Habéis conseguido que vayamos sin vosotras. Salvador Sostres

Os continuamos queriendo, os queremos de hecho más que nunca, y os echamos de menos. Pero con vuestro mal humor, con la violencia pasiva que ejercéis cada vez que tardáis una incomprensible eternidad en salir de casa o de la habitación del hotel, sabiendo perfectamente la hora a la que hemos quedado para cenar, habéis conseguido que prefiramos ir sin vosotras

Coctelería en Madrid
Coctelería en Madrid. (Isabel Permuy)
Salvador Sostres

Salvador Sostres

10/10/2026 Actualizado a las 15:45h.

Al final habéis conseguido que vayamos solos. Ya no hace falta ni preguntar «con mujeres o sin mujeres» cuando con los amigos organizamos un encuentro o salimos a cenar o a tomar una copa. Hay un sobreentendido. Todos sabemos lo que queremos y lo que no queremos. Queremos beber y comer -desde que El Bulli cerró, por este orden- y no sentimos un especial interés por acabar violentados, disgustados, humillados o en la cárcel.

Os habéis vuelto incómodas, antipáticas, contrarias a los intereses de la Humanidad. Yo salgo con Carmen, con Gemma, con mi hija y me lo paso muy bien. También con mis dos Laias que a veces beben solas y me llaman para que vaya y no se dan cuenta que si no contesto es porque no puedo.

Pero salvo estas contadas excepciones -sin tensión sexual no resuelta- siempre con hombres. Amigos que no te dicen si comes demasiado ni te cuentan las copas, amigos con los que se puede decir todo y nadie se lo toma mal, amigos de propósito simple y partidarios de la alegría.

Hombres que no nos hacen pasar por un infierno a cambio de un poco de felicidad en la Tierra, hombres que dicen siempre que sí cuando los convidas a las coctelerías, hombres que nunca llegan media hora tarde y si lo hacen es porque tienen un muy buen motivo. Hombres que no hablan de desgracias, ni de enfermedades, que cuidan de tu tiempo como tú del suyo y son agradables y casi todas las frases se ven interrumpidas por carcajadas.

Hombres, queridos amigos con los que nunca me he enfadado, que no se molestan cuando les hablas de otros amigos, que puedes contarles cualquier historia que en aquel momento se te ocurra con la guardia baja, sin pensar si va a contener alguna escena por la que puedas ser linchado como muy bien puede pasarte si se la cuentas a tu novia y ya no digamos a tu esposa.

Os continuamos queriendo, os queremos de hecho más que nunca, y os echamos de menos. Pero con vuestro mal humor, con la violencia pasiva que ejercéis cada vez que tardáis una incomprensible eternidad en salir de casa o de la habitación del hotel, sabiendo perfectamente la hora a la que hemos quedado para cenar, habéis conseguido que prefiramos ir sin vosotras. No podemos empezar cada velada cabreados, violentados, irritados. Luego es muy difícil levantar el ánimo para realmente poder disfrutar. Se nos queda el cuerpo como encogido y un vacío en el estómago. Sabíais desde la mañana la hora de la cena, teníais todo el día libre y simplemente no os ha dado la gana. No nos merecemos este desprecio. Pensamos el restaurante para que os guste, elegimos a los amigos que son de vuestro agrado, por supuesto pagaremos la cuenta y vosotras cogéis todo esto, lo escupís, lo arrugáis, lo tiráis al suelo, lo pisoteáis y encima os tenemos que acabar pidiendo perdón si nos enfadamos y os ponéis a llorar.

Habéis acabado con nuestras fuerzas, que eran de titanes. Nos habéis montado tantas escenas delante de los amigos, nos habéis dicho cosas tan feas, nos habéis hecho sentir tan desgraciados, que preferimos inventar cualquier excusa para justificar que es un almuerzo o una cena de hombres solos.

¡Podría ser tan divertido si fuerais más amables! Podríamos estar tan bien juntos! Bastaría con que cuidarais del hombre que somos, del hombre simple, del hombre básico, un poco bruto a veces, pero nunca malintencionado. ¿Qué os costaría reírnos un poco las gracias? Aunque os parezcamos un poco retrasados, ¿qué mal os haría ser simpáticas, tener un poco de piedad, jugar en favor de la noche?

Incluso con lo de las amantes, de verdad, ¿qué más os da? Somos cazadores, las recolectoras sois vosotras. Mientras os demos una buena vida, y unas sobremesas agradables, ¿por qué tenéis que montar un drama con nuestra pobre bragueta? ¡Si de sobra sabéis que no es nada! Sólo fisiología eufórica que de vez en cuando se necesita expresar en un otra yegua. Un si es no es. Un recuerdo del animal atávico que en realidad nunca hemos dejado de ser. Una descarga de nuestra naturaleza automática. ¿Qué tiene que ver esto con la fidelidad? No somos otra cosa que fieles, no somos otra cosa que leales pero de vez en cuando tenemos esa urgencia, no muy distinta para nosotros a la de ir al váter. Mira la importancia que le damos. Dejadnos ir en paz. ¡Con lo bonito que sería que hasta nos acompañarais!

Pero no hay manera. Nada. Y luego el lamentable argumento de «¿a ti te gustaría que te lo hicieran de vuelta?». No tiene nada que ver. Nuestra fisiología no es como vuestra, ni nuestro sexo como el vuestro, ni por supuesto nuestras intenciones o necesidades. Somos complementarios porque somos distintos. El igualitarismo atroz nos ha hecho mucho daño. No sé cómo os dejasteis engañar por esta patraña, pero los que habéis salido perdiendo sois vosotras, porque nosotros vamos igualmente a las altas coctelerías y a los grandes restaurantes, y francamente, no os vemos nunca en la mesa de al lado.

No somos tan complicados. No os pedimos gran cosa. Un poco de comprensión. Un poco de generosidad. Queremos volver a tener ganas de que volváis a salir con nosotros. Las feministas no os han hecho más felices. Vosotras no sois así, ni queréis serlo. Vivir contra nosotros os ha dejado más solas y más tristes.

Ahora tenéis un gato.

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