La vivienda es un problema muy serio.«La solución es la libertad, es decir, lo contrario de la intervención del Estado. Cuanto más intervengan los comunistas, manipulando las emociones, peor irá para todos» Esperanza Aguirre.

30 de septiembre de 202605:25

La vivienda es un problema muy serio
Ilustración generada mediante IA.
Esperanza Aguirre

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Esperanza Aguirre y Gil de Biedma (3 de enero de 1952, Madrid) es una jurista y política española. Exministra de Educación, ex presidenta del Senado y expresidenta de la Comunidad de Madrid (2003-2012)

El año pasado, en aplicación de la ley vigente, aprobada por el Gobierno socialista, hubo en España 25.504 desahucios en viviendas: ciudadanos que han dejado de pagar el alquiler a sus caseros o la hipoteca al banco que les ha prestado el dinero para comprar su casa.

Manipulando lo que el psiquiatra inglés Theodore Dalrymple, en un brillante ensayo de 2010, ha llamado el «sentimentalismo tóxico», los aliados del sanchismo y el mismo Sánchez se han agarrado a la tristísima escena de una señora de 87 años que ha sido desahuciada de su casa de Madrid para emocionarnos a todos y, con esa emoción como móvil, asaltar la Puerta del Sol y los medios de comunicación con el objetivo último de acabar con la propiedad privada, que es, desde el siglo XIX, la meta final del comunismo

Dalrymple explica que cuando una sociedad empieza a considerar que tener un sentimiento o una emoción es lo mismo que tener razón, esa sociedad está perdida y a punto de caer víctima del totalitarismo. Alicia Delibes, en un artículo que publicó en 2017 analizando ese sentimentalismo tóxico, dejó dicho que «una sociedad que se mueve más por las emociones que por la razón puede ser fácilmente manipulada por cualquier demagogo oportunista que carezca de escrúpulos para adular los buenos sentimientos de la gente con el fin de hacerse con el poder». Y añadió: «Otra muestra de este sentimentalismo tóxico es, para el psiquiatra británico, el afán que muestran las sociedades modernas por constituir numerosos y variados colectivos de víctimas. Y como el certificado de víctima lo otorga un determinado grupo social, los que no forman parte de ese grupo, por definición, no son víctimas y, por tanto, no merecen nuestra simpatía».

El rey del puchero

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Y en esas estamos. Que la vivienda es un problema para los españoles no ofrece la menor duda. Y que este Gobierno no ha sido capaz en ocho años de hacer otra cosa que regulaciones que han empeorado el problema, tampoco. En el año 2015, Sánchez prometió que con él no habría ningún desahucio, y lleva ya más de 200.000.

Hoy, cuando vemos a Maricarmen, a los acampados en la Puerta del Sol, sede de la Comunidad de Madrid (que no tiene la menor responsabilidad en la legislación de la vivienda en España), a los socios de Sánchez y al mismo Sánchez hablando de lo mal que lo está pasando esa señora, es fundamental escapar de ese sentimentalismo muy tóxico y buscar en la razón la mejor solución a este grave problema de la vivienda.

«No se resolverá nada si no está defendida la propiedad, si la ocupación no es perseguida de manera inmediata»

En mi opinión, hay varias cosas fundamentales para solucionar el problema de la vivienda de España:

Primero: Garantizar la seguridad jurídica. No se resolverá nada si no está perfectamente defendida la propiedad, es decir, si la ocupación no es perseguida de manera inmediata y si no se garantizan perfectamente los derechos de los propietarios cuando sus inquilinos no les pagan. Esto es lo primero y fundamental.

PISA deja muchas cosas claras

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Segundo: Liberalizar el suelo. En España, el 90% del suelo está libre, y sólo el 10% está construido; hay suelo por todas partes, no hay más que ver desde el aire cómo todas las ciudades y pueblos están rodeados de terrenos vacíos, en los que no se construye por las dificultades que las calificaciones administrativas imponen. Una consecuencia de esa liberalización tiene que ser que no se tarde tanto tiempo —ahora son más de diez años— en transformar los terrenos rústicos sin protección en terrenos urbanizables (el Gobierno en el que tuve el honor de formar parte aprobó una ley, a propuesta del Ministro de Fomento, Rafael Arias Salgado, precisamente para esto, que desgraciadamente el Tribunal Constitucional se cargó).

Tercero: Rebajar radicalmente los impuestos que gravan a las empresas constructoras, a los propietarios y a los inquilinos.

«Debe asegurarse que va a llegar energía abundante y barata a todos los lugares donde alguna empresa se lance a construir viviendas»

Cuarto: Modificar la política energética de España para garantizar el abastecimiento de todas las nuevas construcciones. Dejarse de las tonterías a las que nos obliga la maldita Agenda 2030 y asegurar que va a llegar energía limpia, abundante y barata a todos los lugares donde alguna empresa se lance a construir viviendas. Y no como ahora que muchos constructores denuncian que Red Eléctrica no les garantiza el transporte de esa energía.

Quinto: Garantizar la existencia de mano de obra cualificada. Para ello, hay que organizar en los países de donde vienen los inmigrantes que ahora recibimos unos centros de formación profesional para que albañiles, fontaneros, electricistas y técnicos de construcción puedan venir debidamente formados, autorizados legalmente. Con especial atención, como es lógico, a los países hispanoamericanos, de donde podrían venir esos profesionales con los papeles ya en orden y a los que se les podría, incluso, pagar el avión.

«Con la ayuda de España»

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Esperanza Aguirre

En resumen, aunque al socialcomunismo le repugne, la solución al problema de la vivienda es la libertad, es decir, lo contrario de la intervención del Estado. Y que nadie lo dude, cuanto más intervengan los comunistas en este asunto, manipulando el sentimentalismo tóxico y las emociones de la gente, peor irá para todos. Y si alguien lo duda, que mire cómo están y han estado los países que tienen como modelo Cuba, Venezuela, Nicaragua, etc.

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