La anormal diferencia que distingue a la leyenda negra española de otras / El origen histórico del estatalismo depredador europeo: «la soberanía» en la Revolución francesa y americana / Lo peor de Sánchez está por llegar / El ciclo económico que produce siempre la izquierda.

**Históricamente, los países más poderosos de cada momento han soportado de sus competidores  la elaboración de “relatos” críticos contra su hegemonía. A España también le ocurrió y le ocurre. Sin embargo la leyenda negra de España, que viene desde los tiempos de la época imperial, tiene dos características que la diferencian de otras.

En primer lugar que el discurso que la sostiene no se limita a criticar los errores que España cometió en su devenir histórico, que los hubo, sino en descalificar la hispanidad y presentar a España como un país fallido y negativo que nunca debería haber existido. España cometió errores, vale, pero la aportación de la cultura hispánica a la historia de la humanidad ha sido singular y extraordinaria.

Otro rasgo diferenciador, éste psicopatológico, es que esta leyenda ha sido aceptada y alentada desde el interior de nuestro país.  Antonio Pérez, el lunático padre Las Casas (qué habla de que «han muerto más de doce millones de ánimas» refiriéndose a los indios, más que los nazis), los progresistas y liberales del XIX (ay, qué error liberal imperdonable), y la izquierda del siglo XX y XXI. De fondo está el odio al catolicismo, a la obra americana de España, a la institución monárquica y al patriotismo sano de muchos españoles, considerado cavernario, cuando es lo contrario, es el odio a España, al propio país, lo que contiene una perturbación antinatural. Por su parte, la derecha ha dejado hacer, no ha rebatido con persistencia tanta falsedad, y sólo desde hace unos años está reaccionando, por fortuna. Tambiñén la poca izquierda de la Transición que va quedando ha reaccionado algo.

***El hecho de que Europa, excepto el mundo anglosajón y Suiza, tenga un Estado intervencionista y depredador tiene un origen histórico, la revolución francesa. La soberanía en la revolución francesa pertenece a la nación, concepto abstracto, estatalista, permanente, que está por encima de los individuos (Sieyes). Se busca que el estado construya el hombre nuevo a través de la ingeniería social que cambiará la naturaleza humana (¿no les suena a la izquierda actual y sus constructos sexuales?), se quiere imponer la tabla rasa, se aniquila la religión, se descalifica toda la cultura de siglos, se cambia el calendario, se renombra a los templos…. Todo antes de la Revolución está mal, la Revolución lo hará todo de nuevo y bien. Resultado: la gente reacciona («reaccionarios») y se procede al recuento de cadáveres. La Revolución rusa o el Frante Popular español fueron hijos de esa Revolución francesa.

Para la constitución americana la soberanía está en el pueblo, «we the people», es decir en las personas, es una soberanía que va de abajo a arriba (Locke). Es pragmática, liberal, pregona sobre todo la libertad del individuo ante el estado, se basa en la experiencia, tiende al control de poderes, algo tan importante oómo las elecciones libres. No sólo se respeta la religión sino que el estado asume la tradición secular religiosa en las grandes ceremonias.

La tradición europea continental copia a la revolución francesa, no es liberal. Es estatalista, piensa que las mayorías electorales tienen derecho a ocupar todos los poderes del estado, lo cual tiende a la tiranía. Ejemplo, nuestro Pedro Sánchez colonizando las instituciones de la administración española.

***Me temo que lo peor de Pedro Sánchez está por llegar. No se irá por las buenas. Algo gordo inventará para mantener el poder, dividir más y dejar al país hecho unos zorros.

***La izquierda regula, sangra y molesta a las empresas creadoras de riqueza, machaca a impuestos, produce un efecto llamada de inmigrantes irregulares, aumenta la deuda con intensidad (que pagarán nuestros hijos y nietos), y cuando finalmente, todos estos factores destrozan la economía, es decir, se arruinan las empresas y sube el paro, hace dos cosas: contratar más funcionarios con cargo a la deuda (lo venden como subida de empleo) y abonar subsidios (el escudo social) para que encima, el electorado se lo agradezca y dependa del estado. Es decir, primero te hunde y después te echa el flotador para que los votes. Durante el proceso, el gobierno y los burócratas van ganando poder y la población se empobrece. Al final la derecha arregla la situación disminuyendo la deuda, pero «los recortes» la hacen impopular y pierden las elecciones, y vuelta a empezar.

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