quién se puede extrañar de su hegemonía en las urnas.

Los hijos y los nietos de los que adulaban a Franco sin pudor ni decoro son los que ahora pululan por el Círculo de Economía, el Círculo Ecuestre y Fomento prodigando sumisas zalemas a Puigdemont, Junqueras y demás delincuentes

Los nacionalismos de separación en estados democráticos no son más que movimientos de conquista del poder orquestados por élites empresariales, intelectuales, financieras y políticas que anteponen su deseo de saquear el presupuesto y fanfarronear al frente de las instituciones al interés general. Los hijos y los nietos de los que adulaban a Franco sin pudor ni decoro son los que ahora pululan por el Círculo de Economía, el Círculo Ecuestre y Fomento prodigando sumisas zalemas a Puigdemont, Junqueras, Rufián y demás delincuentes. No existe en el mundo una burguesía más acomodaticia, rastrera y cobarde que la catalana. Como dijo el ladrón Felix Millet, son doscientas familias y se conocen todas, aunque hubiera sido más preciso añadir que casi ninguna tiene vergüenza. El uso de la lengua como arma política en sociedades multilingües constituye un crimen cultural y social además de una irresponsabilidad política que sus impulsores pagarán en el futuro cuando la gente a la que manipulan despierte, advierta el tremendo perjuicio que le han causado y se vuelva contra sus tiranos. Esperemos combatiendo sus mentiras y sus abusos la llegada de ese día glorioso.

Que os den a vosotros, golpistas

El líder de Trias Per Barcelona en el Ayuntamiento de Barcelona, Xavier Trias

Publicado: 25/06/2023 04:45

Hay que reconocer que la composición del Ayuntamiento de Barcelona que salió de las urnas del 28 de mayo era un rompecabezas de difícil solución. Independentismo de club de golf, socialismo a la catalana, ordinariez bolivariana, independentismo rural, derecha aseada y constitucional y derecha rampante, por este orden. El cruce de incompatibilidades, desconfianzas, rivalidades y cálculos electorales en puertas de unos comicios generales obligaron a los estrategas de cada partido presente en el Saló de Cent a todo tipo de contorsiones, negociaciones cruzadas, fintas inverosímiles y especulaciones varias para decidir cuál era el aliado menos dañino, cuál el socio fiable y cuál el elemento tóxico del que huir como de la peste. El barullo y la confusión han sido monumentales y la probabilidad de equivocarse de unos y de otros, altísima. En principio, los Comunes y el PSC, que ya habían compartido gobierno, eran candidatos plausibles a una coalición, pero no alcanzaban la mayoría absoluta. Por supuesto, ni Junts ni ERC estaban dispuestos a unirse a este dúo. Un bloque independentista de dieciséis concejales tampoco tenía suficiente volumen y en cuanto a los colistas PP y Vox eran considerados indeseables por todos los demás como parte constitutiva de una foto finish “progresista”. Un tripartito Junts-PSC-Comunes no resultaba admisible para los secesionistas, conscientes de que sus votantes detestan a Colau y ansiaban librarse de ella, y tampoco para el PSC, para el que, en la antesala del 23J, una asociación con los convocantes del referéndum de 2017 era ofrecer un flanco muy desprotegido ante los previsibles ataques de su principal oponente en el plano nacional.

Son igualmente nefastos el socialismo sanchista, el nacionalismo identitario y el comunismo chavista y okupador, por tanto, que se apañen entre ellos

Este tremendo embrollo prestó curiosamente relieve a las dos formaciones menos votadas que, con cuatro y dos escaños respectivamente, adquirían por los azares del destino y la voluntad de los barceloneses una capacidad de maniobra que hubiera sido absurdo no aprovechar. Aquí es donde los análisis de la situación de las calles Génova y Bambú, coincidentes de salida, divergieron al final. El PP se inclinó inicialmente por inhibirse, votarse a sí mismo y resignarse a que Trías fuese alcalde. Vox estaba en idéntica posición. Son igualmente nefastos el socialismo sanchista, el nacionalismo identitario y el comunismo chavista y okupador, por tanto, que se apañen entre ellos y si al final el más votado se lleva el gato al agua no será responsabilidad nuestra, pensaron en las salas de mando de populares y voxeros. Así estaban las cosas tres días antes de la fecha límite para la investidura.

A partir de aquí, en las filas azules comenzó a aparecer una idea, primero tenuemente y después con mayor fuerza, que podía transformar en decisiva su modesta cuota de poder en el Cap i Casal de Cataluña, cumpliendo simultáneamente dos propósitos tremendamente gratos a su base social, liquidar a Colau, la transformadora de una urbe luminosa, cosmopolita, dinámica e innovadora en una aldea cerrada, sucia, insegura y estancada, e impedir que Barcelona cayese en las pecaminosas manos del procés, ese ataque furibundo a la existencia de España como Nación. Dicho y hecho. Collboni recibió la oferta de disponer de los cuatro votos del PP si conseguía desembarazarse de Colau sin dejar de contar con su apoyo. A la vista de tan tentadora posibilidad, Pedro Sánchez convenció a Yolanda Díaz de que intentase persuadir a Colau de que dejase vía libre a la sugestiva operación y Feijóo, previamente trabajado por personas de su entorno dotadas de visión estratégica y de sentido de Estado, bendijo la astucia enhebrada por sus capitanes Sirera Fernández. El resultado es conocido, Collboni alcalde, Colau fuera de juego, Maragall hundido y Trías echando espuma por la boca.

Si los dos grandes partidos nacionales se lo propusieran, el independentismo, privado de oxígeno, fenecería ahogado en su irrelevancia

De esta interesante historia se desprenden tres conclusiones. La primera es que, si los dos grandes partidos nacionales se lo propusieran, el independentismo, privado de oxígeno, fenecería ahogado en su irrelevancia. La segunda es que los llamados señores de Barcelona, a diferencia de los de la meseta que saben mantener la compostura en la victoria y en la derrota, cuando se ven frustrados en sus aspiraciones por el acierto de un adversario más hábil, se convierten en gañanes de taberna. La tercera y última es que a la hora de elegir entre los que colaboran con el diablo y el diablo mismo, por desagradable que sea, hay que inclinarse por lo malo frente a lo pésimo. En definitiva, que os den a vosotros, innobles y felones golpistas.

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