***Estuve a punto de hacer la tesis con Cuenca Toribio, catedrático de Historia Contemporánea de Córdoba ya fallecido, un hombre sabio y de gran prestigio que tras alabar públicamente mi exposición en uno de los seminarios que se hacían, me ofreció trabajar sobre una figura de gran talento que él admiraba, Herrero de Miñón. A mí sin embargo el personaje de Herrero no me gustaba tanto, dada su afinidad con los nacionalismos periféricos; así que aquello no fraguó.
Luego me empeciné en hacer una tesis con Julio dedicada al liberalismo español de la segunda mitad del siglo XX o algo así, un tema que enseguida supe no tenía fin y que dejé, aunque aproveché para acometer algunos artículos con el material que había cosechado. Después me puse en serio con otro tema: cómo interpretaba el periodo de la II República el periódico más leído de entonces, El País, de tendencia de izquierda. Yo pensé que la documentación no iba a ser mucha, pero fue inabarcable y en su mayor parte me llevó más a temas colaterales, como a los protagonistas republicanos, que al meollo de las claves de interpretación histórica del periodo. Eso sí, pude comprobar que el periódico era de más contundente interpretación frentepopulista de lo que esperaba. Al final lo dejé, no sé si por pereza, por la cantidad de información que fui incapaz de organizar, o porque preferí dispersarme en varios intereses distintos, vivir. Es verdad que la burocracia de tener que rellenar e informar continuamente al grupo a través de lo que para mí ssiempre fueron complicadas fórmulas, me echaba para atrás. Pero, en fin, eso es algo consustancial a la administración hoy en España, y no es excusa. Lo dejé, pero no obstante, no todo está perdido. Por un lado, en estos días de reflexión sobre aquel periodo, encuentro mucho material recopilado y numerosos artículos prácticamente hechos sobre políticos relevantes republicanos que había olvidado y que no han sido publicados. Los aprovecharé para repasarlos, y en la medida de lo posible, publicar. Pienso también en posibles nuevos proyectos de más facil acceso de material y de límites mejor marcados. No sé. Ya iré contando.
***Nunca pensé en entrar en la universidad, (no hubiese podido tampoco), siempre me interesó conservar mi puesto de profe de Humanística de EEMM donde era feliz y mi status no dependía de luchas de grupos ni de alguien en particular; ahora bien, no niego que me hubiese gustado ser profesor asociado universitario para, sin pertenecer a la estructura de la institución, haber estado inmerso en ella. Ya conté en otra ocasión que lo tuve fácil cuando salíó una plaza a concurso donde yo tenía más puntos que nadie, pero ese año cambiaron sin avisar la titulación requerida y a los de Historia nos dieron un cero. No investigué quien fue el enchufado para no hacerme mal cuerpo.
***Menos mal, que años después, me llamaron de los cursos de mayores de la UCA y ahí pude dar clases ante más de 120 alumnos mayores, gente muy interesada en los temas sobre los que preguntaban y debatían con pasión. Recuerdo que me preparé materias como las aportaciones culturales de la península ibérica a la Historia, sobre todo en lo referido al arte, la literatura y la filosofía; las falsedades y distorsiones históricas sobre la Leyenda Negra española; o la mitología falsa que predomina sobre la Segunda República y la Guerra Civil. Aquello me quitó por completo el ansia que había tenido de universidad. Y encima con personas maduras y no con chavales desmotivados, pues ya me habían avisado de que el alumnado joven universitario de ese momento en nada se parecía al que yo imaginaba de siempre. Al final me trasladé a vivir a Sevilla y se acabó este periodo feliz.