“La última parada”, por Salvador Sostres

El indulto a Juana Rivas es un desprecio a la vida, lo podrido que rebosa, desalmada apología del secuestro

Merecéis que secuestren a vuestros hijos. El clamor por el indulto a Juana Rivas, al que finalmente se ha dado curso, es el odio a los niños de un feminismo tan basado en el resentimiento, en la rabia y en la negación de la naturaleza que todo está dispuesto a arrasarlo a cambio de desatar los monstruos de su fanatismo. No hay ni una sola feminista, en especial entre las que tanto se dedican a insultarme, que haya cambiado más pañales o que haya dado más biberones que yo, ni que haya estado más presente en todos los aspectos de la vida de su hija. No hay ni una sola feminista, y muy particularmente entre las que se ganan la

 vida haciendo ver que defienden los derechos de la mujer, que haya hecho por cualquiera de ellas ni la décima parte de lo que yo he hecho por las mujeres de mi vida. Las feministas, y cuanto más activistas, peor, prefieren la propaganda al amor; el odio al hombre que cuidar de las personas a las que se supone que quieren; el siniestro feísmo a la Gracia inspiradora; el igualitarismo atroz, que no existe y siempre conduce al crimen, al respeto y a la inteligencia de cada mujer en su singularidad y dignidad, y por supuesto el chiringuito público para lucrarse en nombre de la causa que la generosidad de dar realmente algo.

El indulto a Juana Rivas es un desprecio a la vida, lo podrido que rebosa, desalmada apología del secuestro. Merecéis una Juana Rivas en vuestras vidas. Pero no en vuestras vidas impostadas, que pagamos entre todos, sino en vuestras vidas de carne y sufrimiento, aunque dudo que hayáis tenido la mínima generosidad de haber sido madres. Y si lo habéis sido, tampoco me extrañaría que llegado el momento prefirierais el delirio de vuestra ideología que la vida de vuestros propios hijos. Es lo que habéis hecho con Juana. Tal es vuestra oscuridad, vuestra desvinculación de las leyes más elementales de la Naturaleza; sois la última parada del tren del terror de la Humanidad, donde ya no alumbran ni la piedad ni la ternura.

Empezasteis siendo groseras, negando la cortesía y convirtiéndola en un insulto, y luego profanasteis iglesias y vuestro cuerpo con degradantes rayones. Acabasteis propagando la muerte un 8 de marzo, sabiendo perfectamente el atentado que cometíais, y por jugar a haceros las solidarias y las reivindicativas, infectasteis Madrid con vuestra retorcida crueldad. Sois fanatismo contra la vida, resentimiento mortífero, el daño irreparable a quienes tenéis la poca vergüenza de decir que protegéis. Ni el secuestro de unos niños os detiene. Y no es que no os detenga: es que no os importa. Tener de símbolo de vuestro griterío a Juana Rivas retrata vuestra inmundicia. Ningún padre ni madre medianamente decentes podrían aceptar semejante ataque a sus hijos, ni a los de los demás. Sólo desde la patología, desde lo que claramente habita en las afueras de la Providencia y lo compasivo, puede entenderse este drama que encarnáis de todas las categorías del Mal.

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