
07/02/2026
Actualizado a las 19:13h.30
Sánchez es el oportunista, el navajero, el que vende o compra según el día y lo que le conviene. Nada es personal, sólo son negocios. Sánchez no es ni de una manera ni de otra. A Sánchez sólo le interesa el poder y hace cualquier cosa por retenerlo. Es un impostor, un carterista, un farsante, Oliver Twist distrayendo relojes y pañuelos, Lázaro comiendo las uvas tres a tres, y no le importa descender a los bajos fondos para rebanar lo que quiere y no tiene. Pero una vez lo consigue ya está, y a la mañana siguiente podría pretender lo contrario.
Sánchez es sólo un ratero. El malo es Zapatero. Zapatero es el que tiene ideas contrarias a los intereses de la Humanidad, Zapatero es el que volvería a encender los hornos, Zapatero es el que nos odia y el que nos querría ver destruidos, desposeídos, vagando en la miseria y en el hambre; y si nos muriéramos le dolería, porque habría preferido que viviéramos más tiempo para asegurarse de que sentimos más desgracia. Zapatero es el resentido, el que se relaciona con Maduro pero no por dinero, que también, como pronto sabremos; sino porque cree en Maduro, le gusta Maduro, apoya lo que Maduro hace a su pueblo y le gustaría que alguien como él nos lo hiciera a nosotros en España.
Zapatero es el foco de la enfermedad, el huevo de la serpiente, la semilla de Podemos. Pablo Iglesias y Monedero son las domésticas intelectuales del expresidente del Gobierno, los operarios que llevaron a cabo –de una manera muy mediocre, por cierto– su gran proyecto. Pedro Sánchez se hace el soldadito contra el presidente Trump, pero es sólo una estrategia de marketing, que además cambiaría si Trump le ofreciera algo. Zapatero también odia a Trump, pero lo que esencialmente odia es lo que los Estados Unidos son y representan. Zapatero siente aversión por el mundo libre tal como lo entendemos y sus referentes son Xi Jinping, el castrismo, Maduro/Morales y Greta Thunberg, y su clara y obsesiva voluntad es destruir lo que construyeron Reagan, Thatcher y Juan Pablo II.
No es una visión de parte ni sectaria, porque lo más inquietante de este artículo, lo realmente estremecedor, no es lo que yo le escribo sino que él estará de acuerdo. No dará una rueda de prensa para explicarlo, pero en su fuero interno e incluso hablando con sus amigos se sentirá orgulloso del retrato y verá como un elogio lo que para mí es un insulto.
Esto, y algunas otras cosas que irán saliendo a la luz en las próximas semanas, es lo que viaja con Zapatero a Venezuela. Una vez depuesto su amigo, su hermano, intentará salvar los muebles con Delcy. Cuando lo vean en las fotografías saludando y sonriendo, recuerden que su único propósito es continuar destruyendo cuanto amamos y que no se haga público el terrible daño –con sus beneficios contables– que hasta ahora nos ha causado.