Las altas rentas de Cádiz capital: no sólo funcionarios y pensionistas. RZP


Estos días me satisface constatar que algunos influyentes periodistas gaditanos están sacando
a la luz las noticias referentes al buen nivel de renta y riqueza de la ciudad. Este hecho de las
altas rentas sin embargo no es nuevo, y mis amigos y seguidores saben que desde los años 90
del siglo pasado estoy luchando para que la imagen de hundimiento y pobreza que arrastra
Cádiz sea de una vez parada y sustituida por la verdad: Cádiz capital no es solo la ciudad más
rica de la provincia, como se señala estos días, sino que iguala o supera a las mejores del centro-sur de España.

El primer artículo que escribí al respecto en compañía de mi amigo Ubaldo Cuadrado, hoy
tristemente retirado por causa de salud, fue nada menos que el 20 de julio de 1991, hace ya la
friolera de 32 años. El artículo lo tiene el lector en esta web, en la etiqueta “Diario de Cádiz”. Se llamaba «Cádiz y su bahía: datos pra el optimismo» y presentaba por primera vez una serie de indicadores que constataban la superioridad de la capital en niveles de desarrollo.
Para combatir la falsa imagen de pobreza que ya desde Cádiz se había extendido incluso por
todo el país (casi siempre a partir de confundir el paro provincial y local), Ubaldo y yo
continuamos dando la batalla en solitario por la verdad escribiendo en un periódico de la Bahía, donde
sacábamos todos los indicadores que se podían encontrar en las diferentes entidades e
instituciones especializadas, y que mostraban que Cádiz era, como siempre, una ciudad de
clases medias, con rentas muy por encima de su entorno andaluz. Al final, recopilamos todos
esos artículos e hicimos un libro que publicó Quorum en 1999 titulado “Cádiz, una bahía con
futuro”, cuya portada está presente en la web también. Sabíamos que hasta que la prensa influyente no empezara a extender la verdad de nuestro status de ciudad de clases medias, el grueso de la población seguiría pensando que Cádiz era poco menos que Ruanda, que se hundía, como así se indicaba, y se indica en las coplas de carnaval todos los años (qué importante es el relato que llega al público). A lo largo de los años he vuelto de vez en cuando de forma puntual sobre el tema, comprobando que esos indicadores seguían poniendo a la ciudad en lo alto, y así lo hacía constar, si bien el tema ya me aburría por lo evidente de su veracidad y porque apenas conseguía que trascendiera. Gracias a Dios, y tras demasiados años, las cosas empiezan a cambiar. Me congratulo.

Sin embargo, hay algunas explicaciones actuales de por qué la ciudad presenta buenos
indicadores que a mi juicio necesitan ser matizadas. Por ejemplo estas dos: uno, la idea de que esas
rentas vienen de la funcionarización de la ciudad, y dos, de que vienen de las pensiones de
una envejecida población. Ambas explicaciones por cierto, advertirá el lector avezado, siguen en la
línea típica negativista sobre Cádiz, pues lo que se quiere decir es, “Vale, tenemos buenos
sueldos, pero es gracias a las pagas estatales”. La verdad es que ambos factores influyen sin
duda, y yo en muchas ocasiones los he utilizado para explicar en parte las altas rentas. Pero no
son únicos.

Empecemos por las pensiones. En los años 80 y 90 Cádiz crecía poblacionalmente de forma
acusada y la demografía presentaba un panorama de rejuvenecimiento: en 1981 Cádiz alcanzó los 157000
habitantes, su máximo histórico; es decir, con pocos pensionistas y mucha juventud, ya los indicadores eran muy
altos, como se aprecia en nuestro artículo mencionado de 1991, que contenían datos desde los 80.

Vamos ahora con la funcionarización. Qué duda cabe que la estatalización explica en gran medida
el alto nivel de la ciudad desde siempre. Sin embargo no es sólo la funcionarización, pues entonces esto debería pasar en otras ciudades andaluzas o castellanas que por su capitalidad también concentran a los funcionarios, como Jaén, Huelva,Almería, Córdoba, etc, y sin embargo Cádiz tiene mayores rentas que ellas. Luego hay algo más que ser sede administrativa. Pero es que además, Cádiz es una capital especial, no ha sido como cualquier otra capital análoga que ha concentrado todos los servicios administrativos para sí. La provincia contiene varios núcleos urbanos importantes, especialmente Jerez y Algeciras, con los que ha debido compartir muchas instituciones judiciales, fiscales,universitarias, etc. Y sin embargo, antes y ahora, desde que hay estadísticas, Cádiz capital ha tenido los mejores indicadores de desarrollo por habitante, que entre otros recordamos que eran o son: renta familiar y personal, nº de teléfonos, kgs de basura, entidades bancarias (en plena Viña, calle de la Rosa, había varias), nº de colegios concertados (sí es un indicador de desarrollo, las ciudades más avanzadas tienen más colegios concertados, lo siento), nº licenciados, etc.

En los 80-90, cuando más arreciaba el catastrofismo local, ya se habían producido las primeras
crisis de Astilleros, pero otras actividades industriales llegaron (General Motor, Ford,
expansión tabaquera, Airbus, plataformas petroliferas, etc). A pesar de que la crisis de la pesca comenzaba, Cádiz seguía siendo la segunda Lonja pesquera de España detrás de Vigo, la fábrica de tabacos crecía, el muelle y Astilleros seguían dando trabajo y Cádiz era el centro comercial de la provincia como
se veía por el nº de licencias comerciales capitalinas. La prosperidad gaditana, a pesar de
ciertos datos de decadencia (como el paro, menor en comparación con su entorno) continuaba
la inercia de los años 60, cuando la ciudad albergó a una gran mano de obra inmigrante que
construyó toda Puertatierra. Es verdad que el paro subió mucho pero como en toda Andalucía, y siempre mucho menos que su entorno provincial, con el que siempre se confundía sin aclarar cuanto era el uno y el otro. La verdadera capital del paro ha sido siempre y es, Jerez.


A partir de entonces, otros sectores económicos fueron sustituyendo a aquellos, aunque los
antiguos permanecieran con más o menos empuje, como Astilleros, Airbus o las plataformas
petrolíferas. Sobre todo el turismo. Cuando hablamos de turismo no nos referimos sólo a los
cruceros, que también, hablamos de la cantidad de bares, restaurantes, hoteles, viviendas
turísticas y apartamentos turísticos que la ciudad alberga, producto de una demanda intensa. Aquellos pisos que los gaditanos compraban en el Paseo Marítimo como inversión, en principio para veranear, y
luego para alquilar a sevillanos y madrileños los veranos, hoy se han multiplicado por toda la
ciudad, especialmente por el centro, con el valor añadido de que estos últimos mantienen la
demanda prácticamente todo el año. La oferta gastronómica y hostelera es hoy muy
especializada y amplia -la Viña, el Pópulo, Plocia, el Mercado, el Paseo
Marítimo- y sus posibilidades de crecimiento son enormes a juzgar por los proyectos, como el
de la antigua estación de trenes, el de la Punta San Felipe y los nuevos hoteles.

El “muelle” en vez del puerto, como decimos en Cádiz para diferenciarlo quizás de El Puerto, es
otro pilar de la economía que no para de crecer, especialmente en lo concerniente a los
cruceros. Ahora se busca hacer de Cádiz un lugar de partida y
llegada, lo que sería de mucho beneficio. Es importante resaltar aquí el tremendo crecimiento
de las instalaciones portuarios de la mano de Teófila Martínez, única dirigente de estos tiempos, que desde que fue
alcaldesa, y ahora dirigiendo Obras del Puerto, nos hace recordar a la generación de empresarios gaditanos soñadores de vuelos altos que dirigió Cádiz en los 50 y 60.

Una de las características de la capital es su buena situación educativa. Cádiz ha tenido y tiene
los mejores indicadores de licenciados por habitante y menor analfabetismo, de siempre. Esto
ya se daba en los años 80, como estudiamos en nuestro libro, y aunque no tengo datos intuyo que viene de muchos años atrás, como ocurre con el propio nivel de renta. Dos ejemplos no estadísticos pero si apreciables de
esta tradición del nivel son: por un lado la buena dicción de las clases medias de Cádiz-San Fernando (propia
del nivel social dominante), heredadas de generaciones anteriores y sólo comparable a Sevilla
en el seno de Andalucía; y por otro el hecho de que las personas de mi generación nunca hayamos
conocido chabolas en la capital (yo nací en 1951), cosa que sí veíamos entonces en las poblaciones del entorno, incluida la propia Sevilla. La buena situación educativa, finalmente se traduce en
empleos de mediana o alta calidad, en la ciudad o fuera de ella.

En algo sí hay que dar la razón a los que hablan de estatalización: el crecimiento del estado ha beneficiado también a Cádiz capital.
No es lo mismo la administración de los años 70, que empleaba a unos 750.000 funcionarios en
España, al de hoy que tiene 3.500.000. Aunque la ciudad comparta servicios estatales con
otros núcleos, como ya se ha dicho, estos se han multiplicado. Sólo hay que pensar en la
universidad, en los organismos autonómicos, inexistentes antes de los 80, en la Seguridad
Social, organismos municipales, de Diputación, ka cantidad de instituciones culturales, etc., todos ellos necesitados de una mano de obra de cierta calidad que muchas veces viene de fuera a trabajar en la ciudad: Sólo hay que ponerse a la salida de Cádiz en hora punta para constatar que por la mañana hay una enorme cantidad de coches que entran en la capital, y al final de la jornada, que salen.

Por último los catastrofistas actuales se agarran a un dato supuestamente negativo, la pérdida de población de la capital. Aquí hay que decir que Cádiz estaba superpoblada y sigue superpoblada si atendemos a la densidad, una de las más altas del mundo. El gaditano busca
en la Bahía lo que no tiene en su capital: un piso barato o un chalet. ¿Esto es una tragedia? No a mi juicio, si
tenemos en cuenta que la Bahía ha crecido casi 25000 habitantes y que funciona como una
ciudad. Si hoy contáramos los nacidos en Cádiz capital en toda la Bahía (y en parte también Sevilla y Maddrid) seríamos unos
200-250000 gaditanos. ¿Cabríamos?
Pero si tan preocupados estamos por la población y los precios de los pisos, ¿por qué no
extender terreno entre Cadiz y San Fernando como ya propuso otra generación menos
igualitarista y más soñadora, con la creación de rascacielos bien urbanizados que aumentara la
oferta inmobiliaria, clave para bajar precios, a la par que se posibilitara vivir en un entorno marino único en
el mundo? Pero esto ya es otra cuestión que roza el anatema.

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