Los catetos contra la inteligencia artificial. Salvador Sostres

El miedo ante lo desconocido es una forma de brutalidad y analfabetismo y el futuro siempre se basa en la esperanza

Darío Amodei, CEO de Anthropic
Darío Amodei, CEO de Anthropic. (AFP)
Salvador Sostres

Salvador Sostres

16/09/2026 Actualizado a las 18:53h.

Me he dado cuenta de que a los tremendistas de la inteligencia artificial, normalmente la natural tampoco les alcanza. Lo nuevo siempre asusta, sobre todo a los más inseguros, a los más lerdos. Lo nuevo, lo diferente, lo mejor, causa angustia a los que tenían ya que ponerse en puntas de pie para poder ver la pantalla anterior y eso cuando lo conseguían. Temer al progreso no es de reaccionarios. Es de catetos. Los reaccionarios tienen una actitud estética, y hasta esteticista, que de ninguna manera podemos atribuir a las hordas de Sumar y de Podemos. Que la diputada de Más Madrid diga que «la IA es más peligrosa que el fascismo. Es la bomba atómica de este siglo» no es porque quiera un mundo más simple sino porque ella es más simple, dramáticamente simple, insuficientemente simple incluso para pensar sin la competencia de las computadoras.

Tendremos que aprender a usar la inteligencia artificial como tantas otras tecnologías que tanto bien nos han hecho, y con las leyes y las normas nos protegeremos de los peligros asociados a cualquier progreso. Pero el miedo ante lo desconocido es una forma de brutalidad y analfabetismo y el futuro siempre se basa en la esperanza. Los fascistas son los que rompen las cosas, no los que las crean.

Y luego está esa manera tan fea, y tan ingrata, de hablar de la bomba atómica. Es también de persona muy poco inteligente. La bomba atómica ha asegurado la paz, la frágil paz, desde el final de la Segunda Guerra Mundial y a ella le debemos que el mundo no se haya destruido. Sobre la bomba atómica se mecen las cunas de nuestros hijos y las becas para que vayan a la universidad. Y por eso hemos tenido que descabezar al régimen criminal de Irán y acabar con su capacidad para fabricarla.

Pero lo que sobre todo protege la bomba atómica es el derecho a la inocencia, a la superficialidad, a la debilidad mental de los que como la señora diputada de Más Madrid parecen sufrir anoxia cuando se refieren a ella. Vosotros que no entendéis nada, que tembláis en vuestros frenéticos pánicos, que sólo os asusta perder y nunca habéis vivido en la emoción de intentar ganar; vosotros sois los hijos preferidos de la bomba atómica, a los que más cuida, y podéis estar tranquilos: gracias a ella, a buen recaudo, el mundo se va a quedar como está, y vosotros acolchaditos en él, tal como la inteligencia artificial resolverá los trabajos mecánicos que ahora hacéis vosotros, tan lentos y tan torpes y tan caros. Y con la abundancia que la IA y la robótica traerán, tendremos para pagaros no sólo el médico, el colegio y el cambio de sexo sino hasta el pádel, el cine y palomitas en ‘pack’ familiar; y a ver si así dejáis de incordiar con vuestras majaderías de brujo tercermundista y los que no estamos enfadados ni locas y sabemos que el mundo no se termina podemos al fin a Nobu a cenar tranquilos.

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