Pedro ha volteado el sistema inmune de la nación para que ataque al remedio y no al virus


Actualizado Miércoles, 29 mayo 2024 – 13:05
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La coalición está deshecha, los socios se retraen calculando su esperanza de vida, el Gobierno pierde votaciones, la investidura en Cataluña sigue empantanada, España no tiene presupuestos, los incendios diplomáticos copan la agenda y la esposa del presidente ha sido imputada por corrupción. Pero estamos en campaña y toca ponerle buena cara al temporal. Pedro se esfuerza por sonreír ante los fotógrafos, aunque el bruxismo mandibular le delata. Marichús Montero presume de salud económica, aunque la carraspera afea su triunfalismo. Y Yolanda Díaz ríe desesperadamente hasta convertir sus ojos en ranuras de felicidad oriental, caminito del nirvana, que se consumará suponemos cuando Sumar termine de diluirse en la nada. De ahí la perplejidad de Jaime de Olano (PP): «¿Para esto nació Sumar, para tapar la porquería del PSOE?»
La psique presidencial ha transferido su galopante paranoia a la política nacional y parte de la internacional. Lo digo con admiración: nunca en España un presidente (es verdad que también doctor) había emulado la hazaña de Freud, que consistió en desprestigiar la salud como una fase transitoria de la enfermedad, estado por defecto de la mente humana. Antes un periódico destapaba un caso de corrupción y la opinión pública exigía explicaciones al presunto corrupto, no al periódico; antes un juez imputaba al entorno de un político y la gente se indignaba con el político, no con el juez; antes un presidente -o una Infanta- declaraba su amor para excusar su corresponsabilidad en un posible delito y en su propio partido -o en la Familia Real- cundía el bochorno en lugar de golpes de pecho de viuda folclórica. Pedro ha volteado el sistema inmune de la nación para que ataque al remedio y no al virus, en la esperanza de pescar votos en el río revuelto de la insania general. Like a bridge over troubled water, que cantaban Simon y Garfunkel. Como un (Óscar) puente sobre el fango. De modo que el 9 de junio no asistiremos tanto a un escrutinio electoral como a un autodiagnóstico social.
Feijóo sigue anclado en la política antigua: esa que consideraba que la corrupción es corrupción. Que valerte del estatus de mujer de presidente para hacer negocios y mejorar tu (inexistente hasta la fecha) carrera profesional está feo. Por eso invoca la situación procesal de Institución Gómez, la acción de la Fiscalía europea, la reacción de la Fiscalía española (Alvarone García Ortiz sigue ejerciendo mientras pueda de «abogado de familia» de los Sánchez-Gómez, como denunció Gamarra) y el clamoroso encubrimiento del marido de Institución. A todo esto Pedro respondía: «Usted chapotee que yo sigo gobernando». Cuando el jefe de la oposición le preguntó si creía que toda la prensa de aquí y de fuera es fango, el presidente se mordió la lengua para no contestar: «Salvo la que yo controlo, por supuesto». Pronunció «fango» unas setecientas veces en dos minutos.
Interpelaron a Pedro dos portavoces más y los dos evidenciaron síntomas claros de nueva política: aquella que dimite del control parlamentario y corre en auxilio del sospechoso con poder. Aitor Esteban se interesó por la electricidad en la industria: fue como preguntar a un caco por la marca del bolso que acaba de tironearle a una señora. A Ione Belarra le preocupan sobre todo Pablo e Irene, porque las hipotecas no se pagan sin euroescaño. También le preocupan el fascismo de la oposición y el belicismo del Gobierno, pero bastante más lo primero que lo segundo. Por eso Pedro se permitió abroncar a su exministra por subrayar la distancia entre Moncloa y Galapagar en vez de festejar su común pasión por el falafel y la kufiya. Ione quiere que Pedro diga «genocidio» y Pedro quiere absorber por completo a la extrema izquierda: comparen ustedes la diferencia de ambición.
Abascal no estaba porque anda ocupado fotografiándose con Netanyahu, no vaya a ser que le pille una sola campaña electoral sin cumplir con el exacto papel que Pedro Sánchez ha diseñado para él. Para ambos. Ironizó sobre esa pinza Cayetana Álvarez de Toledo, liderando a las claras la nueva estrategia de confrontación del PP: «Vox está de romería electoralista: parece que su Agenda 2030 consiste en que Sánchez siga por entonces en el Gobierno». Luego se centró en Bolaños, contra quien también cargó Miguel Mano de Piedra Tellado. Mucha artillería para un valido que confía en hurtar el cuello a la rumoreada guadaña estival de P. Amo a fuerza de repetir «ultraderecha» como si lo fueran a prohibir. ¿Seguirá funcionando el miedo al lobo a estas alturas o los españoles le han visto el truco, según afirmó Sémper? Lo sabremos el 9-J, pero al lado de Hamás y de Otegi, en palabras de Cayetana, Abascal parece un lobo desdentado y Giorgia Meloni es Caperucita Roja.