Puigdemont no ha ganado ni una sola de las elecciones a las que se ha presentado, pero ayer insistía en que tenía más votos que los socialistas para presentarse a la investidura
Artículos escritos por Salvador Sostres en Diario ABC

14/05/2024 a las 04:07h.
Aragonès dimitió en Barcelona en consonancia con su política prudente y realista, aunque desgraciada. En Francia, la rueda de prensa de Puigdemont fue un delirio de hipótesis que no se van a producir con los periodistas convocados como colaboradores necesarios del esperpento. El forajido parecía el líder de una secta hablando de mundos que no existen ante unos discípulos entregados y ciegos haciéndole preguntas que daban por bueno el marco mental enajenado y ninguna le puso ante la evidencia de que había sido derrotado ni nadie se atrevió a preguntarle si había hecho alguna autocrítica o si va a jubilarse cuando los hechos desnuden sus fantasías y Salvador Illa sea el próximo presidente de la Generalitat con los votos de Esquerra y Comunes.
Jordi Pujol ganó todas las elecciones a las que se presentó. Artur Mas también aunque no siempre le bastó para ser presidente. Carles Puigdemont no ha ganado ni una sola de las elecciones autonómicas a las que se ha presentado, pero ayer insistía en que tenía más votos que los socialistas para presentarse a la investidura y los periodistas le seguían en su argumentación, como las ratas al flautista, sin que ni uno solo se atreviera enfrentarle a su verdad de cadáver de efecto retardado. Fue surrealista y enfermizo. Ni Cataluña ni el Barça habrían llegado hasta aquí por una ideología. Es una tara
La unidad que Puigdemont reclama con Esquerra él mismo la rompió hace dos años y dejó tirados a los republicanos en el Govern. El odio que los dos partidos se profesan es superior al afecto que puedan sentir por cualquier causa compartida y así lo han demostrado a lo largo de los años que ha durado el proceso independentista, sin que pueda desvincularse esta animosidad del estrepitoso fracaso que se concretó el domingo con un inapelable resultado electoral. Habrá un tercer tripartito en Cataluña. Ahora todo el mundo lo niega en esa tendencia tan catalana de querer negar lo evidente cuando nos disgusta, aunque sea a un precio inasumible, y durante la República la mayoría de catalanistas de derechas asesinados no fue a manos de los falangistas sino de la FAI. Yacen en los márgenes de la carretera de la Rabasada las nucas agujereadas y las almas de cántaro de tantos que creyeron que la izquierda catalana era más nacionalista que revolucionaria. La Historia se repite aunque bajo formulaciones menos drásticas.
Nadie se moverá hasta pasadas las europeas pero la única unidad sólida en Cataluña es la de una izquierda «antes roja que rota». Si Esquerra presta su apoyo desde dentro o desde fuera es pronto para decirlo y depende del resultado de las elecciones europeas y de lo que decida la nueva dirección que ha de hacerse cargo del partido.
Pero ni ERC va a desaparecer ni le va a regalar la presidencia a un Puigdemont derrotado y a cuya carrera política puede dar despacho para siempre. Acabar con la carrera del fugado es para los republicanos un trofeo muy superior al de una independencia que ellos son los primeros que saben que es imposible y por eso a Junqueras le pareció más sensato pagarse de su bolsillo el billete de AVE para ir a Madrid a hacerse detener que defender en la calle la secesión que su partido había votado en el Parlament.
Puigdemont lleva muerto desde que el 1 de octubre de 2017 cambió de coche bajo un puente para burlar a la Policía. Esquerra lleva desde mucho antes disimulando que el resentimiento antiburgués es su única, verdadera, tóxica, devastadora motivación política.