
15/03/2026 a las 20:13h.
Sánchez acaba de anunciar la creación de una herramienta gubernamental denominada Hodio, cuyo propósito declarado es monitorizar, mediante inteligencia artificial, los discursos de odio y de polarización en las redes sociales. Dicho de otro modo: el Gobierno va a destinar recursos públicos a espiar sistemáticamente lo que dicen los ciudadanos españoles en internet.
Al respecto, conviene formularse tres preguntas esenciales. La primera: ¿por qué se crea Hodio? Y es que la monitorización de los discursos de odio –definidos como discursos racistas o xenófobos– ya venía realizándose desde 2020 a través del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia, que disponía desde 2022 de su propia aplicación, AlertOdio, y desde 2024 del sistema FARO, basado también en inteligencia artificial. ¿Cuál es entonces la novedad? Que Hodio no se limita a rastrear discursos racistas: se extiende explícitamente a los discursos que, a juicio del Gobierno, alimenten la «polarización política».
Y ahí surge la segunda pregunta: ¿qué entiende este Gobierno por polarización? Si ya el concepto de «odio» resulta lo suficientemente vago como para ser instrumentalizado –a uno podrían acusarlo de odiar al Gobierno simplemente por criticar que espíe a la población–, ¿qué no cabrá decir de la «polarización»? ¿Acaso el PSOE se percibe a sí mismo como agente polarizador? Obviamente no. Cuando se nos anuncia que van a registrarse los discursos polarizadores, todos entendemos a quién se va a espiar: a quienes simpaticen con la oposición política. Dado que el Gobierno considera que todo lo que dice Vox contribuye a la polarización, sus simpatizantes serán, por definición, objeto de vigilancia. No hace falta ser conspirativo: basta con tomar al Gobierno por su palabra.
Y la tercera pregunta, acaso la más inquietante: ¿para qué quiere el Gobierno toda esa información? Aunque la ley no habilite hoy a encarcelar a nadie por sus opiniones, todos comprendemos que un Gobierno que maneja el BOE y unos presupuestos de cientos de miles de millones dispone de sobrados mecanismos informales para complicarle la vida a quien piense de manera inconveniente: desde instrumentalizar al Fisco, a presionar a empresas dependientes del erario o represaliar a empleados públicos díscolos. El mero hecho de saber que tus opiniones están siendo archivadas por el Gobierno y que pueden volverse en tu contra ya constituye un poderoso incentivo a la autocensura.
En suma, el respeto a la privacidad y a la libertad de los ciudadanos exige, como condición irrenunciable, que el Gobierno no recopile ni archive información clasificada sobre las opiniones políticas de la población. Un Gobierno que lo hace no solo viola la privacidad de sus ciudadanos: acumula un arma que, en manos de quien controla el monopolio de la violencia, terminará apuntando contra quienes osen disentir. Hodio no es una herramienta contra el odio; es la Stasi digital del PSOE.