Segoviano y Balaguer, `pumpidos´a granel. Federico Jiménez Losantos.

Actualizado Domingo, 8 enero 2023 – 22

En la Constitución no hay nada que estudiar. Basta leerla y hacer que se aplique, sin los ‘constructivismos’ de la creativa Balaguer.

María Luisa Balaguer, frente a la sede del Tribunal Constitucional.
María Luisa Balaguer, frente a la sede del Tribunal Constitucional.BERNARDO DÍAZ

Se pueden leer sin gafas y con dioptrías las declaraciones de las dos nuevas magistradas del Constitucional. Cabe suponerles precauciones retóricas antes de afrontar si los que juraron defender esa Constitución son capaces de legalizar su demolición.

Ayer, Joaquín Manso las atribuía a la seguridad de que Sánchez intentará, con o sin Pumpido, el referéndum de independencia catalana entregando al tribunal, entre cuyas novedades han corrido a destacar Segoviano y Balaguer, el destino de la nación española y del sujeto de su soberanía, que somos todos los españoles, no las regiones, bajo el yugo etarra o golpista de los socios de Sánchez.

Yo tengo la deformación del filólogo y escritor, que cree lo que lee. Y lo que leo es la negación de nuestra Constitución y de cualquier otra no bolivariana, y me niego a ver precauciones en tales aberraciones.

Balaguer se proclama «marxista y feminista». Como marxista sólo puede creer en el Derecho como «herramienta de clase», que todo marxista debe destruir. Y para marxista y feminista, la Ley de Violencia de Género, que destruye la presunción de inocencia y la carga de la prueba, bases del Derecho, salvo en los regímenes comunistas.

Allí, desde Lenin y Vichinski, el fiscal, arma de la revolución, es ley. ¡Aquí, ‘garzones’!

Dos joyas «marxistas y feministas» más: la Ley Sisí o del Sólo sí es sí, que, sobre negar la igualdad ante la ley, la presunción de inocencia y la carga de la prueba, ya ha puesto en la calle o rebajado las penas de 140 violadores, pederastas y delincuentes sexuales. Ya pueden volver a violar. Y la Ley Trans, que legaliza la castración física o química de adolescentes desde 14 o 16 años, edad en la que aún no pueden votar ni conducir, pero sí amputar de forma irreversible partes de su cuerpo que, aunque quieran, nunca recuperarán.

Segoviano ha dicho que «el derecho de autodeterminación hay que estudiarlo». Peor, si cabe, que la alternativa «marxista y feminista» a Pumpido, la magistrada Balaguer. En la Constitución no hay nada que estudiar. Basta leerla y hacer que se aplique, sin los constructivismos de la creativa Balaguer.

Lo que leo -y temo- es que estas dos vienen a borrarla. Ni a respetarla ni a hacerla respetar.

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