Pisos de Cádiz capital a la venta en escaparates de agencias de Sevilla / Bonito salmo, escena berlanguiana / Río Bravo, Sin perdón y El hombre que mató a Liberty Valance / Genocidio es lo que lleva en el programa Hamás: hacer desaparecer a los judíos…/ Hoy hace un año que se fué mi hermana / El próximo jueves entrevisto a mi hija Ana, será el programa más emocionante para mí. RZP

***Este escaparate anunciando ventas de pisos de Cádiz capital; lo he fotografiado hoy en la calle Asunción de Sevilla.

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***Salmos 103:15-20 Nueva Traducción Viviente (NTV)

«Nuestros días sobre la tierra son como la hierba; igual que las flores silvestres, florecemos y morimos. El viento sopla, y desaparecemos como si nunca hubiéramos estado aquí. Pero el amor del SEÑOR permanece para siempre con los que le temen. ¡Su salvación se extiende a los hijos de los hijos de los que son fieles a su pacto, de los que obedecen sus mandamientos! El SEÑOR ha hecho de los cielos su trono; desde allí gobierna todo. Alaben al SEÑOR, ustedes los ángeles, ustedes los poderosos que llevan a cabo sus planes, que están atentos a cada uno de sus mandatos».

Este fue el bello Salmo que leyó el cura en la misa fúnebre de mi madre, en 2014. Me gustó y cuando terminó la misa entré en la sacristía para interesarme sobre dónde encontrarlo. La señora que lo leyó en la iglesia se dirigió al cura que de muy malas pulgas la despachó porque tenía prisa. La escena fue la propia de una película española de Berlanga o Fernán Gómez, yo, sin ser creyente interesándome por algo sagrado, y un cura malage, típico de este “intratable pueblo de cabreros” de Gil de Biedma, despidiéndome con cajas destempladas.

***Hasta la entrada de la adolescencia fui un apasionado de los westerns americanos. No sé por qué los dejé durante décadas, quizás porque las películas de buenos y malos me hartaron por demasiado simplistas, o porque me conocía todos los trucos y técnicas de guionistas y directores, o porque empezaron a interesarme otros temas menos épicos y más líricos o filosóficos. Sin embargo, desde hace unos años, me vuelven a apasionar las películas del oeste, a condición de que sean una obra maestra (de chico me tragaba todas). En este momento por ejemplo me viene a la memoria, la película «Río Bravo», de lo mejor del género. Aquí hay camaradería viril -¿pasa algo?-, honor -dignidad, se diría hoy-, amor, generosidad, prioridad de la ley aunque cueste la vida, música, y por qué no, una distinción clara entre buenos y malos, algo que hoy en las sociedades occidentales queda diluido y confundido a veces en un mar de relativismo moral.

Ahí va la música inolvidable de Río Bravo

Voy a nombrar de momento otras dos que me han conmovido muchas veces. «El hombre que mató a Liberty Valance», una lección filosófica y política de primer orden. Ahí va un «Avance», como decíamos antes en Cádiz:

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Por último, en nuestros días, «Sin perdón», obra maestra del gran Clint Eastwood. Incluyo la impresionante banda sonora de esta última película tocada con una sencilla guitarra acústica y sólo acompañada de orquestación en los momentos cumbres.

***Hoy he leido en un titular local que se cumple el primer aniversario del genocidio de Gaza. No se refería al peor atentado de la Historia, como parecía, sino a condenar al derecho a la defensa que Israel está acometiendo, intentando hacer desaparecer a los terroristas de Hamás para que nunca asesinen más a los suyos ni se los lleven prisioneros. ¿Genocidio? Genocidio es querer hacer desaparecer a los judíos de entre el rio y el mar, es decir, de la Tierra, como dijo nuestra ministra comunista-boba en voz alta, y predican Irán y sus aliados en Oriente Medio.

***Hoy hace una año que murió mi hermana, justo el día de la Patrona de Cádiz. Mucha gente creyente me ha dicho que la Virgen del Rosario se la llevó al cielo, y está bien traído en ella, tan gaditana. Yo no soy creyente pero me gusta mucho cuando me lo dicen.

Se fue muy pronto, tuvo mala suerte. En su memoria diré que me enseñó muchas cosas, entre otras su fortaleza para encarar la brutal enfermedad que se le vino encima y su forma generosa para con los demás de aceptar y administrar su final. De alguna forma, todos construimos nuestro final, como me dijo un amigo. El sufrimiento no vale para nada, especialmente a quien lo padece, a menos que tengas fe y te consueles con que es un pasaporte para una vida mejor. En general, la muerte de un creyente es distinta, más esperanzada, lo he visto con mis propios ojos. A los que estamos alrededor de la persona sufriente, se nos obliga a encarar la tragedia con coraje, y a crecer un poco, aunque nunca sabremos si estuvimos a la altura. Siempre fue buena gente. DEP

***El próximo jueves entrevisto a mi hija Ana en 7tv. Será el programa más emocionante de los hechos por mí nunca. Pero no habrá sentimentalismos, espero.

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