Los que dicen «extrema derecha» son los que creen que Allende fue democracia, progreso y sobre todo libertad
La herencia como castigo
No es cerdo, es política

17/12/2025
Actualizado a las 19:59h.5
José Antonio Kast ha ganado porque Pinochet fue una bendición para Chile. Cometió excesos represivos, sobre todo al principio, con crímenes de sobra conocidos y de imposible justificación. Pero libró a su país del comunismo, que es la maquinaria de miseria y muerte más terrible y asesina que jamás la humanidad ha conocido. De todas las formas de socialismo –fascismo, falangismo y nacionalsocialismo, entre otras–, el comunismo es la más devastadora para el cuerpo y para el espíritu. Pinochet recuperó a Chile de la deriva totalitaria de Salvador Allende, que había empezado a gobernar muy por fuera de los márgenes constitucionales, destruyendo la economía y asesinando a sus adversarios. El general estabilizó el país y lo volvió el más próspero de Sudamérica. Hizo lo contrario de las revoluciones socialistas y creó riqueza y bienestar, incentivos para la inversión y en 1980, tras sólo 5 años de haber tomado el poder, promulgó una Constitución razonable, de mirada amplia y en la que cabían todos los chilenos, en virtud de la cual celebró un referendo nacional en 1988 sobre su permanencia. Lo perdió y dejó el poder. Cuando Margaret Thatcher dijo que Pinochet había devuelto la democracia a Chile, tenía toda la razón: lo rescató de la zarpa comunistas, lo rearmó moral y económicamente, y él fue el primero en asumir con su retiro las decisiones del pueblo soberano.
Yo entiendo que una dictadura, aunque sea breve y devuelva la democracia, es siempre incómoda como marco de convivencia, pero eso no significa que tengamos que despacharla con sistemáticas enmiendas a la totalidad que no nos permiten entender lo que pasó, ni aprender, ni mejorar. España será un país incompleto, y condenado a volver sobre su tragedia, mientras no sea capaz de establecer un relato objetivo y sereno sobre el franquismo más allá de las consignas y del revanchismo. En Chile, partidarios y detractores tienen una visión más aterrizada sobre Pinochet, y José Antonio Kast ha obtenido una contundente victoria, reconocida por sus rivales. No es un dictador pero ha aprendido las enseñanzas del tiempo más brillante de su país, y ahora, dentro de las normas democráticas, quiere volver a los principios y estrategias que convirtieron a Chile en una gran potencia.
Entre el comunismo indigenista y el conservadurismo liberal, católico y provida, los chilenos no han tenido duda y han extraído con templanza las oportunas lecciones de su pasado para elegir a su nuevo presidente. Dentro de unos años veremos si la vida próspera y libre es de mayor calidad en Chile y Argentina o en países como Colombia, Cuba, Venezuela o México, con sus líderes socialistas, ecologistas y feministas.
Chile ha vuelto a la normalidad tras quince años de frivolidad, empobrecimiento y desvarío. Los que dicen «extrema derecha» son los que creen que Allende fue democracia, progreso y sobre todo libertad.