
24/01/2026 a las 18:45h.53
La Fiscalía ha archivado la denuncia contra Julio Iglesias al no ser competente para juzgarlo. Cae la primera mala fe contra el artista y quedan en ridículo los que querían lincharlo en España, desde el Gobierno hasta las feministas. Y los que se pusieron de perfil. También Alberto, también tú. Sólo la presidenta dio la cara.
La primera cacería –quedan otras– ha muerto antes de empezar pero es de país bárbaro, violento, tercermundista, tratar así a sus artistas. Los que estos días se han dedicado a insultar a Julio no lo han hecho por las denuncias –que claramente no se sostienen y además han sido propagadas por medios de ninguna credibilidad– sino por mero afán destructor, por la rabia que les da que un español haya triunfado en todo el mundo. Un país que en lugar de estar orgulloso de sus genios aprovecha cualquier excusa, por falsa que sea, para quemarlos en la pira es un país condenado al atraso moral, a la brutalidad y a la incultura.
Yo quiero mucho a Julio y por supuesto me entristece que haya sido sometido a este escarnio y su sufrimiento es el mío. Pero estoy todavía más triste por ver cómo mi país se comporta. Estoy triste por la hipocresía de Ignacio Peyró, autor de la última biografía del artista y que hasta hace dos días se arrastraba para que lo recibiera en Miami y ahora se hace la estrecha y dice que quiere reescribir su texto a propósito de unas denuncias que, además de falsas, narran unos hechos que palidecen comparados con sus proezas, las de Ignacio, que algunos de sus amigos no se cansan de contar y las adornan con pintorescos detalles. También Jordi Évole sabía quién y cómo era Julio Iglesias cuando fue a hacerle la pelota a su casa para que ‘Salvados’ tuviera audiencia y empaque; y ahora se hace el justiciero de pacotilla en sus artículos, el dispensador de virtudes de las que por completo carece este cómplice de las más siniestras tiranías, que hacen hombres y mujeres cosas mucho más horribles de lo que dicen las denunciantes que Julio les hizo a ellas. Si tan preocupado estás por la dignidad, recuerda que la tuya, Jordi, yace encerrada con Maduro en una cárcel de máxima seguridad.
Y eso por no hablar de tantos y tantos españoles anónimos y amontonados que crecieron escuchando ‘La vida sigue igual’ o ‘La carretera’ y en lugar de mostrarle, en estos momentos difíciles, su gratitud y su afecto, se han revuelto contra él y lo han abandonado: sabed que por esto, por esta pobre calidad de vuestra alma, es que seréis siempre cochambre. No por haber nacido en un barrio humilde, no por haber ido a un colegio público o pertenecer de momento a una baja clase social. Seréis siempre polvo, fatiga y hambre porque cuando los dones os son concedidos, en lugar de celebrarlos y de proyectaros en ellos, los escupís y los pisoteáis. También por vosotros España me hace llorar.