Andalucía, piso piloto. Por Ignacio Camacho

Andalucía se parece más que Madrid al resto de España. Su economía es menos dinámica y su correlación política más igualada

Ignacio CamachoIgnacio Camacho

La política gira siempre, pero más en esta época volátil que devora etapas a más velocidad de la que puede digerir, en torno a las elecciones. Cuando no las hay, porque no tocan dada la mala costumbre legal de preverlas cada cuatro años, el tiempo razonable para que un gobierno haga algo útil, los políticos, los periodistas y los ciudadanos más politizados nos inventamos especulaciones sobre cuándo las habrá. Y como en 2022 no toca ninguna hasta finales de noviembre -las andaluzas- se nos hace una eternidad la espera como si el voto le quemara a la gente en las manos y todo el mundo estuviera ansioso por soltarlo. Hay prisa, sobre todo en una derecha que se ve en alza, por darle a Sánchez un segundo golpe tras el de Ayuso en mayo. De modo que sobre Juanma Moreno ha recaído una potente presión, de dentro de su partido y de fuera, para que ponga las urnas cuanto antes, ya mismo o a principios de año en el peor de los casos. El hombre intenta resistirse, sea por responsabilidad institucional, por no parecer oportunista o simplemente porque no lo ve claro, pero sin el apoyo de Vox -ávido de confirmar el buen pronóstico de la demoscopia- y con la dirección nacional del PP empujando le va a resultar muy difícil agotar el mandato. Ayer, tal vez por sacudirse un poco el apremio, admitió en Canal Sur que habrá adelanto. En octubre o en junio, añadió, para acabar sugiriendo que será antes del verano. Apunten una fecha (que él no dio): 29 de mayo.

La cuestión es importante porque Andalucía, como campo de pruebas o piso piloto, se parece más que Madrid al resto de España. Su economía es menos dinámica, con intensa dependencia del sector público, y la correlación de fuerzas políticas está más equilibrada. El PSOE, pese al aún débil liderazgo de Juan Espadas, conserva una fuerte implantación territorial y social fruto de su larga dominancia. Gobierna en seis de las ocho diputaciones y en siete de cada diez ayuntamientos, un músculo político suficiente para poner a cualquier rival en aprietos por adversos que se le presenten los sondeos. El presidente de la Junta lo sabe y teme que cualquier acontecimiento -por ejemplo un rebrote del Covid- le complique las cosas y le reviente el control de los tiempos. Eso sí, una nueva derrota socialista como la que vaticinan las encuestas dejaría al Ejecutivo nacional de izquierda gravemente herido y puede terminar de descalabrar al sanchismo acentuando a escala nacional la sensación de cambio de ciclo. Casado necesita un éxito que despeje dudas y apague el ruido de los recientes conflictos, pero Moreno vela por su propio destino y no quiere interferencias que lo pongan en peligro. La experiencia de haber llegado al poder por una carambola le enseña a no dar por descontada ninguna victoria. Las playas de la política están llenas de caracolas rotas donde alguna vez sonó el eco de expectativas prometedoras.

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