
23/05/2026 a las 19:27h.
«Si hago bien mi trabajo –Jeff Bezos lo ha dicho– el valor para la sociedad y la civilización proveniente de mis empresas con fines de lucro será mucho, mucho mayor que el bien que realizo con mis donaciones benéficas». Zapatero es lo mismo pero al revés. Por graves que sean las imputaciones por corrupción, si es que finalmente se demuestran ciertas, nunca nos causarán el daño y el atraso de su manera de gobernar.
Él nos devolvió a la España frentista. Reabrió tribalmente las heridas que habían cosido nuestros padres en su generoso esfuerzo reconciliador y civilizado. De sus oportunistas enredos con Pasqual Maragall y Artur Mas nació la frustración por el nuevo Estatut, que desembocó en el proceso independentista. Su alianza de las civilizaciones fue el mayor contexto justificativo que el yihadismo encontró en Europa durante sus años más sangrientos. Su antiamericanismo nos sumió en la irrelevancia, su ceguera economicista nos condenó a un plus de intemperie ante la crisis financiera de 2008. Ningún otro presidente, en el ejercicio de sus funciones, ha sembrado tanta discordia entre los españoles y de una manera tan malintencionada. En nuestro dolor veía sus réditos.
Da igual lo que haya podido blanquear o comisionar. Da igual con lo que haya traficado, él o sus hijas. El retroceso moral al que nos condenó, el veneno con que destruyó la convivencia, haciendo todo para enfrentarnos, para criminalizar a media España y volver vengativa a la otra mitad; y las consecuencias que todavía hoy tiene su paso por el Gobierno, y lo que nos va a costar volver a encontrarnos, es una tan cruel puñalada al corazón de lo que somos, que con gusto le daría mil veces más de lo que dicen que se ha llevado si pudiéramos retroceder en el tiempo y borrar su presidencia y sus efectos tan nefastos.
Su relación con Maduro –y sus negocios, que pronto sabremos– es la que corresponde a la categoría moral exhibida durante su presidencia. Que Puigdemont le tomara en serio como interlocutor para negociar la amnistía a cambio de la investidura de Pedro Sánchez, demuestra que los problemas de los catalanes se resumen en la muy poca inteligencia de sus dirigentes cantonalistas, porque confiar en la palabra del presidente que más se ha burlado del nacionalismo catalán es lo mismo que declarar una independencia que sabes que no tienes preparada.
Los españoles fuimos sentenciados por Zapatero mucho antes de que la Justicia decida qué va a hacer con él. Ninguno de los extremos que en los próximos tiempos conozcamos sobre sus andanzas nos puede escandalizar más que habernos visto empujados, unos y otros, a insultar la memoria de los que tanto perdonaron para que pudiéramos vivir en concordia y libertad.