Almudena y Aquilino. Por Alberto García Reyes.

La ideología no te convierte en escritor, a eso se llega por la lectura y el talento

Alberto García ReyesAlberto García Reyes

Nunca me ha interesado la literatura que se presenta como subsidiaria de la ideología del autor. Me interesan la narrativa de opinión y el ensayo, pero no la militancia del escritor. Porque no se escribe mejor por tener una afinidad partidista concreta, en ese caso se escribe simplemente lo que los prosélitos quieren leer. Y los sectarios, habitualmente malos lectores, de ahí su sectarismo, suelen confundir la calidad literaria con la ratificación de sus opiniones. Si coinciden con lo que dice un prosista deficiente, lo elevan a la categoría de escritor sublime. Si no coinciden con el razonamiento de un extraordinario novelista, lo rebajan a juntaletras. Esto es muy español: considerar a Alberti superior a Pemán sólo por las ideas,

 sin analizar los versos. La literatura puede trufarse de compromiso político, sea del sesgo que sea, cuando es literatura de verdad. Pero el compromiso político no basta para escribir bien. Quiero decir que no se es escritor sólo por decretar en un texto el pensamiento imperante o por ir a contrapelo. Ambas fórmulas suelen ser un ardid para captar lectores lanares. El escritor se compone primero de un estilo, de un talento natural para jugar con las palabras, de una intuición lingüística y de un bagaje intelectual intenso. Tiene que leer mil libros por cada folio que escribe. Y a eso se le añaden luego todas las circunstancias: religión, ideario, posición social… Pero las circunstancias no escriben. Son escritas. No son el activo de una obra, son el pasivo.

En apenas unos meses han fallecido Aquilino Duque, Premio Nacional de Literatura en 1974, y Almudena Grandes, Premio Nacional de Narrativa en 2018, dos autores situados en los extremos ideológicos. Sólo por esta razón han tenido un tratamiento público muy distinto. No lo entiendo. Hay muchos buenos escritores con cuyo pensamiento discrepo profundamente. Y qué. Es más, me encantan los buenos escritores con los que discrepo. Porque me hacen pensar, debilitan mis convicciones, me enriquecen de dudas. Perdonen la impertinencia: yo no leo para ratificarme, leo para construirme.VER LOS COMENTARIOS

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies