“De oasis a charca” por Arcadi Espada


De oasis a charca

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  • ARCADI ESPADA

Actualizado Lunes, 13 septiembre 2021 – 22:3

La élite política catalana, dominada por el nacionalpopulismo, ha optado por el cierre. El nacionalismo apenas tiene otro plan que lamerse las heridas provocadas por su escandalosa derrota

De oasis a charca
QUIQUE GARCÍAEFE

La discusión en torno de la ampliación del aeropuerto de Barcelona tiene que ver, en efecto, con el medio ambiente, aunque mucho más allá de los pájaros. La prolongación de la tercera pista y la desaparición de la laguna de La Ricarda obligaría a los pájaros a emigrar algunos metros a una nueva zona protegida. Lo que siempre es, ciertamente, una molestia, pero poca cosa más. La discusión real trata sobre el progreso. La élite política catalana, dominada por el nacionalpopulismo, ha optado por el cierre. El nacionalismo apenas tiene otro plan que lamerse las heridas provocadas por su escandalosa derrota. Está en el rincón de la Historia y de su propia e íntima historia, y su resistencia a la intemperie es la del niño burbuja. Los comunistas, que gobiernan en España y en la ciudad de Barcelona, y cuyo único ejercicio filosófica y políticamente apreciable es la regurgitación, están aproximadamente ahora donde Wolfang Harich, aquel literato alemán que escribio en los años 70 Comunismo sin crecimiento -Manuel Sacristán lo introdujo y editó en España- y cuyas tesis popularizó años después otro literato más castizo llamado José Luis Sampedro.

La opción por el estancamiento no es nueva para el nacionalismo catalán. Hay varios ejemplos en el pasado pero tal vez el más reciente sean los esfuerzos, finalmente exitosos, de Jordi Pujol de impedir la creación de un potente organismo administrativo y político que vertebrara el Área Metropolitana de Barcelona, la obsesión perfectamente comprensible de aquel Maragall. Toda la política económica, por darle un nombre, de Ada Colau en el gobierno barcelonés está guiada por la idea del crecimiento cero, incluso sin saberlo. La más llamativa y repulsiva anécdota de este punto de vista fue la xenófoba campaña contra el turismo que patrocinó al poco de llegar a la alcaldía. El diseño de su política urbanística -que José Antonio Acebillo, el planificador de la Barcelona olímpica, ha vinculado con la «fobia urbana» de los primeros soviets- es igualmente subsidiario de este cero absoluto.

La pandemia, su lastimera idea resultante del cuidado -heideggeriana: se advierte que todo tiene la mejor de las genealogías- y su propuesta de una vida pequeña y con mascarilla, ha reforzado el embalsamamiento colectivo de Cataluña. Subrayar que una charca de agua estancada es hoy el símbolo especular de sus élites es como chutar a puerta vacía.

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