Tenemos a un presidente al que no sirve de nada adorar ni insultar –es lo mismo pero al revés–
El PSOE aporta recortes de prensa para que se investigue el supuesto espionaje a la mujer de Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su entrevista en TVE, el lunes EFE

01/05/2024
Actualizado a las 08:09h.
Lo más desesperante de los cinco días de espera fue cómo la derecha acabó creyendo que la dimisión de Sánchez iba a producirse, que su reflexión era personal y que no tenía que ver con la política. Tras años de llamarle cruel y despiadado, bastó el truco de la carta para que todos lo creyeran un corderito subyugado a su esposa.
Sánchez tiene ese control sobre vuestras mentes y mientras lo tenga os va a ganar. No respetáis a Sánchez y precisamente por eso no podéis evitar que os infunda miedo y ese miedo ensombrece vuestro análisis. En los días de espera al anuncio del lunes, los políticos de PP y PSOE obraron bajo el mismo estupor aunque con distinto objetivo.
Tenemos a un presidente al que no sirve de nada adorar ni insultar -es lo mismo pero al revés- y sólo si lo entiendes puedes trabajar con él, ya sea como ministro para dar forma a su obra, como periodista para descifrarlo o como opositor para echarlo del poder. Sánchez exige otro nivel a sus interlocutores, y no porque lo que haga esté bien o mal, sino porque está por fuera de los cauces y no sirven los razonamientos políticos habituales. Que el primer quiebro os pillara por sorpresa es mérito del presidente. Que os sorprenda que usara a su esposa y colaboradores de carnaza para buscar el efecto, és que no esteu per la feina. La culpa de que Sánchez siga en el poder no sólo es de Puigdemont y de Bildu.NOTICIA RELACIONADA
MAR DE FONDO
¿A qué le teme Pedro Sánchez?
Tras declarar Puigdemont la independencia y ante la inminente aplicación del artículo 155, llamé al entonces presidente Rajoy para advertirle de lo peligrosa que podía ser la medida si al día siguiente los médicos y maestros de la pública -entre otros funcionarios- se negaban como respuesta a acudir a sus puestos de trabajo, tal como algunos de ellos habían anunciado. «Será un Vietnam para España en Cataluña». Me dejó hablar y cuando callé me dijo: «Salvador, no conoces a tu pueblo». El lunes no faltó ni uno. Y así murió el independentismo.