El primer idiota.»Cuando el Muro cayó y la izquierda organizada inventó micromarxismos camuflados para mantener su hegemonía cultural, como el feminismo, el indigenismo y el ambientalismo, el Occidente libre cayó miserablemente en la trampa.» Salvador Sostres

El problema es que no cuidamos de lo que somos y gastamos en sandeces

Salvador Sostres

Salvador Sostres

28/01/2026
Actualizado a las 20:14h.32

Cuando el Muro cayó y la izquierda organizada –principalmente la cubana– inventó micromarxismos camuflados para mantener su hegemonía cultural, como el feminismo, el indigenismo y el ambientalismo, el Occidente libre cayó miserablemente en la trampa. Y en el primer idiota que decidió tener dos cubos de basura en casa, en la primera pobre señora a la que de un día para otro llamaron asesina por tener su bote de laca en el baño y en el primer zoo que prohibió los delfines, empezaron los trenes a romperse, los aviones a ir con retraso, el sistema educativo a ser infame, la clase política a ser una banda de cínicos, mentirosos y populistas en la izquierda; y unas ovejitas mansas y miedosas en la derecha –con todas las excepciones que, por supuesto, quepa descontar, y que se resumen en la presidenta–.

Cuando nos inventamos problemas que no existen; sintagmas espectrales como ‘cambio climático’, esa burda propaganda desmentida por la lluvia y por la nieve en invierno y por los últimos otoños y primaveras que hemos tenido, tan agradables y templados; cuando empezamos a gastar en delirios como el climatismo o la ingeniería de género, un país se destruirse, primero por dentro, en su moral, en su sentido de lo que está bien y mal; luego en su economía, corrompida por el fanatismo; y cuando la podredumbre interior emerge, que tarda lo suyo, lo exterior enseguida se desploma y es aquí donde estamos.

Cambiar de paradigma es más urgente hasta que las reparaciones concretas. Tenemos que dejar de jugar con la basura. Que hombres y mujeres vuelvan a tener los mismos derechos y deberes y sean iguales ante la Ley es imprescindible para que un país pueda ser verdaderamente libre. Y lo contrario del indigenismo es el presidente Trump volviendo a poner el mundo libre en el centro, aunque sea a lo bestia, tanto en Venezuela como en Groenlandia, o en el deber que tenemos los países de pagar lo que nos toca por pertenecer a la OTAN. Por no creer en la libertad en su raíz, en su crudeza, es que hemos acabado con esta degradación europea. «Sigan soñando», ha dicho el secretario general Rutte a los que creen que pueden defenderse solos y sin pagar de China y de Putin.

Tú mira a Óscar Puente, míralo bien, entretente, fíjate en el desparpajo con el que miente incluso en estos momentos tan amargos (ni Acebes se atrevió a tanto); y lo que te sorprenderá no es que los trenes hayan colisionado sino que no haya habido muchos más muertos. El problema no son las vías, tal como el problema del medio millón de inmigrantes legalizados no son las personas en sí mismas sino que vamos a abandonarlas, como a las infraestructuras. El problema es que no cuidamos de lo que somos y gastamos en sandeces. Y luego cuando hay accidentes o crece la delincuencia decimos que señalar al Gobierno es fascista y que hay que luchar contra la extrema derecha.

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